Los Pumas se hicieron fuertes ante la adversidad y dieron un golpe histórico en un año inédito



Imposible no ponerlo en lo más alto entre los impactos del deporte argentino en una temporada inédita. Difícil no compararlo con los grandes golpes del deporte mundial en un año atravesado por una pandemia que modificó absolutamente todo. Sólo los 13 titulos alcanzados por Rafael Nadal en Roland Garros, los cuatro anillos conseguidos por LeBron James en la NBA o las casi seguras siete coronas de la Fórmula 1 que este mismo fin de semana debería alcanzar Lewis Hamilton podrían equiparar lo hecho por un seleccionado argentino de rugby que hizo historia. Y de la grande.

Desde hace tiempo que para ningún equipo del mundo hay triunfo posible contra los All Blacks sin actitud, sin coraje. Para superar al mejor seleccionado de la historia y a uno de los mejores de la actualidad que, además, en Sídney puso toda “la carne en el asador” para no perder por primera vez en mucho tiempo dos partidos seguidos, se necesita algo más. Aunque quede en el final esa imagen de Santiago Medrano tackleando a Rieko Ioane y haciendo el esfuerzo para que no pudiera apoyar. Sí, un pilar derecho que recién se inicia en el rugby internacional dejando la piel frente a un wing y con el partido ya resuelto…

Por lo demás, Los Pumas hicieron todo bien y con la bandera de su defensa histórica y haciendo lo más lento posible el ritmo de juego, terminaron desquiciando en la frustración, en los nervios y en las infracciones a los neozelandeses.

Ya los primeros 40 minutos invitaron a la ilusión. A creer más allá de ese 16-3 con el que se fueron al descanso. Porque los argentinos se mostraron muy bien posicionados y plantados en la cancha, con los duelos individuales establecidos y con una llamativa (y sorprendente, en algunos casos) superioridad en ese rubro. La pareja de medios rindió en ese lapso en un muy alto nivel. Con Sánchez acertado y prolijo en el uso del pie y con Cubelli siempre atento y encima de la pelota para distribuir el juego de la manera en la que más le convenía a Los Pumas. Con backs intensos para la marca y el tackle (fue impresionante el debut del santafesino Chocobares) y con forwards solventes, unidos e imponiendo respeto, con un line correcto y un scrum muy mejorado.

Santiago Chocobares, de gran debut, tacklea a Shannon Frizell. (Foto: David Gray / AFP)

El equipo llegó al Tres Naciones con muchas dificultades -el desmantelamiento de Jaguares, la nula actividad, las restricciones por el coronavirus, las cuarentenas estrictas, los entrenamientos con apenas algo más de una semana con el plantel completo- mientras los All Blacks (y los Wallabies) lo hicieron jugando con el aval de una competencia interna terrible. Algunas casas de apuestas pagaban 12 veces más si los argentinos daban el batacazo en el debut en el torneo…

Así y todo y como marca la historia, el seleccionado se hizo fuerte ante la adversidad con un dato extra: nada menos que 14 jugadores disputaron 70 de los 80 minutos. No se recuerda en los últimos tiempos un dato semejante en el rugby de primer nivel internacional. ¡Y menos frente a los All Blacks!

Los Pumas tuvieron una altísima concentración desde el arranque del partido, tackleando y reposicionándose a la perfección. Y con un compromiso total por el compañero. Los All Blacks, los mejores del mundo en cuanto a la capacidad que tienen de aprovechar sus oportunidades cada vez que pueden, parecieron un equipo de segundo orden frente a esa madurez del adversario.

Argentina ratificó que tiene un plantel muy completo, además. Que excepto en la segunda línea y para el puesto de apertura, hay muchas variantes. Y que los que tienen el puesto asegurado son muy pocos porque la competencia interna es feroz, con experimentados y jóvenes que luchan en la semana por estar entre los 23 de cada convocatoria.

Nicolás Sánchez fue el autor de los 25 puntos de Los Pumas ante los All Blacks. (Foto: David Gray / AFP)

Tomás Cubelli, Julián Montoya, Pablo Matera, Guido Petti y Marcos Kremer ratificaron que son jugadores de primera línea a nivel internacional. Matías Alemanno, el ya nombrado Chocobares y Francisco Gómez Kodela fueron revelaciones apasionantes. Matías Orlando dejó todo en cada tackle. Los tres del fondo -Carreras, Delguy e Imhoff- resultaron amenazas permanentes. Y Sánchez, más allá del record de puntos convertidos con la camiseta celeste y blanca, volvió a ser el “10” tan necesario después de su frustrante Mundial japonés.

El panorama es muy gratificante. Porque además Isa, Miotti, Boffelli y De la Fuente podrán sumarse ante Australia y en la revancha contra Nueva Zelanda. Porque Cordero y Bosch piden a gritos más minutos. Porque hay futuro. Porque hay un trabajo serio que hoy tiene a Mario Ledesma a la cabeza pero que el seleccionado viene haciendo desde hace mucho tiempo. Todo, para seguir disfrutando. En la justa medida, sí. Pero sin guardarse nada, tampoco.

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