La política en fase 4: en el peronismo le piden a Alberto Fernández que presida el PJ



La política entra en “fase 4”. El consenso sanitario en torno al COVID-19 empezó a agrietarse y mientras la oposición muestra las uñas, el oficialismo se puso a ordenar el día después, donde acechan la grieta y la crisis económica.

Alberto Fernández escuchó en estos días una propuesta: dirigentes importantes del peronismo le pidieron que cuando, en algún momento, escampe la emergencia por el coronavirus, acepte convertirse en el presidente del PJ nacional.

En estas horas, Santiago Cafiero contribuyó a fracturar la pax política a la manera en que lo hizo la oposición más dura, el PRO que preside Patricia Bullrich, cuando difundió su mensaje anticuarentena, y también el documento sobre la “infectadura” que firmaron adherentes al macrismo.

El clamor “Alberto al PJ” fue un planteo, que llegó por separado pero de manera coordinada, desde gobernadores y dirigentes y asesores con acceso a la Quinta de Olivos. “El presidente de la Nación debe ser el presidente del PJ”, sintetizó el sanjuanino Sergio Uñac.

Esa es, de algún modo, la verdad 22 del peronismo que el clan Kirchner desoyó: ni Néstor ni Cristina la aplicaron. El ex presidente desembarcó en el partido cuando dejó el sillón de Rivadavia y la actual vice estuvo una década y media sin ir a la sede del PJ hasta que volvió el 14 de mayo de 2019, cuatro días antes de proclamar por las redes sociales a Fernández como su candidato.

“Hagan lo que quieran”, dijo el Presidente cuando escuchó la sugerencia. Los correos de la propuesta quedaron conformes porque, al menos, no les dijo “no”. 

Además de Uñac, que invocó la lógica institucional partidaria para sacar ventaja en su riña sanjuanina con José Luis Gioja -actual jefe del PJ nacional, con mandato en suspenso por la cuarentena-, el tucumano Juan Manzur es otro de los que empuja la peronización de Fernández.

El sindicalista Víctor Santamaría, que preside el PJ porteño, figura como otro promotor de ese avance y se mueve en tándem con el anillo de asesores políticos del presidente, los sigilosos Juan Manuel Olmos y Julián Leunda.

El plan incluye la idea, todavía germinal, de eliminar o modificar las PASO para el año que viene. Sin Primarias, el protagonismo del PJ sería central para ordenar los matices y las tropas en la interna del Frente de Todos. Por eso, dicen los promotores, “Alberto tiene que presidir el partido”.

En una lectura lineal, ese movimiento tiene la intención de darle aire al albertismo, un ismo del que Alberto -el sujeto que aporta el prefijo político- no quiere oír hablar.

Pero en el mapa del Frente de Todos, con la mirada puesta en 2021, surge la demanda de que exista un contrapeso, al menos simbólico, al espacio que conduce Cristina y ordena Máximo Kirchner.

El diputado cenó días atrás en Olivos con Fernández y Sergio Massa. Sin agenda definida -es misma tarde había estado Cristina en la Quinta- el encuentro se convirtió en otra oportunidad en la que el Presidente funcionó como mediador y equilibrista. “Vuelve a ser, a veces, un operador”, lo traducen a su lado.

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Desde hace un mes, el Presidente repite a los suyos que hay que cambiar la agenda y entrar en modo productivo, pero cada 15 días debe pararse frente a las cámaras y anunciar más cuarentena. La decisión de estirar la nueva prórroga a 21 días tiene, en parte, la decisión de cambiar ese paisaje. 

Con el mismo criterio, el Presidente apuró el paso del aislamiento social al distanciamiento social en 85% del país y reforzó sus giras por el interior: este viernes estuvo en La Pampa y Neuquén, en su tercera salida consecutiva en tres semanas. “No quiere ser Presidente del AMBA”, dice un funcionario. 

La misma lógica motorizó la primera reunión de gabinete, que se hizo el miércoles en el Centro Cultural Kirchner. Fernández, con modos K, prefiere las bilaterales o los encuentros con grupos chicos antes que las reuniones grandes.

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Los veintiún ministros nacionales solo se reunieron, todos juntos, en dos ocasiones: cuando Fernández los anunció en las oficinas de Puerto Madero y el día de la jura presidencial.

La juntada del miércoles, que se estiró más allá de la medianoche, exploró lo que puede haber después del COVID-19. Santiago Cafiero, al frente de la reunión, habló y escuchó. Apareció la cuestión del presupuesto 2021, con una anomalía: el gobierno actual se mueve con un presupuesto votado en 2018 para aplicarse en 2019 que está en uso, crisis y pandemia mediante, en 2020.

Martín Guzmán contó, con picardía, que un ex funcionario de Mauricio Macri le envió una propuesta para el canje. “Me di cuenta de que si estuviesen ellos, ya tendrían acuerdo pero a favor de los bonistas. Nosotros no vamos a cerrar al costo que sea”, apuntó.

Es la construcción, frágil, de una normalidad incierta, que nadie sabe cuándo comenzará. Cafiero y Guzmán proyectan el 2021. Nace una alianza táctica que tiene enfrente, por proximidades, al grupo VW: Vilma (Ibarra), “Wado” De Pedro.

¿Sigue, en pie, la idea de reducir la coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires que pausó la pandemia? En Olivos priorizan el trato con Horacio Rodríguez Larreta y ven a la oposición desdibujada. La relación con el jefe de Gobierno porteño incorporó, subrepticiamente, un renglón más: el aporte que Rodríguez Larreta puede hacer para ayudar a la aprobación del pliego de Daniel Rafecas como Procurador.

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