La ciencia, clave contra el hambre y la pandemia



Por Roberto Salvarezza, Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación

La biotecnología ocupa un papel central en las actividades que impulsa el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCyT), a través del desarrollo de nuevos conocimientos, tecnologías e innovación en áreas claves como la salud, la sanidad animal y la alimentación. El MINCyT otorga financiamiento a los científicos y científicas argentinos y colabora en el vínculo entre las instituciones de investigación y las empresas que apuestan al desarrollo biotecnológico local.

En particular, la biotecnología ha tenido un rol central en las respuestas de la ciencia argentina durante las dos emergencias que nos ha tocado vivir en el 2020: la inseguridad alimentaria que afectaba y afecta a millones de argentinos, en particular a los niños, según datos de la FAO y de UNESCO, y la llegada de la pandemia a principios de marzo.

Roberto Salvarezza, Ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación y autor de este artículo. Foto: JUAN MABROMATA / AFP

En este contexto, el MINCyT ha focalizado las acciones del sistema científico en la resolución de los problemas asociados a ambas emergencias y que permitieron el desarrollo, en tiempo récord, de nuevas herramientas de diagnóstico y tratamiento del SARS-CoV-2, como así también de nuevas tecnologías para la producción de alimentos de calidad y bajo costo. Un ejemplo, entre muchos otros que cabría mencionar, es el alimento bebible a base de quínoa, que se presentó como una contribución en el Plan Argentina contra el Hambre.

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La pospandemia requerirá la puesta en marcha del aparato productivo de nuestro país y la generación de divisas para movilizar la economía. En esta tarea, es fundamental la contribución de nuestro sector agrícola con su enorme capacidad de producción. La biotecnología argentina contribuye al agregado de valor a través de la incorporación de nuevas tecnologías. Este es el caso del trigo tolerante a la sequía y a la salinidad, un nuevo logro de nuestros investigadores e investigadoras, basado en la capacidad científica adquirida a lo largo de muchos años de esfuerzo y dedicación.

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Cabe recordar que la Doctora Raquel Chan y su equipo de investigación habían descubierto un gen del girasol, Hahb-4, que confiere tolerancia al estrés por sequía. Lo colocaron en una planta de Arabidopsis thaliana, que usaron como modelo de laboratorio, y obtuvieron buenos resultados. En 2004, CONICET y la Universidad Nacional del Litoral (UNL) patentaron una construcción genética que contenía el gen de girasol Hahb-4 y lo licenciaron a la empresa argentina Bioceres, conformando una alianza exitosa del sector público y privado. En 2012 se logró la optimización de la tecnología y se patentó el gen modificado HB4. Tres años después se anunciaba en Tecnópolis la aprobación en nuestro país de la soja tolerante a la sequía y a la salinidad, cuyos ensayos durante el ciclo 2017/2018, caracterizado por el bajo aporte de lluvias, tuvo un excelente comportamiento.

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La aplicación de la biotecnología en el trigo muestra la capacidad de la ciencia argentina para la producción de alimentos. En este caso, la Dra. Chan y su equipo, aplicaron en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (CONICET – UNL) la tecnología HB4 a este cultivo, asociados nuevamente a la empresa Bioceres. El desarrollo de la tecnología HB4 permitió que el trigo tenga una tolerancia superior a la sequía y mayor rinde. Se trata de un desarrollo único en el mundo que permitirá un incremento de al menos un 20% en nuestra producción de trigo y, cabe remarcar, con una menor utilización de un recurso estratégico como el agua.

Los desarrollos logrados por la Dra. Chan fueron posibles gracias a la asociación público-privada, al apoyo estatal, al empeño de los investigadores e investigadoras y a Bioceres, que sostuvo un proyecto de largo plazo. Debemos destacar y valorar, no solamente la vinculación del sistema científico con el sector productivo, sino también la investigación de calidad y la capacidad de nuestros científicos y científicas, que colocan a la Argentina en el selecto grupo de países capaces de dominar áreas tecnológicas de alta complejidad, como la biotecnología y el desarrollo nuclear y satelital.

Para finalizar, para que estas capacidades impacten en el desarrollo social y económico nacional, la ciencia y la tecnología deben ser políticas de Estado, tal como las considera el gobierno de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner.

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