La exposición de Rafael, víctima impensada del coronavirus



Con el progresivo retorno a cierta normalidad en la Europa azotada por la pandemia, uno de los elementos distintivos, y más celebrados, es la reapertura de los museos. Fue el caso de “la milla dorada” en Madrid, a fines de junio, y de las principales salas en Roma. Aquí, para salvar –dentro de lo que se pueda- el mayor evento que se había programado para el 2020: el quinto centenario de Rafael. Si el año pasado estaba dedicado a las celebraciones por Leonardo Da Vinci, ahora el genio bajo todos los focos es Rafaello Sanzio (1483-1520), muerto sorpresivamente en su plenitud y cuando toda Roma lo adoraba. Era rico, famoso, admirado. Un verdadero rockstar de su época.

“Leonardo, Rafael y Miguel Angel constituyen el Trío Divino del Renacimiento”, describió Paul Johnson en su libro sobre aquella etapa mágica de la humanidad. Y precisa: “Si Leonardo encarna el Renacimiento desde el punto de vista intelectual, Rafael representa la búsqueda de la belleza que caracterizó a esta misma época, y en definitiva, el hallazgo de la misma. Pues aunque su vida fue breve, su producción fue enorme, continua, siempre de la máxima calidad imaginable y en todas las ocasiones concluyó sus obras”.

La exposición “Rafael 1520-1483” se había inaugurado a principios de marzo en las Escuderías del Quirinale y debió suspenderse a los tres días por la pandemia. Reúne más de 200 piezas entre tapices, cuadros, dibujos y documentos que ilustran la trayectoria del artista, considerado insuperable en muchos sentidos. Había expectativa por recibir a 700 mil visitantes. Pero ahora sólo se permitirán 100 mil y bajo protocolo: controles de temperatura, posiciones marcadas en el suelo, tiempo limitado de visita por lo que hay apenas 70 personas por hora.

Mirá también

“Fue devastador. Llevábamos tres años trabajando en esta muestra, con préstamos de museos de todo el mundo”, se lamentó Mario de Simoni, director de la sala. Aquellos préstamos debieron renegociarse para extender la muestra por tres meses: llegaron obras del Prado, el Louvre, la Galería de los Uffizzi, la Antigua Pinacoteca de Munich y la National Gallery londinense, además de los famosos retratos de León X y Julio II cedidos por el Vaticano.

El título de la muestra no es un error: comienza por el día de su muerte, aquel 6 de abril de 1520 y va marcha atrás, atravesando todas las etapas de su vida. De Roma (donde se instaló en 1508) a Florencia (1504), con un período en la Umbría hasta llegar a Urbino, donde nació otro 6 de abril, 37 años antes. Según explica Johnson, “Rafael nació en un gran centro cultural como Urbino, pero aprendió el oficio en Perugia con Perugino. Dice mucho de la integridad estética y emocional de Rafael, así como de su gusto por la serenidad y la calma, el hecho de que no se quedara con los defectos del Perugino y de que por el contrario, asimilara sus indudables virtudes y supiera reelaborarlas”.

Su estadía en Florencia lo vincula a las expresiones supremas del arte de su tiempo. Pero es en Roma donde alcanza su definitiva grandeza, bajo la protección de los papas Julio II y León X. “Sucedió a Bramante en el cargo de arquitecto de la Basílica de San Pedro, fue un decorador genial y cuando murió repentinamente estaba abriendo nuevos horizontes a su pintura. Sus pinturas del Vaticano, por ejemplo La Escuela de Atenas, son grandiosas organizaciones de figuras pintadas con insuperable maestría y gran dosis de inteligencia, que han guiado a los pintores históricos de Europa desde el siglo XVI hasta finales del siglo XVII”. La conclusión del historiador es: “El Papa Julio II invitó a Rafael a ir a Roma para pintar la obras de Dios y sencillamente eso fue lo que hizo”.

Mirá también

La leyenda indica que Rafael murió en una noche de “exceso sexual”, pero poco importa. Su muerte fue una noticia devastadora en toda Roma, una multitud con antorchas acudió a su funeral. “Estaba en el mejor momento de su creación, tenía proyectos en la Villa Madama y en la reconstrucción de San Pedro. La gran pregunta que nos hacemos todos es que hubiese pasado si hubiera vivido 50 años más, como Miguel Angel”, indica Sylvia Ferino, directora del comité científico de la exposición. Rafael fue sepultado en el Panteón y allí su epitafio en latín, dedicado por el cardenal y poeta Pietro Bembo indica: “Aquí yace Rafael. Cuando vivía, la Naturaleza temió ser vencida por él. Y al morir él, temió morir ella”. Ninguna descripción podía ser tan precisa, tan profunda. Tan conmovedora.

Quedan pocas obras de Rafael en manos privadas y que puedan ingresar en el circuito de ventas. El primer récord se dio hacia 1996, cuando una de sus pinturas fue subastada en 5,3 millones de euros. Una década después, el retrato de Lorenzo de Médici (gobernador de Florencia desde 1513) alcanzó los 27,3 millones de euros en una subasta de Christie’s: el coleccionista Ira Spanierman había pagado apenas US$320 por esa obra, cuando aún no estaba verificada la firma del artista. Dos años más tarde, en la misma sala, la Casa Real de Holanda vendió un boceto de Rafael para sus obras vaticanas (“Cabeza de una musa”) en 28,8 millones de euros. Y en 2012, ya en Sotheby’s, una casa de la nobleza en inglesa –que mantenía una pintura de Rafael desde hacía tres siglos- consiguió venderla en US$48 millones. Se trataba de la “Cabeza de un joven apóstol”.

Los Museos del Vaticano, que también reabrieron en las últimas semanas, ofrecen las maravillosas creaciones de Rafael. Por ejemplo, el fresco “La Escuela de Atenas”. Allí representó el origen del pensamiento occidental, a la Antigua Grecia, colocando a Platón y Aristóteles en el centro. Pero a todos los protagonistas del fresco les pone la cara de un artista de su tiempo; así, Platón tiene la cara de Leonardo; Heráclito, la de Miguel Ángel; Hipatia, la de la novia de Rafael, Margherita; Apeles, como el propio autor. Pero Rafael no solo quiso hacer un catálogo de personajes sino dejar patente la filosofía de cada uno. Así, Platón, que es más idealista, señala con su pulgar al cielo; Aristóteles, que creía en un pensamiento real y físico, a la tierra.

Mirá también

Uno de los puntos más interesantes de la exposición en el Quirinale es la famosa Carta a León X, un documento que Rafael le envió al entonces papa en 1519, y que según los expertos, sienta las bases de las teorías del patrimonio. En el texto, que per­maneció oculto durante dos siglos, Rafael le pide al pontífice la salvaguardia del tesoro cultural de la antigua Roma. Allí describe el estado deplo­rable de monumentos antiguos de los cuales extraían el mármol para otros edificios como la propia basílica de San Pedro. “Rafael se da cuenta de lo grande que era la antigua Roma, por lo que escribe al Papa, casi retándolo, para urgir a que se pro­hibiese continuar con esa destrucción”, apuntan los expertos. Además, Rafael realiza un estudio arquitectónico de los restos romanos con un respeto nunca visto por las ruinas de la ciudad eterna.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *