¿Juana Viale es la nueva Susana Giménez?



Una de las preguntas que sugiere la TV de la cuarentena es si ¿Juana es la nueva Susana?

Nieta de Mirtha Legrand, se animó a ocupar su trono televisivo por la imperiosa necesidad de su abuela de quedarse en su casa a causa de la pandemia de coronavirus. Y, por lo visto hasta ahora, Juana Viale tiene más cosas de Susana Giménez que de Chiquita Legrand. Aunque deja ver cosas de las dos.

Eso no la hace ni mejor ni peor, y tampoco la hace un calco de nadie, porque si algo también nos dejó espiar esta tele de emergencia es comprobar que Juana tiene estilo propio.

Las entradas de Juana Viale al estudio desgranan glamour y alegría.

Pero, con esos dos modelos de conductora estrella como referencia, Viale tiene el nudo de la corbata más suelto que su abuela. Ostenta un manejo de la espontaneidad más cercano al de Susana, y un nivel parecido de tomarse en solfa alguna equivocación. La frescura y cierto aire descontracturado las emparenta.

Se han cansado de buscarle heredera a Su, cuando ella no tiene, por ahora, ni la menor intención de retirarse. Pero nadie parecía merecer ese destino como Juanita.

La actriz, de 38 años, hija de Marcela Tinayre -que también consiguió un modo personal de conducir- asumió la cabecera de la mesa de La noche de Mirtha el sábado 21 de marzo, al día siguiente del comienzo de la cuarentena. En ese entonces se suponía que la cuarentena podría durar lo que su nombre indica, pero, a más de 200 días de aislamiento social obligatorio, lo de Juana tomó más pinta de trabajo en continuado que de reemplazo de emergencia.

Esto no significa que haya venido -o ido- para quedarse, porque tanto el ciclo de los sábados a la noche como el Almorzando con Mirtha Legrand de los domingos, ambos por El Trece, son de su abuela. Lo dice el título, lo dicen ambas y Mirtha se merece volver.

Fundamentalmente, porque lo que está haciendo su nieta, tal como lo ha dejado en claro más de una vez, es un acto de amor, cuidando el espacio que le pertenece a Chiquita por oficio.

Juanita, entre Mirtha y Susana. Tranquilamente podrían estar las tres en pantalla.

Mirtha lleva más de medio siglo comandando su mesa. Y, a los 93 años, no tiene pensado jubilarse. Lo bien que hace. Sus dos programas ya son un clásico de pantalla argentina que deberían seguir al aire con su sello. Ser invitado a las cenas o los almuerzos de Mirtha es un sueño cumplido para más de uno. Los que por ahí pasaron, en su mayoría, marcan ese momento como un logro en su carrera.

Más allá de lo que pase una vez que se levanten las restricciones, y que la pandemia sea sólo un mal recuerdo, no sería de extrañar que las dos puedan estar en pantalla con programas diferentes. O alternándose las mesas, quién sabe.

Si están dadas las condiciones sanitarias, Mirtha tendría que volver. No en vano batió un récord por permanencia. Y sería una pena, al mismo tiempo, que el canal no supiera aprovechar el curso intensivo que rindió Juana en estos seis meses.

El estilo de Juana se emparenta al de Susana, por la frescura y la espontaneidad.

Acostumbrada a las cámaras por su trabajo de actriz -fue fenomenal su composición de Renata Medina, la heroína villana de Malparida (2010)-, por oficio y por tradición los estudios de TV le resultan familiares. Entra y juega a la naturalidad.

Su belleza -esto es muy subjetivo, pero tal vez sea el rostro más bello de la Argentina- y la cámara se llevan de maravillas. Da bien, muy bien.

Claro que la Viale conductora de fines de marzo no es la de ahora. La evolución es notable: llega informada, más allá de algunos errores asumidos, sabe escuchar, se mueve cómoda en el humor y se las ingenia para repartir el juego, aún en mesas calientes, como la de hace un par de semanas, con el ministro Sergio Berni y el periodista Gabriel Levinas en un duelo verbal e ideológico del que saltaron chispas. Está atenta y concentrada.

Como lo estuvo en el mano a mano con Jorge Lanata, el último invitado a solas que tuvo su abuela en la era precuarentena.

En la cena a sola con Jorge Lanata, el periodista le aconsejó que se olvidara de la mirada ajena: “Sé vos”.

De Mirtha, entre otras cosas, tiene la capacidad de decir lo que piensa, aún sabiendo que mete los pies en la polémica. Cómo olvidar cuando, refiriéndose al presidente, dijo que “A veces Alberto Fernández parece más un vocero que la persona que toma decisiones”.

Y con Susana comparte la simpleza con la que se toma los furcios, como cuando en esa agitada noche de Berni y Levinas habló de los policías y preguntó sobre sus chalecos de fuerza. El ministro sonrió y le dijo “no, son chalecos antibalas”. Risa, algún tono rojizo en la cara y siguió la charla.

La semana anterior a ésa Lanata le había aconsejado públicamente que no estuviera pendiente de lo que dicen los demás. Que avanzara, que la cámara la quería, que estaba haciendo las cosas muy bien.

Por momentos pareciera que ella misma se sorprende de su desenvolvimiento, de la construcción que hizo semana a semana a propósito de una movida familiar: hay que cuidar a Mirtha y hay que cuidar el espacio de Mirtha. Y ahí están dos de sus nietos: Nacho Viale detrás de cámaras, su hermana delante.

Juana Viale y Andy Kusnetzoff, un interesante duelo de los sábados a la noche en la TV abierta.

Y vaya si hay equipo, que varias veces ha logrado posicionar La noche de Mirtha como lo más visto del sábado, ganando el partido por los puntos de rating frente a PH. Hace tres semanas empataron, las dos siguientes fue triunfo para ella, y esta última vez ganó el ciclo de Telefe.

“Le quiero mandar un beso muy grande a Andy Kusnetzoff por su pronta mejora, así vuelve a hacer sus programas… y competimos, bebé”, le había dicho desde su programa cuando el conductor estuvo internado por coronavirus. Sabe jugar, Juana.

Como sabe, también, que del otro lado de la pantalla tiene, amén del buen rating, la mirada de su abuela: para ella van la vueltita, la descripción de su look y los rituales que a Mirtha le gusta celebrar. Cumple con todo eso, pero siendo ella.

La escena de la descripción del look va siempre dedicada a su abuela.

Ni Mirtha ni Susana: Juana.El tiempo -o ella- dirá si ocupa el trono de El Trece o el sillón más codiciado del living de Telefe. Por ahora están las tres en cancha, aunque una sola esté al aire. Reemplazando a la abuela, recreando por momentos la gracia fresca de Su, pero siempre dejando en claro que no quiere nada que no le corresponda.

¿Se viene La noche de Juana o un Hola, Juana? Quién sabe. Jugando con los títulos de programas, el que mejor le cabe, en ese sentido, es el de una deliciosa comedia de 1986, que emitía ATC, con Carlos Carella y Georgina Barbarossa: Juana va.

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