La falta de brújula en el Gobierno alienta las tomas y fricciones internas



La variedad de pensamientos en cualquier coalición suele ser una plataforma atendible para el enriquecimiento del debate. Cuando esa diversidad, sin embargo, no logra ser encauzada o sintetizada en el ejercicio del poder ocurre lo que ahora ocurre. El Gobierno de Alberto Fernández aparece boyando, sin brújula, frente a un conflicto que se agrava: la toma de tierras. Ha detonado una fricción en Buenos Aires entre Axel Kicillof, el gobernador, con varios intendentes. Incluso del oficialismo. Pero sucede en otras regiones del país. En la Patagonia el problema es antiquísimo, actualizado a partir del 2017 con la muerte del artesano Santiago Maldonado, en Chubut, y la de Rafael Nahuel en la zona del Lago Mascardi. En las últimas horas se conocieron otros intentos de usurpación en Córdoba, en las cercanías de Calamuchita.

La potenciación del fenómeno no es una casualidad. La crisis social, la pandemia y la cuarentena ayudan a explicarlo. Entre otras razones, porque las fuerzas de seguridad federales y las policías provinciales parecen absorbidos por las exigencias sanitarias. Cuando llegan a los lugares usurpados, en general, resulta tarde. O recurren al desalojo y la inevitable represión o dejan pasar la circunstancia.

Optan por el segundo camino a raíz de dos motivos: no existe directriz oficial; las consecuencias indeseadas de cualquier acto de fuerza podrían volverse en contra de los agentes. Con sanciones previsibles. Se trata de un vacío que deja el Estado cuando está ausente. La realidad acostumbra a desenmascarar la prédica que, en ese campo, realiza el kirchnerismo.

El fenómeno de las tomas de tierras, por otra parte, fluye con cierta naturalidad cuando los protagonistas observan que no existen las consecuencias. La Justicia, en ese contexto, también se abstiene de intervenir. Cuando lo hace, su gesto no escapa a mera formalidad.

El Gobierno, amén de no poseer una estrategia, tampoco tiene saldada la discusión interna. Los movimientos sociales que integran el Frente de Todos poseen mucha vinculación con aquellas usurpaciones. Es algo más que una deducción: hace pocas semanas el titular de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), Juan Grabois, advirtió que las tomas de tierras aumentarían debido a la crisis social. Por entonces, la única voz disonante que se oyó en el oficialismo fue la de la ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa. No descartó la idea de una necesidad objetiva pero alertó sobre la existencia de bandas mafiosas encargadas de lucrar con las usurpaciones.

Sergio Massa con Gerardo Martínez y Juan Grabois, en Diputados. El dirigente social había anticipado las tomas

Varios intendentes bonaerenses, entre ellos Jorge Macri, de Vicente López, solicitaron a Kicillof alguna orientación ante el problema. El gobernador parece abrumado por los efectos que el coronavirus tiene ahora en toda Buenos Aires. El conurbano ha perdido la exclusividad. Contestó vagamente que “existen las necesidades”. Como contrapartida, el ministro de Seguridad, Sergio Berni, asumió un discurso duro. Dijo que quien tome tierras en la provincia irá preso. Pero las incursiones no cesaron en La Plata, en Guernica ni en Olmos. Incluso el tren del Mitre, que une Tigre con Retiro, hace cinco días que no funciona por la ocupación de unos talleres en Victoria.

El oficialismo tiende a tener habilidad para cubrir todo el espectro ideológico. Halcones y palomas en el mismo nido. Sergio Massa, titular de la Cámara de Diputados, alertó en un momento que los usurpadores podrían perder los beneficios sociales concedidos por la pandemia. Aunque después suavizó sus palabras. Dicen que por consejo del jefe del bloque de Diputados, Máximo Kirchner.

El dilema mayor se planteó por la disposición de la ministro de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic. La mujer hizo el fin de semana una denuncia contra pobladores que se manifestaron en la ruta 40 por la usurpación violenta de tierras en Villa Mascardi. Sostuvo que la acción fue realizada ante la posibilidad que concurriera gente armada. Al lugar había asistido, incluso, la gobernadora de Rio Negro, Arabela Carreras. Aquella solicitud de Frederic fue rechazada “in limine” por la Justicia.

La gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, en la marcha contra la toma de terrenos en su provincia. Foto: Marcelo Martínez

La ministro, sin embargo, dejó en claro su postura. Para ella las usurpaciones no competen al área de seguridad. Comulgaría con las visiones de Grabois y Kicillof. “La presión y la conflictividad se traduce en toma de tierras en todo el país”, explicó. No abundó en ninguna solución al margen de abordar el conflicto por medio del diálogo. Fue la misma propuesta que Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete, hizo a la gobernadora Carreras. A través del diálogo, todavía, no se ha obtenido ningún desalojo. Ni cesaron las hostilidades contra los pobladores de Villa Mascardi.

“Si hay gente tomando tierras lo que corresponde es el desalojo”, volvió a diferenciarse Massa. Con eso le alcanzaría al jefe del Frente Renovador para trazar su propio perfil en la coalición oficial. Siempre que descubre una ocasión, la aprovecha.

El conflicto en Buenos Aires no es, de todos modos, similar al que ocurre en la Patagonia. Allí tallan grupos que se reivindican mapuches y reclaman tierras. Se mezclan con bandas que aducen poseer el mismo origen pero, en realidad, estarían dedicados a tareas delictivas. A “negocios”. Tampoco se trata de un pleito que atañe sólo a la Argentina. El conflicto con los mapuches deriva de la zona de la Araucanía en Chile donde los incidentes recrudecieron durante la pandemia. La interconexión con nuestro país sucede a través de pasos fronterizos clandestinos ajenos a las fuerzas de seguridad.

Hace 10 días una nena fue herida de gravedad durante un ataque de mapuches en una carretera del extremo sur chileno. Allí, con frecuencia, los camiones son interceptados y desvalijados. O incendiados. De hecho, desde el domingo dos de los principales gremios del sector están realizando una huelga por tiempo indefinido exigiendo al Congreso un paquete de leyes que los proteja.

El problema bilateral con los mapuches fue abordado por Mauricio Macri, en su época, con Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. El actual mandatario chileno sostiene una relación personal afable con Alberto. “Si me he llevado bien con Cristina (Fernández) no podría pelearme con vos”, le dijo en uno de los diálogos. El vínculo está envuelto, sobre todo, por la crisis de la pandemia y aspectos comerciales. Parece faltar una conexión global que se entendería por las circunstancias. También por una política exterior argentina inconsistente. Indescifrable. Que se replica, con pocas excepciones, en la región y en el mundo.

Mirá también

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

IMAGESLOVER Photo Flip Day 1 CLip art of Flip Day 2