Juan Pablo Roldán, el policía que no distinguía uniforme ni jerarquía



Juan Pablo Roldán (33) tenía dos pasiones: la Policía y los caballos. Seguir la carrera que le gustaba le dio la posibilidad de combinarlas. Hacía más de dos años que había conseguido el traslado al Cuerpo de Policía Montada de la Federal. Ahí fue donde este lunes se encontró con lo impensado.

“Voy a matarlos a todos”, parecía una provocación delirante pero posible. Por eso el oficial inspector desobedeció la orden de su superior y salió atrás de Rodrigo Roza (51). El final es conocido.

“Siempre me daba miedo, nunca me gustó que fuera policía, él lo amaba, lo llevaba en la sangre, era su sueño”, contó Carolina, su esposa, en la puerta de su casa de Ituzaingó, en el oeste del conurbano bonaerense.

La pasión por la fuerza venía en la sangre. El papá de Roldán, Juan Carlos (63), también había sido policía y estaba retirado. Este martes se acercó a la Montada a retirar las cosas que eran de su hijo. Su personalidad tranquila lo ayudó a cubrir el dolor más grande.

Elba, su mamá, cuenta ante los micrófonos de la tele que no bien cumplió 18, Juan Pablo la “volvió loca” para hacerse la cédula e ingresar a la Escuela de Cadetes de la Federal.

El policía federal Juan Pablo Roldán (33), asesinado en Palermo.

Al menos una vez Roldán pensó en dejar la carrera que había comenzado en 2006, dice Carolina. El tema era que de qué vivir, cómo darle de comer a su hijo de cuatro años. Como era el sustento de la familia, hacía adicionales para ayudar a ese sueldo magro de policía.

Como oficial era respetuoso, disciplinado, bien informado y valiente, en palabras de su jefe, el comisario Augusto Liberati. “A veces incumplía una orden, pero uno se lo perdonaba porque lo hacía por el bien del servicio”, le cuenta a Clarín.

La travesura era salir montado a un caballo por Palermo sin casco y sin permiso. Un poco porque había que “trabajar los animales” un poco más por su pasión.

Sus compañeros destacan de él que era una persona muy atenta a las necesidades de los demás. “¿Y tu familia cómo anda?”, preguntaba.

El policía federal Juan Pablo Roldán (33), asesinado en Palermo.

Por eso el asesinato del oficial causó conmoción a 230 kilómetros, en la localidad de 25 de Mayo, donde está la Delegación de la Policía Federal por la que el oficial había pasado antes. También trabajó en las comisarías 52° y 5° de San Martín.

Esa dinámica de trabajar con juzgados federales de la Provincia era distinta a la de la Montada. Pero Roldán se había adaptado bastante rápido. Cuando hubo que armar grupos de emergencia para salir a reforzar las calles, “cumplió a rajatabla, lo hizo cronometrado”.

“Siempre me contaba su forma de trabajar, le gustaba mucho hablar y contar lo que vivía día a día en su trabajo. Él muchas veces, incluso acá en Saavedra, tuvo conflictos con gente de la calle que vive en las vías y estuvo apoyando a la Policía de la Ciudad, era uno de los que hablaba para ayudar”, recuerda su esposa.

Cuando estaba de franco, era lo mismo. “Yo soy policía y esté de franco, o esté como esté, yo tengo que interceder porque es mi trabajo”, le respondía a Carolina.

En el día a día el oficial inspector tenía como tarea supervisar a 60 agentes, registrar la salida y egreso de los móviles.

La viuda y la madre de Juan Roldán, a pocas horas de la muerte del policía.

El lunes Rodrigo Roza apareció frente al puesto 2, en el ingreso de Cavia y Chonino, y empezó a gritar eso, que iba a matarlos a todos los policías.

“¡Prioridad!”, se escuchó por la frecuencia de radio. El oficial de guardia no estaba, el que seguía en la jerarquía era Roldán. La orden era ir a ver lo que ocurría, sin cruzar la reja.

Roza salió caminando hacia Figueroa Alcorta. “Él pensó como policía, como camarada. En el camino había varias consignas de la Policía de la Ciudad que no tienen una reja de por medio como nosotros. Y este tipo no distinguía uniforme, jerarquía ni nada”, dice Liberati.

Carolina, su esposa, asegura que lo último que su marido le llegó a decir a Roza era “calmate, te queremos ayudar”, que no le quería hacer daño. Este miércoles a las 11 lo inhumarán en el Panteón Policial del Cementerio de la Chacarita. Debido a la pandemia de coronavirus, no habrá velorio.

EMJ

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