La nacra, un molusco de un metro que es exclusivo del Mediterráneo, está cada vez más cerca de la extinción



La nacra (Pinna nobilis) sufre “su propio coronavirus”. Este molusco bivalvo de más de un metro de longitud y que sólo se encuentra en el Mediterráneo está desapareciendo por culpa de una enfermedad parasitaria.

Su gran tamaño –es la segunda especie de bivalvo más grande del mundo y la mayor del Mediterráneo– no lo protege del protozoo Haplosporidium pinnae, que provoca mortalidades cercanas al 100% allí donde va. En España, por ejemplo, desaparecieron el 99% de los individuos tras un primer brote en el año 2016.

“En aguas abiertas arrasa con prácticamente la totalidad de los individuos”, explica Patricia Prado, investigadora del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias  de Cataluña (Irta).

La experta indica, por ejemplo, que en las Islas Baleares quedan sólo unos tres ejemplares “cuando era una de las zonas en las que había más individuos”. “Las aguas confinadas, con niveles de salinidad superiores o inferiores a las de mar adentro, son las únicas que se están salvando, como es el caso del delta de l’Ebre o del Mar Menor”, añade.

Pero esta enfermedad parasitaria no es la única amenaza a la que se enfrenta este molusco que, en condiciones normales, puede llegar a vivir hasta 50 años. “De los 533 individuos que había en la bahía del Fangar (delta de l’Ebre) antes del temporal Gloria, ahora sólo quedan 12, es decir, un 2,3%”, advierte Prado.

Un ejemplar muerto de Nacra. Foto: Arnaud Abadie / Getty Images/iStockphoto

Los daños se produjeron porque el temporal les abocó encima una cantidad enorme de sedimentos, lo que provocó una disminución de la salinidad a causa de la mezcla de agua dulce y salada, según el Irta. Prado califica la situación de “desastre ecológico”. La buena noticia es que la bahía dels Alfacs –también en el Delta de l’Ebre– “no se vio afectada por el Gloria y sigue albergando miles de ejemplares”, explica la experta.

Más allá del delta de l’Ebre, la otra gran zona española donde aún quedan nacras es el Mar Menor, en Murcia. “Hay un millar de ejemplares, pero hay mucha mortalidad por la eutrofización de las aguas”, se lamenta la investigadora.

Los constantes vertidos tóxicos procedentes de la agricultura y la minería, las aguas residuales mal tratadas o el vaciado de las sentinas de las embarcaciones han provocado la eutroficación de este espacio natural, provocando la muerte de peces y crustáceos y la desaparición del 85% de las praderas submarinas. Se considera una de las mayores tragedias ecológicas de España.

“Ni una nacra menos”

A pesar de ser una especie muy singular y de jugar un papel muy importante en el filtrado de las aguas, “se está haciendo muy poco para protegerla en relación a lo que debería hacerse”, denuncia Prado.

“Hay zonas en las que están totalmente desprotegidas, no se hace nada con aquellas que se encuentran a muy poca profundidad, expuestas a que cualquier embarcación pueda chocar contra ellas”, se lamenta la experta del Irta. Se trata, además, de un gran contribuidor a la biodiversidad: sobre su concha se han llegado a encontrar más de 120 organismo distintos.

El análisis de la situación

El cálculo sobre los daños del temporal Gloria se llevó a cabo gracias al dinero recaudado en la campaña de micromecenazgo “Ni una nacra menys”, lanzada el pasado mes de febrero y en la que participaron empresas locales y ciudadanos anónimos. También se rescataron 351 ejemplares de la Punta de la Banya, a la abadía dels Alfacs.

Patricia Prado, junto a otros técnicos del Irta y de otras instituciones locales, fueron los encargados de estudiar, censar y salvar estos ejemplares de nacra.  En el Mar Menor, también han iniciado una campaña de voluntariado ambiental para la búsqueda y protección de nacras.

Lorena Farrás Pérez, La Vanguardia.

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