La historia oculta de Elsa & Fred: China Zorrilla, Juan Pablo II y un caos en Roma



-Chinita, vengo a proponerte una película.

-¿Para ser abuela de quién?

-Abuela de nadie. Vas a ser la chica de la película.

Tenía 82 años China Zorrilla cuando Marcos Carnevale entró por primera vez al departamento de la uruguaya -en la calle Montevideo- y le entregó un guión. Al fin una historia de amor para esa actriz a la que el amor en el cine le esquivaba. “Yo hago ravioles, ella hace ravioles”… Harta de ser el meme de Esperando la carroza, sentía que su galán más apasionado había sido Leonardo Sbaraglia, 48 años menor, en Besos en la frente. Ella no quería morirse sin antes enamorarse en la pantalla grande.

“Elsa & Fred”, con Manuel Alexandre y China Zorrilla.

Concepción Matilde Zorrilla de San Martín era periodista cuando a comienzos de los sesenta fue asignada por un diario uruguayo para cubrir la premiere de La Dolce Vita en el Festival de Cannes. Se sentó cerquita de Federico Fellini y miró pasmada la escena de Marcello Mastroianni y Anita Ekberg en la Fontana Di Trevi. No imaginaba que, jubilada, ella también sería Anita  y bailaría con “las patas en la fuente”.

Tampoco estaba en los planes del equipo argentino que llegó a Roma a filmar Elsa & Fred en en 2005 que Roma sufriera un “sismo espiritual”. En pleno rodaje murió Karol Józef Wojtyła (El Papa Juan Pablo II) y la ciudad que no duerme entró aún más en convulsión. La escena principal, la de los enamorados en la Fontana, peligraba. Y con ella, el sentido de la película.

“Los funerales interminables del Papa, Roma era un caos, y yo estaba desesperado”, recuerda Carnevale a 15 años del estreno de su hito. “Para filmar esa escena esperamos a las 5 AM. Necesitaba el lugar despejado y quedaba un grupo de 20 japoneses tomando cerveza”, se ríe. La solución fue un ruego en inglés, subido al borde de la fuente: “Vengo de Sudamérica a filmar con las monedas contadas. ¡Por favor, despejen la fuente!”.

El afiche de “La dolce vita” y el de “Elsa & Fred”, película que le rinde homenaje.

Luz, cámara, acción. Y reacción: la recreación argenta fue perfecta, aún cuando los tortolitos solo pudieron aproximarse a la fuente sin ingresar. China y Manuel Alexandre -el señor que había hecho más de 300 películas pero encontró el gran protagónico en la vejez- hechizaron hasta a los productores de Hollywood. Christopher Plummer y Shirley MacLaine protagonizaron la remake, pero no lograron lo que la original: la ternura de esos jubilados amándose en el tramo final de sus vidas fue tan esperanzadora que un centro de quimioterapia madrileño terminó regalando a sus pacientes algunas escenas al principio de las sesiones. La “inyección extra”.

“Elsa & Fred”

Perlitas de un hit

Fred iba a ser otro, el actor de Pamplona Alfredo Landa, pero a un mes de filmar Landa se bajó por un tema de salud. Finalmente a China le llegó “el complemento perfecto”, Manuel Alexandre, “el secundario de oro del cine español”.

Marcos manejaba de visita a Inriville, su ciudad natal en Córdoba, cuando miró por el espejo retrovisor y vio una escena que no era la ruta: imaginó a dos viejitos metidos en la Fontana Di Trevi. Le contó esa ráfaga imaginaria a su copiloto, su entonces esposa, Lily Ann Martin. “Genial. ¿Y qué contaría la historia?”, preguntó ella. “No tengo la menor idea”.

Desde joven Carnevale le había enviado cartas a Don Fellini para demostrar su admiración. Una vez se decidió, gastó todos los ahorros y se fue hasta Roma a intentar tocarle el timbre. “No está, se fue junto a Giulietta (Masina)”, le advirtieron a Marcos, que quedó desilusionado por el sueño trunco. En un bar cercano armó una nueva carta, le contó por escrito su derrotero desde la Argentina, y se la dejó en el buzón. Días después, llegó un sobre a su hotel. Dos palabras de puño y letra de Fellini bastaron para tomarlo como una bendición: “Buona fortuna”.

Si hubiera escuchado las “recomendaciones ajenas”, el director hubiera borrado la idea. “Los viejos no venden”, decía una regla del mercado a la que desoyó. “¡La ficción esconde a los ancianos, los pone de relleno y este señor viene a pedirle a una vieja que protagonice!”, gritaba Zorrilla a los medios cuando le consultaban sobre el filme. “Yo tengo una definición para la vejez. Envejecer es nada más que cambiar de gustos”.

