Las galerías comerciales pudieron abrir por primera vez en 125 días, entre locales vacíos y negocios de ropa que esperan que vuelvan los clientes



Fabián Romero se asoma detrás de las rejas de la galería París. En penumbras y rodeado por un centenar de locales vacíos, el portero cuenta que ya vio cerrar a casi 50 de los 72 negocios del centro comercial de Rivadavia y Acoyte, uno de los más importantes de Caballito. Las galerías ubicadas en arterias de alta circulación recién podrán abrir el 3 de agosto, en el marco de la primera etapa de la cuarentena escalonada en la Ciudad.

“Da mucha tristeza, sobre todo por la angustia de los comerciantes que quieren trabajar y no pueden”, cuenta el empleado de 50 años, que todos los días viaja en su auto desde Quilmes. El transporte público sigue reservado para los trabajadores considerados esenciales por los protocolos sanitarios.

El portero de Galería París, en Acoyte y Rivadavia, cuenta que cerraron 50 de los 72 locales.

A unos cien metros, una mujer mira un sweater en un mostrador en la entrada de un local de indumentaria de mujer. “Descuentos del 30 por ciento”, ofrecen los carteles en las vidrieras. “Remeras 2×1”, continúan. En la esquina de enfrente, en Rivadavia e Hidalgo, un comercio de indumentaria deportiva también atendía esta mañana desde la entrada y con la persiana abierta a medias.

La Ciudad de Buenos Aires habilitó a partir de este miércoles la reapertura de comercios de ropa y calzado en locales a la calle y en galerías únicamente en zonas barriales. El eje comercial de Acoyte y Rivadavia, entre otros centros de mucha concurrencia, debían esperar hasta el 3 de agosto, pero los comerciantes abrieron de hecho con una modalidad intermedia.

“En seguida te traigo”, atiende una vendedora desde la entrada de su comercio. El “retiro en puerta” con la persiana a medio abrir fue la forma en la que muchos negocios de la zona subsistieron buena parte de la cuarentena, a riesgo de recibir multas del Gobierno porteño. “Los inspectores aparecen tipo 11 y te hacen bajar la cortina, pero a las dos horas abrimos de nuevo”, reconocía una empleada a este diario, a principios de julio.

En el eje comercial de Caballito muchos locales abrieron de hecho, a pesar de las restricciones por la pandemia. Foto: Luciano Thieberger

Una comerciante se asoma a la entrada cerrada con rejas. “Podés pasar pero desde (la calle) Rosario”, indica a una vecina. Entre las galerías que dan a la avenida Rivadavia, algunas le buscan la vuelta abriendo sólo desde las entradas posteriores, pero la mayoría permaneció cerrada, como la Acoyte, la Astro o la París.

La que sí pudo abrir fue la galería San José de Flores, en avenida Rivadavia 6830. “Se tienen que poner alcohol para entrar”, indica un guardia en el ingreso. Muchos locales quedaron vacíos bajo los murales de Castagnino, Policastro y Urruchúa que recuerdan la historia de 64 años del distinguido paseo comercial.

“Estamos complicados, esta es una galería muy clásica y antigua, y tenemos nuestra clientela de años, pero hay que ver si la gente sale a comprar”, asegura Graciela Flaks. En su local, Miss Bogart, pusieron una alfombra sanitizante, alcohol en gel para las manos y tienen listo un pulverizador con sanitizante para la ropa. El probador permanecerá inhabilitado.

“Tenemos nuestra clientela de años, pero hay que ver si la gente sale a comprar”, asegura Graciela Flaks, comerciante en la Galería San José de Flores. Foto: Luciano Thieberger

El protocolo establecido por el Gobierno de la Ciudad  para los negocios de ropa y calzado establece que puede ingresar una persona por cada 15 metros cuadrados. Sólo tienen permitido abrir de lunes a viernes, dentro de las 11 y las 21, y los clientes pueden concurrir según el DNI. Los que terminan en número par pueden ir los días pares y los que tienen número impar, los impares.

En cuanto a las normas de sanitización, son similares a las que regían antes del 30 de junio, en cuanto a uso de sanitizante. Los compradores sólo pueden probarse el calzado, siempre desinfectándose las manos antes de hacerlo.

La Galería San José de Flores fue una de las habilitadas para abrir a partir de este miércoles. Foto: Luciano Thieberger

La preocupación principal, además de cuidar la salud de empleados y clientes, es evaluar qué volumen de ventas habrá. “Nuestras clientas son en su mayoría mujeres de mediana edad y en este momento, con el mal clima y el aumento de casos de coronavirus, no sabemos qué va a pasar”, explican en uno de los locales.

En el local 40, Beatriz De Simone (60) alerta que ya dejaron la galería 20 comerciantes. También cuenta que en su caso fueron sus hijos los que la ayudaron a pagar el alquiler y los impuestos para no cerrar Oshadas, su negocio de indumentaria. “Hace 17 años que tengo el negocio acá. No va a ser fácil, pero siempre salimos adelante y ahora también lo haremos”, promete.

Beatriz De Simone (60) alerta que ya dejaron la galería 20 comerciantes. Foto: Luciano Thieberger

La avenida Belgrano, entre Virrey del Pino y Olazábal, en Belgrano, es otra de las áreas comerciales de alto tránsito donde los negocios aún no pueden reabrir. A diferencia de Caballito, la mayoría de los locales de indumentaria y calzado esta mañana permanecieron con las persianas bajas.

En las galerías comerciales, también cumplieron. Las galerías Las Vegas, en Cabildo 2230, y Río de la Plata, a media cuadra, continuaron cerradas este miércoles.

Vivo Bailando pudo abrir su local en la Galería Marga, de Belgrano. Estaba cerrado desde marzo. Foto: Luciano Thieberger.

La Galería Marga, sobre Cabildo al 2300, sí pudo abrir por estar en la zona considerada barrial. Este miércoles, los comerciantes ponían a punto sus locales. En Vivo Bailando, una tienda de indumentaria y artículos de danza, Silvana Lunardon, le cuenta a Clarín que tuvo que pedir un préstamo del Estado a tasa cero por $100 mil pesos para poder hacer frente a los impuestos, expensas y deudas.

“Por suerte, tenemos una clientela fija y nos manejamos mucho por venta online”, asegura la comerciante. Y detalla que la aparición de clases de danza por Zoom permitió que se sostuvieran algunas ventas: “Las nenas piden los tutús y también está el público que necesita sus puntas de ballet, por ejemplo”.

En la Galería Marga, cerraron veinte de los cincuenta locales. Foto: Luciano Thieberger

A unos veinte metros, el local 34 está vacío salvo por dos maniquís que se rematan por 1200 y 1600 pesos. Al menos veinte comercios cerraron desde el inicio de la pandemia de un total 50 locales, estima el propietario de la cafetería de la galería, Arturo Medina. “Esta galería fue conocida siempre por la ropa de fiesta”, dice y señala el interior vacío del comercio.

En el local contiguo, cuenta, había una feria americana y en el que le sigue, una casa de tatuajes, que también cerró. “A mí lo que más me dolió fue que se fuera ‘Chuchú’, una señora que arreglaba ropa acá en su local y que estuvo 35 años en la galería”, expresa. Y opina que en general “hay mucha incertidumbre (entre los comerciantes) por lo que va a pasar en el país, no sabemos si los clientes que teníamos van a subsistir para seguir viniendo acá”.

NS

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