La nonna que corre y tiene una vida de película: no paró ni por la pandemia y su historia llega al cine



Desde el comienzo del confinamiento por el coronavirus, vivió con paciencia zen los estrictos pedidos para que los adultos mayores no salieran a la calle. Y observó atónita la estigmatización que muchos hicieron de los runners, cuando se les otorgó el permiso para volver a correr. Elisa Sampietro de Forti tiene 85 años, vive en Vicente López y todos los días, con indumentaria y calzado profesional mediante, trota al menos una hora al día en la costanera, de cara al río, a pocas cuadras de su casa. Si antes de la pandemia era ejemplo de muchos, hoy lo es aún más.

Cuando cumplió 72 años, poco después de enviudar, Elisa se coló en una maratón en Villa La Angostura y desde ahí, no se bajó más. Si bien antes amaba jugar al vóley y al tenis y nadar, la crianza de sus hijos le sacó el foco deportivo. Pero desde aquel día no paró de entrenar y competir en diversas maratones.

También participó en cinco ediciones del Cruce de los Andes, entre 2013 y 2018, acompañada siempre de hijos y nietos, que se alternaron para no dejarla sola y vivir una experiencia única familiar. En esa travesía épica a través de los Andes, cada año Elisa hizo cien kilómetros divididos en tres días con campamento obligatorio y nunca se quejó.

Elisa empezó a correr a los 72 años. Ahora tiene 85. Foto Lucía Merle

Su última carrera, ya con algunas lesiones, fue el año pasado en Córdoba. Y aunque no la pudo concluir, añora volver, cuando el coronavirus y las condiciones sanitarias lo permitan. “Después de tanto parate no sé si podré correr como antes –confiesa con algo de tristeza-. Pero si me dejan participar caminando velozmente, después veo cómo me siento”.

Ciudadana ilustre de Vicente López, ya tiene además un libro que habla de su historia llamado “Elijo vivir”, escrito por Sol Navarro. Pero además, “la nonna que corre”, como se la conoce, es la protagonista de un documental llamado “Cómo corre Elisa”. Se lo podrá ver en las plataformas digitales de los festivales Green Film Fest y Anima Film Fest entre el 10 y 17 de este mes y en las redes sociales de la abuela.

En la película se la ve corriendo una carrera de 21 kilómetros en la región de Italia donde nació, creció y tuvo que abandonar en 1948 a sus 14 años por la guerra: los pueblos de Villa Guardia y Monticello, en la región de Lombardía, de las más castigadas por la pandemia.

El precalentamiento de Elisa, en la costanera de Vicente López. El 10 de marzo se estrena un documental que la sigue en una carrera en la región italiana de Lombardía, donde nació. Foto Lucía Merle

Entre subidas y bajadas pronunciadas, a los costados la gente la ve pasar y la alienta con emoción. El “¡Bravo nonna, bravo!” o “¡Forza nonna!”, son un coro de sonidos para su alma. En el recorrido la acompañan dos de sus nietos. Mientras trota mira alrededor, descubre paisajes de su pasado, arquitecturas conocidas, toma agua de los bebederos.

“Creo que este es el mejor legado que puedo dejarle a mis hijos y nietos, ¿no? –se pregunta en voz alta-. Quiero que me recuerden así, brindándome hasta que pueda. La vida es un regalo muy grande y tenés que gozar y agradecer hasta el último minuto. La edad no es con la que nacimos, es lo que sentimos acá adentro” (se señala el corazón y la cabeza).

Sobre cierta polémica que hubo con los runners en esta cuarentena, Elisa aclara que “al comienzo vi un poco de egoísmo porque salían todos juntos a la calle sin pensar en el otro –aclara-. Los primeros meses que no pude ir a entrenar lo hacía en la terraza del edificio o en una bicicleta fija. Reconozco que este virus me producía rebeldía al principio (ríe). Pensar que viví una guerra en Italia y aun así nos juntábamos a jugar a las cartas en alguna casa y este bichito nos obliga a estar cada uno en su espacio”.

Durante la fase más estricta de la cuarentena, Elisa siguió entrenando en la terraza de su edificio y con una bicicleta fija. Foto Lucía Merle

Elisa asegura que no le tiene miedo al coronavirus: “Le tengo respeto”. En cuanto a las medidas estrictas recomendadas para los mayores de 65 años desde hace varios meses, ella siente que “con cuidado y responsabilidad se puede salir”. Y explica: “Yo sólo ofrezco mi forma de vida, que no es solamente hacer running, porque se puede bailar, dibujar, leer cuentos… Pero no quiero dar consejos a nadie”. Y es contundente respecto a las reglas: “Si me dicen que todo se vuelve atrás, lo aceptaría y volvería a la terraza y la bici fija”.

Correr le devolvió la vida y le dio más seguridad, reconoce. Dice que antes era muy tímida, que no pensaba que podía ser una persona interesante para otros. “El running me dio amigos y mucha vida social –cuenta-. Me siento muy querida y mimada. Siento que ahora si se me presenta un problema, una piedra, levanto el pie y sé que lo voy a vencer”.

Como en la carrera que hizo en Italia recorriendo una parte importante de su vida, admite que cuando corre recuerda a muchos seres queridos que hoy no están. Como a su mamá, que falleció hace poco, a los 107 años, y que le rogaba a Elisa que luego de una maratón la llamara para avisarle que había vuelto (el “Mamá, llegué” era un clásico). Y también en su amiga Nitín, nombre que llevó impreso en su remera con la que cruzó Los Andes, que llegó de Italia igual que ella y antes de morir, hace algún tiempo, le pidió que no dejara de correr porque “te hace muy bien”.

La elongación de Elisa después de un buen entrenamiento. Su ejemplo sirvió para que algunas personas empiecen a correr. Foto Lucía Merle

Elisa corre y no quiere ser ejemplo. Sonríe buena parte del día. Desayuna y sale a entrenar. “Los que trabajan en comedores o en hospitales son personas para reconocer, no yo”, aclara. Pero admite que se siente feliz cuando los jóvenes la observan con admiración.

“Una vez terminé una carrera en Salta y me abrazó un muchacho y me contó que un año atrás estaba tirado en un sillón mirado la televisión y cuando me vio corriendo cambió su manera de ver la vida y empezó a correr”, recuerda. La nonna que corre respira hondo, le hará luego un llamado a uno de sus hijos y ya está pensando en la próxima mañana, cuando se vista de runner y comience a recordar historias, mientras su humanidad le pide acción.

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NS

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