Una película estrenada en 2005, “Elsa & Fred”.

El título que no fue

Elsa & Fred iba a llamarse Anita y Marcello, en claro homenaje a Ekberg y a Mastroianni. No pudo ser. “En España no va a funcionar”, advirtieron desde la producción española. A Carnevale la decisión le empañó un poco la felicidad, pero no tuvo otra opción. Eligió llamar Elsa a China en homenaje a la madre de un amigo de la infancia. Alfredo -Fred- fue el guiño fellinesco por Ginger y Fred, el filme estrenado en 1986.

“Elsa & Fred”.

Fue el famoso gatito que Anita Ekberg llevaba en sus brazos en La dolce vita uno de los asuntos que en la recreación de la escena de Elsa & Fred se complicó. “Fuimos a una veterinaria romana, pero no había un gato blanco como el original”, cuenta Carnevale. Lograron “un tono parecido, pero jaspeado”. La solución fue modificar unas líneas del libreto que terminaron siendo inolvidables. “No es bianco”, dice China, apenada. Fred remata: “Tampoco nosotros somos Anita y Marcello”.

La italianeidad de Marcos es parte de su sangre. Su abuela Argentina, por ejemplo, había llegado al país en el vientre de su madre, proveniente de Macerata, a bordo del Buque Mafalda. Para la familia de “Marquitos” ser cineasta era “un disparate como querer ser astronauta”. Pasada la adolescencia, el muchacho fue tras ese disparate. Tomó “un Chevalier” hasta la Ciudad de Buenos Aires, se anotó en la escuela del INCAA y no logró el ingreso. Como consuelo, se inscribió en el Grafotécnico. Recibido de periodista, trabajó como redactor publicitario hasta llegar a director creativo. Filmó una primera película, Noche de ronda, un 1997 a la que -confiesa- “no vio nadie”. Elsa & Fred llegaría kilómetros después. Su tercera película.

Carnevale, a 15 años de su gran película, (Foto: David Fernández).

“Era una historia de alto riesgo por la edad de los protagonistas. Manuel estaba más lúcido por la mañana, China por la tarde”, confiesa Carnevale. “Muchas veces, por la mañana yo me ponía una peluca como China e interactuaba con él, a la tarde me ponía el traje de él e interactuaba con ella en las escenas. Muchas partes de los planos en los que los ves juntos, no están juntos, es trabajo de edición”.

Cuando Carnevale viajó a Nueva Orleans a ver el rodaje hollywoodense inspirado en su guión (coescrito con Marcela Guerty y Lily Ann Martin) la mismísima Shirley MacLaine le comentó que estaba “obsesionada” con la actuación de Zorilla. Había tenido que desprenderse del DVD porque no podía dejar de mirar a la uruguaya, copiar sus gestos. Se había devorado el personaje de China y temía no lograr su versión propia.

Shirley MacLaine y Christopher Plummer en la remake de Hollywood.

“Nuestra versión fue mejor”, juzga el cineasta. “MacLaine y Plummer están divinos, pero no respetaron ese juego de gato y ratón nuestro. Ella le peleaba a la vejez, se metía a la fuente como si tuviera 30. En cambio China se mostraba tal cual, caminaba como lo que era, viejita. La credibilidad dio ternura”.

En el Festival de Valladolid, el filme conmovió a la par de Secreto en la montaña, de Ang Lee. En Puerto Rico ocurrió un extraño fenómeno: Elsa & Fred llegó a superar a Titanic en taquilla. Más de seis meses en cartel. Un día, invitada a la isla, China llamó al director a puro grito. “¡Delincuente, ¿qué hiciste? Acá creen que soy Madonna! Carnevale tuvo que ampliar las repisas para tanto premio. Conserva hasta la llave de Teherán que la Embajada de Irán le entregó por la película. 

Entre los tantos viajes que hizo Elsa & Fred, fue uno a Chicago que Carnevale pone en un cuadrito para la eternidad. “Hicimos la promoción, volvimos al hotel, dejé a China en la puerta de la habitación a las 23. Y me fui a tomar unas copas. Cuando volví, a eso de las tres, la veo en un bar de jazz, acodada en la barra, charlando con dos pibes de 35. Eso era China, una mujer de 25 atrapada en el cuerpo de una de 80. ‘¿Qué hacés acá?’, le pregunté. ‘No podía dormir. Te presento a Mike y a Jason'”.

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