La enfermera y el médico que contrajeron coronavirus, se curaron y volvieron a atender pacientes contagiados



La enfermera Marisa Saravia y el médico Fernando Fernández son pacientes recuperados de Covid-19. Ella contrajo el virus​ a través de un paciente y él, durante un viaje por Europa.

Luego de haber estado internados en sus lugares de trabajo y haber superado la enfermedad, decidieron volver a sus puestos de trabajo y combatir en la primera línea a la pandemia. 

Sus historias, a diferencia de las de cientos de recuperados, pasaron a ser ejemplos de superación para los pacientes que tiene bajo su cuidado. Ellos enarbolan su vocación de servicio como bandera y contaron a Clarín sus historias.

La enfermera que se recuperó y ahora contagia esperanza 

Cuando cae el sol, Marisa Saravia (33) ingresa al Hospital Austral de Pilar para desempeñarse como enfermera en el cuarto piso. Aquel sector, que antes de la pandemia​ era el área de trasplante de órganos, hoy recibe a contagiados de COVID-19.

Allí, su rutina cambió: contrajo la enfermedad por un paciente y se convirtió en el primer caso positivo de Escobar. Después de dos meses y de 11 hisopados, dio negativo.

“Quise volver a trabajar porque me sentía preparada. Ya superé mis miedos: tengo los anticuerpos”, aseveró con un tono épico.

Incertidumbre. La enfermera fue el primer caso de COVID-19 en Escobar. Fue dada de alta luego de someterse a once hisopados.

Para ello, debió dejar el temor atrás. Recuerda que fue difícil: estuvo aislada de sus hijos, contagió a su marido, sufrió discriminación en el barrio y atravesó la muerte de su cuñado por la enfermedad.

Una semana después de que la OMS declarara la pandemia, Marisa recibió a un hombre con colangitis hepática. Como recién se estaban empezando a aplicar los protocolos, sólo llevaba guantes.

Lloró durante horas por la angustia: “Pensaba en mis hijos, de 3 y 7 años. Se me vino lo peor a la cabeza”, dijo.

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Luego, comenzaron sus síntomas: tos, fiebre y dolor de garganta. “Me fui a hacer el test y en todo momento intenté estar fuerte para no preocupar a mi familia”, sostuvo.

Fue traslada al Hospital Austral, donde trabaja desde hace seis años, y por primera vez le tocó estar del otro lado. “Durante 15 días estuve bajo el cuidado de mis compañeros. Me sentía como en casa”, indicó.

Marisa Saravia (33), enfermera en el Hospital Austral, superó el COVID-19 y ahora atiende contagiados.

Marisa no fue la única. Viviana Barrios, otra de las enfermeras, había atendido al mismo paciente en el turno matutino y también se contagió. “Por suerte al segundo chequeo le dio negativo. Me dio esperanza”, contó.

Mientras pasaba sus días en la clínica, su marido también contrajo la enfermedad. Para estar con los hijos, se aisló en su casa y realizó seguimiento médico por teléfono. 

“Se recuperó a los 35 días, pero yo seguía dando positivo. Sentí mucha incertidumbre”, contó quien una vez aislada en su domicilio, disfrutaba poder escuchar a los chicos jugar y saludarlos a la distancia.

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Como Marisa fue el primer caso de Escobar, las miradas del barrio se enfocaron en su residencia. “La pasamos mal: al principio, los recolectores de basura no pasaban por miedo a contagiarse y cuando mis parientes iban al supermercado, no los dejaban entrar. El trauma quedó”, confesó.

Hoy continúa sin pasear por las calles ni tampoco hace las compras por miedo a las reacciones.

Recién al décimo hisopado dio negativo y obtuvo el alta. “Me volvió el alma al cuerpo. Ya podía abrazar a mis hijos y volver a trabajar. Ahora, me queda recuperar el olfato”, dijo risueña.

Familia. La enfermera descansando junto a sus hijos, de 3 y 7 años, en su casa del barrio Lambertuchi (Escobar).

