Italia intenta frenar el avance imparable del coronavirus con un toque de queda en las principales ciudades



El coronavirus sigue difundiéndose por toda Italia en forma exponencial y este jueves hubo otros 16.079 contagios con 136 muertos en 24 horas. Además, otros 66 pacientes graves se agregaron a los lechos de terapia intensiva, que son el termómetro de peligro de colapso de los hospitales.

El consejero del ministro de Salud, Walter Ricciardi lamentó que se partió “con dos semanas de retraso”, cuando predijo que se podía llegar a 16 mil casos antes de Navidad y “en cambio arribamos ayer”.

En las tres áreas metropolitanas más grandes, que son Milán, Nápoles y Roma, se impone el toque de queda de las 23 a las 5 para inmovilizar a la gente.

La situación más seria es la de Lombardía, la región del norte que fue también la más castigada en la primera fase de la pandemia, que comenzó el 21 de marzo. Este jueves hubo más de 4.000 casos.

Una fila de autos frente a un local donde se realizan tests de coronavirus, en Roma, este jueves. Foto: REUTERS

El toque de queda suena fuerte pero es una medida altamente insuficiente porque en esas horas casi todos duermen. Los dos paquetes de medidas anunciadas por el gobierno para parar la avalancha que en los últimos veinte días hizo pasar los contagios cotidianos de menos de mil a 16 mil casos, vistosamente no sirven para controlar la situación.

La falta de medidas más drásticas se deben al temor del gobierno de hacer hundir rápidamente la economia con una cuarentena rígida, como la que se impuso el 10 marzo, cuando la primera fase de la epidemia tomaba velocidad.

La cuarentena duró 72 días y tuvo un éxito notable. A fines de mayo la curva epidemiológica parecía agonizar. Pero también la economía que se hundió en un 10%, del PBI. El país se está recuperando bien, pero ahora parece llegar la hora de la segunda cuarentena, que el gobierno sigue negando que impondrá porque sabe que esta vez la asfixia será peor y tendrá un precio carísimo en términos de consenso nacional.

“Italia se está muriendo no por el Covid sino por los políticos”, reza un cartel durante una protesta contra el gobierno este jueves en Roma. Foto: AP

Ya los italianos, que sienten el desastre golpear a sus puertas, han perdido la confianza en el gobierno, que había llegado a niveles muy altos. El 53%, según un sondeo, señaló que se ha llegado mal preparados a la segunda fase, que debía inevitablemente venir. Y las principales culpas apuntan al primer ministro Giuseppe Conte.

Hospitales en alerta

Un nuevo número es el índice “maledetto”: 2300. Son las camas de terapia intensiva que, cuando estén todas ocupadas, indicarán que ha llegado la hora de hacer sonar la alarma roja. El total de lechos especiales supera los seis mil, pero los 2300 sumados a otros indicadores sobre la pandemia señalan que en unos días más el riesgo del colapso será una realidad. Actualmente hay 972 pacientes entubados con oxigeno.

El colapso del sistema sanitario es el punto de no retorno de la crisis. Hay menos tiempo que una semana para adoptar las decisiones más dramáticas. El dilema más concreto es el de la necesidad de inmovilizar de golpe todo el país con una cuarentena nacional. O con “cuarentenas seleccionadas” que sean más o menos lo mismo con otras palabras.

Una medida que ya aplica la región del Piamonte es cerrar los centros comerciales el fin de semana. Se piensa además en prohibir el movimiento de gente entre las regiones que es una forma de tratar de eludir las medidas de seguridad.

Pier Luigi Lopaldo, asesor de sanidad de la región Puglia sostiene que “la difusión viral en este momento no tiene limitaciones. Después de un verano de movida y transgresiones, las actividades otoñales como trabajo y escuela han puesto en movimiento a millones de personas en todo el país”.

Los expertos temen un colapso de los hospitales en Italia si siguen en aumento los casos de coronavirus. Foto: AFP

Si la cuarentena se hace inevitable deberá cerrar las “actividades no esenciales”. El gobierno afirma que procederá “en medida gradual”, pero falta el tiempo gradual, se está acabando. Hay que afrontar también el funcionamiento de escuelas y universidades, que reabrieron el 14 de setiembre, y que ponen en las calles diariamente a más de ocho millones de personas.

Los gráficos indican que el nivel “alto” está llegando, mientras el número de pacientes graves en los hospitales se duplica cada semana.

“La infección corre”, afirma Massimo Galli, director de Enfermedades Infecciosas del hospital Sacco de Milán. “En marzo temía la batalla de Milán, que fue evitada gracias a la cuarentena. Ahora en Milán la gente es más suceptible a las infecciones y de esto nos viene la preocupación de lo que sucede en los hospitales”.

Ante el Parlamento, el primer ministro reconoció que la situación “es muy difícil” pero aseguró que el país la está afrontando. Los sindicatos comienzan a movilizarse, viéndose venir el cerrojazo general. Reclaman la renovación el pago de los subsidios cuando se suspende el trabajo y que continúe la prohibición de despidos. Los titulares de bares, restaurantes, pizzerías y otros miles de locales se proclaman en inminente ruina y prometen manifestaciones. En Milán el miércoles hubo protestas de los que se quedan sin trabajo debido al toque de queda nocturno.

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Roma, corresponsal

CB​

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