“Jatimá tová”, el saludo del Día del Perdón que este año se volvió dramático



El gran día empieza con una mirada compasiva. “Por la autoridad de este tribunal celeste y por la autoridad de este tribunal terrenal, con la autorización divina y la autorización de esta congregación, declaramos que está permitido rezar con quienes han pecado”.

El gran día es -para la tradición judía- el que está transcurriendo hoy: el Día del Perdón, Iom Kipur, el punto más sagrado de la liturgia. La comunidad lo declara: vamos a rezar con quienes han pecado porque ¿quién no?

Y un momento después, cuenta nueva. Pero una cuenta que no se abre para atrás sino para adelante. La oración central del día más importante del año se llama Kol Nidre, es decir “todos los votos” y dice: “Todos los votos, obligaciones, juramentos (…) que nos atan desde este Iom Kipur hasta el siguiente (… ) quedan anulados. Quiera Dios redimir, absolver, perdonar, anular e invalidar y dejar sin efecto esos votos, que no nos aten ni tengan poder sobre nosotros, los votos no serán eficaces ni obligatorios, ni las promesas o juramentos.”

Si te he ofendido o incomodado con mis palabras, acciones u omisiones, te pido lo perdones y me permitas empezar de nuevo.

Yekarim Jaberim, en Yom Kippur importan más las acciones que las intenciones. No lo perdamos de vista.

Gmar jatima tová. Shavua Tov. pic.twitter.com/JmqwoBRQu6

— עצמאות – Dayan (@DyanShalom) September 27, 2020

Nadie es perfecto, nadie cumplirá todo. El trato empieza con una absolución.

Se usa aprovechar estas fiestas para disculpar y disculparse. Sin embargo, en un sentido estricto, se trata de lo que se le ha prometido a Dios. Son las cuentas con Dios las que se arreglan en Iom Kipur. Los judíos ateos, por supuesto, pasamos de largo de Dios pero no de la pertenencia, no de la emoción.

Por estas horas habrán visto en redes sociales y en grupos de Whatsapp un saludo: Jatimá Tová, o Gmar Jatimá Tová. La traducción es algo así como “que te lo firmen bien”. Y habla de un proceso que, dice la tradición, empezó diez días antes, en Año Nuevo (Rosh Hashaná).

Cuenta la leyenda que entre esos días de buenos deseos hasta este de perdón Dios decide quién vivirá y quién no. Y lo escribe en el Libro de la Vida. “Que te inscriban y que te firmen”, solía decirse. Que te firmen bien.

Nadie tiene la vida comprada, el deseo nos cabe a todos, aun sin Dios. Del último Iom Kipur a este, casi un millón de personas murieron por coronavirus. El Libro de la Vida se ha puesto más angosto. Barbijo, distancia, alcohol en gel , vacuna. Este año más fuerte: seamos inscriptos en el Libro de la Vida.

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