Sin embargo, la semana pasada atravesó un profundo dolor cuando su cuñado falleció de COVID-19. “Es algo serio y me indigna que la gente no termine de tomar conciencia”, recalcó.

A pesar de todo, tomó coraje y desde hace dos semanas retomó sus actividades laborales. Sus colegas la ayudaron a ponerse al día con los protocolos.

“Ahora intento brindar tranquilidad a mis pacientes. Entiendo la incertidumbre que sienten. Todos juntos vamos a superarlo”, concluyó.

El médico que se recuperó y fue el primer donante de plasma en el país

Superación. Fernando Fernández contrajo la enfermedad en Europa, se recuperó y volvió a trabajar.

Fernando Fernández es médico, vive en Banfield, trabaja en Avellaneda y Recoleta, y estaba en el Reino Unido cuando la OMS declaró pandemia al Covid-19. Cuando pudo volver al país supo que se había contagiado.

El doctor lomense no sólo se recuperó y volvió a trabajar: fue además el primer donante de plasma para tratar a pacientes críticos de la Argentina.

“Hace como un año venía planeando mi viaje”, contó. “Fue a fines de febrero. Estando allá logré visitar Escocia, pero cuando llegué a Londres se declaró la pandemia. Los primeros días de marzo ya estaba acá”.

Fue entonces cuando empezó a tener fiebre y sospechas. Se hizo chequear en el Sanatorio Finochietto, uno de los dos lugares donde trabaja.

Médico. Fue el primer donante de plasma de la Argentina, en el Sanatorio Finochietto, donde trabaja.

“Me diagnosticaron neumonía. Pero dos días más tarde tuve resultado del hisopado: positivo con coronavirus. Estuve 10 días internado con tratamiento y después otros 15 haciendo aislamiento en casa”.

Al ver que se le declaraba una neumonía, Fernando se asustó. “Yo no traía antecedentes, esperaba sólo tener dolor de garganta”, dijo. Al principio le administraron hidroxicloroquina y Ritonavir, un retroviral. “Los primeros cuatro días tuve con fiebre y me sentía mal. Después, efectos adversos a la medicación, como vómitos y nauseas, pero del Covid no tuve otros síntomas más que la fiebre. No requerí oxígeno”, relató.

Fernando coincide con muchos de los pacientes que contrajeron coronavirus: “Lo más difícil fue no poder ver a mi familia, así que hice varias videollamadas y recibí muchos mensajes”.

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Además del primer caso de Coronavirus detectado en el Finochietto, Fernando fue la primera persona recuperada de Buenos Aires que donó plasma para el tratamiento de pacientes infectados. “Cuando volví al trabajo me dijeron que en el centro de hemoterapia empezaban a recibir plasma. Se estaba iniciando en ese momento, a mediados de abril”.

Postal. Fernando Fernández en Edimburgo, donde se contagió coronavirus.

Para el médico de Banfield, sería importantísimo que quienes se hayan curado de la enfermedad hagan lo mismo que él. “Cuando uno toma contacto con un virus, genera inmunización activa. Al haber estado enfermo, yo ‘formé’ anticuerpos. Una persona con diagnóstico reciente de Covid no tiene esos anticuerpos, entonces al darle los míos, lo que suele ocurrir es que se neutraliza la acción del virus”, explicó.

El proceso de donación, aclara, es muy sencillo. “Se trata de una máquina donde te conectan una aguja pequeña para obtener el plasma, donde están los anticuerpos”.

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Por supuesto, más allá de curarse, el coronavirus sigue muy presente en su día a día. Hace poco más de un mes que volvió al trabajo.

​”En el Fiorito estoy en la parte de internación clínica -detalla-, así que recibo muchos contagiados. Estoy en contacto permanente para internarlos o derivarlos a internación extrahospitalaria”, contó.

“Siento que nací para esto, entonces trato de no tener miedo”, afirmó. “Tuve la noticia que dos personas que recibieron mi plasma habían estado con un cuadro más grave y se recuperaron. Fue una satisfacción enorme. Uno se pregunta por qué le pasan las cosas. Pero, bueno… quizás esa sea la respuesta”.

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