La psiquis encerrada sufre cuando el coronavirus acecha



Desde el ámbito público, las instituciones privadas y el consultorio íntimo surgen indicios y casos concretos que ilustran el lado oscuro de la época que vivimos. Los síntomas y efectos que el encierro ha generado en las subjetividades son numerosos e importantes. “Desde que comenzó la cuarentena en las consultas aparecen casos de angustia, ansiedad, miedo a contagiarse, pero el insomnio es el denominador común”, concluyó Claudia Borensztein, titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina en el programa “Siete colores” de Radio Provincia.

En las primeras semanas del confinamiento “siete de cada diez personas experimentaron algún malestar psicológico (ansiedad, desánimo o insomnio) pero solo entre un 5 y un 8% recurrió a un profesional, mientras “resulta preocupante” el uso del alcohol o de alguna medicación para atenuar esos síntomas. “El incremento del malestar psicológico puede a su vez aumentar el consumo de alcohol u otras conductas de riesgo para sí o para terceros” y “el cumplimiento de la cuarentena a mediano plazo depende de la comprensión y capacidad de regulación emocional que tengan las personas”. La conclusión es de un relevamiento que la facultad de Psicología de la UBA difundió a mitad de mayo. También quedó afectado el dormir bien. “Dormir más de lo habitual es un síntoma depresivo atípico que suele acompañarse de falta de interés por el mundo externo y baja autoestima”, sostenía el estudio. Al mismo tiempo, hay insomnio: “la típica alteración del sueño en los trastornos depresivos y puede estar asociado a preocupaciones acerca de innumerables cambios en los hábitos y rutina de las personas”.

Insomnio.

Borensztein también destacó lo que ocurre con aquellas personas abocadas al cuidado de los otros: “La sugerencia para los profesionales de la salud es que hagan la consulta. En general las personas que ayudan no están acostumbradas a pedir asistencia y es importante hacerlo a tiempo. Estamos atravesando una situación muy dura, que tendrá consecuencias a futuro”. Y luego agregó: “Se está por implementar un servicio especial para los trabajadores de la salud, y la angustia mayor es ser posibles agentes de la enfermedad, tanto de pacientes como de sus familiares. Esto constituye una situación altamente traumática”.

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A su vez, el consumo de sustancias psicoactivas aumentó en este tiempo de confinamiento en distintos niveles. El alcohol es el producto más mencionado entre las 1007 personas encuestadas por un grupo de investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), se trata del 54% de los casos. Le sigue la nicotina 35%, la marihuana (sola o en combinación) 29,6% y psicofármacos un 7,8%. El 20% de las personas que consumieron sustancias, violaron la cuarentena para conseguirlas, y en ese sentido, la psicóloga Florencia Serena explicó que “en ese segmento hay una compulsión a consumir, y es uno de los tantos indicadores que se pueden vincular al consumo problemático.

Un estudio de investigadores y becarios del Instituto de Psicología Básica, Aplicada y Tecnología (Ipsibat), centro asociado a la Comisión de Investigaciones Científicas -que depende del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación tecnológica de la provincia de Buenos Aires- realizó una investigación basada en una encuesta virtual que ya suma más de 25.000 respuestas. “Lo que notamos es un crecimiento en la depresión en toda la muestra, algo que veíamos como una tendencia leve al comienzo, y que en la última medición se ha vuelto más acentuado. Sin embargo, este incremento es más marcado entre jóvenes de entre 18 a 25 años”, precisó a Télam Fernando Poo, investigador adjunto del Conicet y miembro del equipo que lleva adelante el proyecto.

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Por otra parte, detalló que “los valores promedio de ansiedad, que tendían a bajar a los quince días de iniciada la cuarentena, subieron en la última evaluación en todas las franjas etarias”.

Para realizar la investigación, los miembros del equipo dividieron el trabajo en tres fases: 17.224 personas respondieron a la primera encuesta a dos días del comienzo de la cuarentena obligatoria, 6.640 (de ese total) volvieron a contestarla, tras 14 días de efectuarse la medida, y 5.988 en la tercera. En abril, aproximadamente el 80% de los encuestados no presentaba sintomatología depresiva. Los más afectados fueron los jóvenes de 18 a 25 años.

El consumo de sustancias psicoactivas aumentó en este tiempo de confinamiento en distintos niveles.

En ese primer momento de la cuarentena, los investigadores destacaban que no era un problema de depresión lo que experimentaban las personas sino “transformaciones vinculadas principalmente con el comportamiento, como el sueño, la alimentación, y los cambios en su rutina habitual”.

Finalmente, el relevamiento realizado a 50 días de aislamiento, indica que el impacto emocional “es mayor. La depresión, la ansiedad y el afecto negativo aumentaron de forma significativa y con mayor magnitud”.

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Sebastián Urquijo, psicólogo, investigador principal del CONICET, integra el proyecto “Evaluación del Impacto Emocional del Aislamiento por Covid-19”. En una columna publicada en Telam escribió que el aislamiento trae problemas, y uno de los grupos más vulnerables es el de niñas, niños y adolescentes. “Tienen más miedos, enojo e incertidumbre, además del alto nivel de estrés que sienten en sus casas y que ven en las noticias. Sintonizan nuestros estados emocionales, perciben la exposición al coronavirus como una amenaza, aumentan sus niveles de ansiedad y aparecen en comportamientos desafiantes como enojarse, gritar o discutir, más que en llanto, tristeza o preocupación”. A su vez, Urquijo sostuvo que los más jóvenes tienen más depresión, ansiedad y afecto negativo que otros grupos de edad. Son los más afectados a medida que pasa la cuarentena. Más de un 20% informó niveles moderados o graves de depresión al inicio y, dos semanas después, subió al 25%. “No poder acceder a espacios abiertos empeoró los resultados. Lo que más los preocupa son los cambios en su vida social”, concluyó.

Según el indicador Google Trends, las búsquedas de los términos “insomnio” y “no puedo dormir” alcanzaron un máximo histórico en abril.

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