Las muertes por otras enfermedades: la grave herencia del coronavirus en Italia



Hay un optimismo de verano que se explica después de tres meses de pandemia y 33.700 muertos. La infección letal del coronavirus disminuye aunque recién desaparecerá cuando te pongan la bendita vacuna. Quedan dos herencias muy pesadas: primero, las enfermedades que nadie atendió durante la cuarentena. Y segundo: las ruinas de una crisis económica sin precedentes en la posguerra.

Este desastre económico hará contraer en 2020 casi un 10% la riqueza nacional, con seis millones entre desocupados que buscan trabajo y los que ya ni esto hacen. Una lluvia de millones de euros venidos como nunca de la Unión tendría que cambiar las cosas. Es muchísima plata, no menos de 250 mil millones de euros espalmados hasta el 2021. El problema de Italia es cómo hacer para gastarlos y arreglar los dramas sociales. El país padece un viejo virus que mezcla la lentitud burocrática con la corrupción.

Si todo va bien en 2021 el Producto Bruto Interno debería subir casi un 5%. Si los varios billones (millones de millones) que representan los bazukazos financieros (así los llaman) del Banco Central Europeo y la misma Unión Europea dan el efecto esperado, los 27 países de la UE empujarán hacia arriba, subirán las bolsas, aumentarán los consumos y la vida volverá a sonreír a los 466 millones de habitantes de la comunidad de naciones más grande y rica del mundo.

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Pero la otra herencia es de salud. Debido a la pandemia se bloqueó en Italia la sanidad pública: millones de operaciones quirúrgicas, examenes radiológicos y de sangre, visitas a los especialistas. La interrupción en algunas patologías graves, como el cáncer y el corazón “podrían causar más muertos que el coronavirus si no partimos enseguida”, afirma Pierluigi Marini, presidente de los cirujanos hospitalarios y primario del hospital San Camillo, uno de los más grandes de Roma.

El sistema sanitario nacional proporciona una buena asistencia médica, prácticamente gratuita, a una población de 60 millones de habitantes. Ha sufrido con la pandemia de Covid 19 el más grande golpe de su historia, que en los peores momentos de marzo y abril lo hizo trastabillar en las regiones del norte más afectadas. Pero no colapsó y ahora está más fuerte que nunca, preparándose ya para la eventualidad de una segunda oleada del coronavirus con la llegada del otoño, en septiembre-octubre.

Un paramédico traslada a un paciente en una guardia médica en Codogno. / EFE

De la Unión Europea vendrá un préstamo en condiciones excepcionales, prácticamente sin intereses y a pagar a largo plazo. Son 36 mil millones de euros que serán dedicados exclusivamente a la sanidad pública.

Dos mundo paralelos

Los médicos y las enfermeras, saludados como héroes por la gente, no podrán reposar cuanto merecen. Ahora llegan los enfermos que desde el 21 de febrero, cuando se inició la pandemia, se quedaron en casa.

La socióloga Cristina Dacosta reflexiona que “en Italia vivimos hoy como en dos mundos paralelos. Está el mundo de las instituciones, de los bares y restaurantes, de los que tienen que ir a trabajar. Y hay mucha gente que sigue en sus casas todo el tiempo que puede y evita al máximo los riesgos del contagio. El miedo sigue presente”.

Son millones los que siguen sin ir a los hospitales. No se explica sino por qué los servicios de primeros auxilios, siempre repletos, están semivacíos. En los tiempos de la cuarentena toda la actividad se concentró en la guerra a la pandemia. El cirujano Marini señala que suman tres millones los pacientes que necesitan un cardiólogo y doce millones los que deben hacerse exámenes radiológicos.

“Preocupa que fueron suspendidas la mitad de las operaciones oncológicas y en nuestro país tenemos alrededor de mil casos diarios de cáncer”, recuerda Marini.

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Inquietan los efectos de la suspensión de los exámenes oncológicos. El centro de estudios Nomisma de Bolonia denuncia que se acumularán cuatro millones de exámenes cuando concluya el verano, que es necesario cumplir antes de fin de año. Representan los dos tercios de todo el año.

Un problema es que como los hospitales, los médicos y las enfermeras se concentraron en la lucha contra la pandemia, las estructuras todavía están reorganizándose para la normalidad.

Se calcula que adaptar las estructuras a las distancias de seguridad y las otras medidas para evitar los contagios reducen un 20-30% la actividad. Los tiempos para realizar las operaciones complejas pero normales en los casos de enfermos oncológicos o cardíacos, se van extendiendo y este es un riesgo porque el presidente de la Sociedad Italiana de cardiología, Ciro Indolfi, contó que durante la fase aguda de la pandemia bajaron a la mitad los enfermos de infartos. “La mortalidad se triplicó, porque algunos sentían los síntomas pero no venían a los hospitales y cuando llegaban ya era tarde.”

Roma, corresponsal

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