“La economía se está reactivando”, el curioso aviso del gobierno



Empresarios e inversores que miran la crisis como una posibilidad para ganar en los negocios consideran que en la Argentina todavía no hay oportunidad de compra.

Pronostican que en el cuarto trimestre del año las empresas, las oficinas, los inmuebles y demás bienes durables serán más baratos por la fuerte caída de la actividad que la crisis del coronavirus agrava sobre una economía estancada hace nueve años.

Los datos de la Unión Industrial muestran que la industria tuvo en abril una caída de 30,6% y que sus exportaciones se derrumbaron más de 58%. En la construcción la baja fue histórica al superar el 70% y en el comercio los pronósticos de cierres importantes en la Capital y el Gran Buenos Aires, después de tener más de 90 días las persianas bajas, están a la orden del día.

El estado vive en carne propia la crisis y particularmente el Tesoro que en mayo contabilizó un déficit de $251.287 millones como consecuencia de que el gasto se duplicó y los ingresos sólo crecieron 2,4%. Reflejos bien palpables de la recesión que tiñe a una Argentina que este año podría caer 9%.

En el primer trimestre del año el Producto Bruto Interno se contrajo 4,8% con relación al último trimestre de 2019 en la medición desestacionalizada y considerando que recién el 20 de marzo comenzó la cuarentena.

En medio de esta catarata de datos negativos el gobierno publicó el video que en la carátula sostiene: ¿Cómo se está reactivando la economía? La economía se empezó a mover. Acá te contamos cómo.

La intención oficial es obvia y entendible: en medio del clima de depresión económica, como consecuencia de la cuarentena y los riesgos del coronavirus, busca poner énfasis en que en el interior del país la actividad volvió casi a pleno y que, así como en abril la producción de autos fue cero, ahora hay tres empresas que reanudaron la actividad.

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Partiendo de cero, cualquier mejora resulta porcentualmente destacada.

El video pone énfasis en el aumento del gasto público para atender la pandemia a partir de un dato que ya utilizaran el presidente Alberto Fernández y el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas: somos 45 millones de habitantes y hay 21 millones de personas que en estos días  reciben ingresos del estado.

Recibieron sus salarios 3,2 millones de empleados estatales (nacionales, provinciales y municipales), 7 millones de jubilados y hubo 8,4 millones de habitantes que recibieron el bono IFE de $10.000 y entre 2,7 y 4,5 millones de empleados obtuvieron parte de sus salarios por la ayuda oficial.

El dato de que 21 millones de personas y familias tengan su ingreso dependiendo de un Tesoro con bajísima recaudación por la recesión, sin crédito y que depende mayormente de la emisión de pesos del Banco Central habla a las claras de la debilidad del momento

El Central viene emitiendo a razón de unos $250.000 millones mensuales para cubrir el déficit y para financiar los planes oficiales de ayuda que, lejos de reactivar, sólo alcanza a cubrir en parte de la pérdida de ingreso de las familias por la cuarentena.

El comprobante más nítido de ese resultado es la evolución de los índices de precios de estos meses. Abril y mayo con subas del costo de vida de 1,5% (después del 3,3% de marzo) y los pronósticos de junio aseguran que, otra vez, será menor a 2%.

En este contexto, los monetaristas se desesperan porque la “montaña de emisión” no desembocó en una hiperinflación como pronosticaban pero los heterodoxos no se pueden alegrar porque la moderación inflacionaria es la consecuencia de una profunda caída de la economía y de la compensación a las familias por ingresos que dejaron de percibir.

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El final del video gubernamental saca a la luz, una vez más, la concepción oficial sobre cual debe ser el motor de la reactivación económica al sostener: “el estado junto con las trabajadoras, los trabajadores y el sector privado vamos a poner a la Argentina de pie”.

No es un secreto que tanto el Presidente como la Vicepresidenta están cruzados por la idea de que sea el estado el verdadero motor de la economía, una visión que choca de frente con la dolorosa experiencia de la atención de la pandemia.

El estado actúa como distribuidor de una supuesta riqueza. Se cansa de emitir, aunque ya comenzó parcialmente a dar marcha atrás con el IFE, con los créditos ATP y negando financiamiento para el pago de los aguinaldos privados, y las posibilidades de reanimar la economía aparecen lejanas más allá de la publicidad.

Los expertos en consumo destacan que el consumidor tiene miedo por la incertidumbre sobre sus ingresos futuros y el cuidado de los ahorros subió varios escalones en el ranking de preocupaciones.

El accionar del gobierno en la convocatoria de acreedores de la cerealera Vicentín deja poco para  pensar en la búsqueda de una mejora de la productividad y la competitividad económica. Sobran los casos en la historia argentina sobre la ineficiencia estatal en el manejo de compañías privadas.

¿Terminará estatizada Vicentín bajo el paraguas de la “soberanía alimentaria” y la necesidad oficial de tener una “empresa testigo” en un sector clave como el de granos cuyos precios se determinan en el mercado de Chicago?

La respuesta no es definitiva pero sería bueno aceptar que el mundo cambió y cambia y que como ejemplo basta mirar que la tecnológica Mercado Libre vale 22 veces y media más que YPF, la gran petrolera argentina. Y que en el mundo son las empresas el factor determinante de la creación de valor y riqueza.

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