“La puerta de la libertad”: el único geriátrico donde habrá abrazos en este Día del Padre



Fermín sonríe. Vino a saludarlo Liliana, una de sus dos hijas, charlaron un rato tomados de las manos y se despidieron con un abrazo único, de esos que en las tan singulares circunstancias en este Día del Padre solo podrán brindarse aquí, en este geriátrico de Tandil.

“¿Sabés que es eso que hiciste vos?”, le preguntó una tarde una de las residentes a Anahí Soulie. Anahí está al frente del hogar Reminiscencia y una mañana, a fines de mayo, cuando la tristeza por la cuarentena por el coronavirus comenzaba a carcomer el humor de todos allí, en el encierro del aislamiento más riguroso, no vaciló e instaló un sistema que les devolvió el ánimo.

“Eso que hiciste es la puerta de la libertad”, le dijo. La luz volvió a entrar a la amplia sala de estar del hogar el cuarto domingo de mayo. “Vengan a abrazarnos”, escribió Anahí en el grupo que comparte con los familiares de los 48 abuelos (aquí, todos, todas, son “los abuelos”), y no dio más pistas. “No quería generar falsas expectativas”, recuerda.

El “abrazador” del geriátrico Reminiscencia de Tandil. Christian Heit)

Es que en medio de las restricciones impuestas por cuarentena no sabía si la municipalidad iba a permitir las modificaciones que se iban a aplicar justamente en un geriátrico, habitado por uno de los principales grupos en riesgo de contraer covid-19, y para saberlo abrió la puerta de par en par.

Y fue un boom. Los familiares de las 40 mujeres y de los ocho hombres internados aquí, después de casi tres meses y cuando la situación para ellos “se estaba haciendo insostenible” (una abuela se negaba a comer; otra suponía que su hija la había abandonado; una mujer de 101 años pedía que no le mintieran más: “¿Qué le pasó a mi sobrino que no viene? ¿Murió?”, preguntaba), al fin, pudieron reencontrarse para brindarse el alivio de un abrazo.

Amor filial. Graciela Mikelarena besa y abraza a su papá Roberto, internado en la residencia Reminiscencia de Tandil. (Christian Heit)

Los vecinos de Tandil, que supieron de la tristeza de los abuelos, también pasaban a saludarlos. La puerta de Reminiscencia revolucionó la ciudad. Aunque no todas fueron buenas. La primera respuesta en las redes sociales fue una crítica cruel: un escritor local posteó en su muro de Facebook, con una foto de la puerta, “lo desagradable que se veían los preservativos”, refiriéndose a las mangas que sirven para estrecharse las manos, abrazarse.

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Si hay algo en lo que no pensó, precisamente, cuenta la propietaria del geriátrico, es en la estética. Las mangas son cuatro y están colocadas en un pliego de tela de PVC transparente que cubre de arriba a abajo y el ancho de las dos puertas del frente, y está cosido, sellado y fijado con listones de madera para que no pase aire.

Mariano Colman acaricia a Alberto, su papá, que cumplió 77 años el martes. (Christian Heit)

Graciela Mikelarena mimó a su padre, Roberto, de 83 años, un hombre alto, de boina negra a través del contacto que brindan esas mangas. Los hermanos Pedro y Oscar Aberastegui recibieron abrazos de sus hijas Débora y Roxana, respectivamente, a través de esas mangas. 

“El está desde febrero acá, al principio no quería saber nada, por eso vino por 15 días. Pero después se quiso quedar; hasta más gordo está”, cuenta Débora a Clarín en una escapada que hizo para verlo a Pedro, su papá que tiene 85 años, antes de volver a su trabajo como enfermera. Ella lo visita día por medio y a veces, en esta localidad serrana que está en la fase 5 de la cuarentena, la acompañan sus hijos Ariana y Ramiro.

Débora Aberastegui con Pedro, su papá. Su tío también está internado en la misma residencia.(Christian Heit)

El martes, por su cumpleaños, los hermanos Mariano y Martín Colman le regalaron un celular a su papá Alberto, que celebró sus 77 años en el hogar. Por el Día del Padre, le llevan “un vinito, que a él le gusta”, comenta Mariano, que espera “que esto pase pronto”, para retomar la salida de los domingos con su padre como “una forma de devolverle lo que ha hecho por uno”. 

Las críticas que recibió el hogar ese domingo (que enseguida el autor se encargó de bajar) luego tuvieron el efecto de un boomerang, porque instaló el tema en las redes y desde ese momento la difusión no cesó, sólo que ahora fue visto con otros ojos.

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Anahí Soulié recibió llamados de distintos geriátricos del país que se interesaron en instalar las mangas de ese “abrazador”, continúa recibiéndolos y los orienta sobre cómo deben hacerlo. De hecho, aunque por un lamentable motivo, el empleado de mantenimiento de la residencia ganó experiencia pues lo tuvo que montar dos veces: una madrugada, la primera semana de junio, fue vandalizado. Estuvieron tres días sin “abrazador” y algunos abuelos lloraron. 

Anahí, la responsable del geriátrico, con Martita, una de las residentes. (Christian Heit)

La difusión del resultado de lo que se consiguió al poner el dispositivo para que haya un contacto seguro con los internos fue enorme. “Me llamaron de Alemania, España, México e Irán para hacer notas”, cuenta Anahí a este diario desde el otro lado del PVC. Hace 18 años que trabaja “en esto que me apasiona”.

El lunes cumplió años y lo celebró en familia, junto a su esposo y su hija adolescente, y luego en el hogar, sintiéndose “una privilegiada” en estos tiempos sin reuniones. Imaginate que mí me acompañaron 48 abuelos”. Hubo chocolate y hasta recital: contrató al “Chino”, un cantante ineludible en Tandil, que desplegó su repertorio desde la vereda, PVC de por medio.   

“No podemos abandonar a nuestros abuelos. Sentir el calor de las manos, aunque sea través del nylon, es una caricia”, dice Anahí, que sostiene que “no todo lo que pasa es malo, también ocurren cosas buenas”, y tiene al alcance, además de la puerta, otro ejemplo.

Fermín y Cata se conocieron en el hogar y hace tres meses están en pareja. (Christian Heit)

La segunda hija de Fermín Urban, Claudia, vive en Buenos Aires y la cuarentena le impidió visitarlo. Hace tres meses no puede viajar a Tandil. Lo suele visitar Liliana, que vive aquí, y ella ya no se desconcierta cuando su papá le cuenta que “hoy me visitó tu hermana”. Es que este jubilado de Lanús y mirada traviesa entonces se refiere a Nora, la hija de Catalina Piscelli, su novia.

Fermín y Cata se conocieron en el hogar y hace tres meses están en pareja, lucen y muestran orgullosos sus anillos de compromiso y así como la unión de dos jóvenes termina aunando familias, la de ellos hizo amigas a sus hijas: Nora suele regalarle cigarrillos a Fermín; Liliana le lleva chocolates a Cata. La de ambos, a los 92 años de Catalina y a los 93 de Fermín, en este Día del Padre, es la historia de amor que atraviesa Tandil.

Tandil. Enviado especial

AS​

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