Habla la mamá de Ángeles Rawson: “Mangeri tiene que cumplir hasta el último día de condena, pero yo lo perdoné”



Jimena Aduriz guarda un último recuerdo de su padre. Ella tenía 12 años y él, 36. “Me robó un pedazo de milanesa, se cagó de risa, se dio media vuelta y se fue. Ni lo vi más. Tuvo un infarto y murió. Pero yo no estuve cuando sufrió el infarto, ni tampoco lo vi muerto. Por eso es un cajón que aun no pude cerrar”, dice Jimena y la historia viene a cuento de otra gran pérdida, la de su hija Ángeles Rawson (16), asesinada hace siete años por Jorge Mangeri, el portero del edificio donde vivía la familia, en el barrio porteño de Palermo, luego condenado a prisión perpetua.

La noche del lunes 10 de junio de 2013 Jimena se dio cuenta de que Ángeles estaba retrasada para cenar, comenzó a llamar a sus amigas y así se enteró de que no había ido a la escuela a la tarde. “Mumi” -como le decían- había desaparecido hacía 12 horas, una eternidad. Entonces Jimena se aterró ante la idea de que algo malo le hubiese pasado y también ante la perspectiva de no encontrarla nunca más.

“Rezaba y rezaba, todos rezábamos, para que estuviera bien. Pero yo pensaba ‘si yo no la encuentro, no voy a poder cerrar esto nunca, nunca’. Entonces, cuando la vi en la morgue, supe que se me venía el mundo abajo pero tenía la posibilidad de un cierre, o algún tipo de cierre… porque el dolor está todos los días”, cuenta Jimena en una entrevista con Clarín, a pocos días de un nuevo aniversario del femicidio que marcó a la sociedad argentina y puso en crisis el papel de los medios de comunicación.

Entrevista con Jimena Aduriz, madre de Ángeles Rawson. Foto: Fernando de la Orden.

-Sos una mujer de fe. ¿Que el cuerpo de Ángeles fuera encontrado entre la basura, y no terminara en un relleno sanitario, lo ves como un milagro?

-Totalmente. En el Ceamse de José León Suárez se revisaba uno de cuatro camiones y ese sistema se había implementado apenas cinco meses antes. Mangeri tiró el cuerpo de Ángeles no en un contenedor común, sino en uno destinado a relleno sanitario para que no apareciera más. Pasaron más de 24 horas hasta que apareció el cuerpo. Yo rezaba “si te fuiste, lo único que te pido es que aparezcas porque yo no voy a poder vivir sin encontrarte”. Le rezaba a Dios: “no me pongas esta prueba, por favor, la tengo que encontrar”. Y después apareció. Por eso, de alguna forma, más alla de lo terrible, de lo dramático, para mí verla en la morgue fue liberador. Y sentí eso en partes por la historia previa que tengo con mi la muerte de mi padre.

-Allá por 2013 dijiste que perdonabas a Mangeri.

-Sí, yo lo perdono a Mangeri. Lo pensaba en ese momento y lo sigo pensando ahora. A ver… soy la primera en decir que tiene que cumplir su pena hasta el último día. Yo nací con una personalidad fuerte. Soy cabrona, me enojo, pero no guardo rencor. Creo que también eso ayuda. Claro que el “perdón”es algo muy personal e intransferible. La verdad es que hay días en los que estoy muy enojada, que no lo perdono nada. Pero si uno tiene la posibilidad de perdonar eso es algo que te libera mucho. Porque te da la posibilidad de no quedar enganchada en el odio… nada te devuelve a la nena. Por ahí suena muy místico pero yo no soy quien tiene que juzgar sus actos, sino Dios.

Jorge Mangeri fue condenado a prisión perpetua.

-¿Cómo imaginarías a Ángeles hoy? ¿Cómo sería?

-Sería psiquiatra. Ella estaba segurísima que quería hacer eso. Igual yo le decía: no me vas a arreglar a mí, mi cielo. Ella quería estudiar medicina para ser psiquiatra y yo, que soy una médica frustrada, le decía “yo voy a estudiar con vos, aunque no me reciba”.

-¿Y que pensaría ella de vos? Seguramente tendría algo que decir de tu militancia en temas de género.

-Si viviera tomaría la posta, estaría mandoneándome. Yo estaría haciendo lo que ella dice.

-Nunca volviste a vivir en el departamento de la calle Ravignani ¿no?

-Nooo, yo me fui de ahí el día que salí a velarla a mi hija y no volví nunca más. Salí con lo puesto y no volví. Las cosas las fueron a buscar mi marido y mi prima. Despues de que la enterramos a la gorda mi hermano me dijo “no podés volver a tu casa porque es un horror”. Además ya había guardias periodísticas. Todavía no se sabía lo de Mangeri ni nada. Él me llevó a su casa en San Isidro. Todos nos fuimos a San Isidro. Después de que Mangeri quedó imputado, la misma fiscal nos dijo que no era conveniente que volviéramos al departamento. En parte por el tema mediático y en parte porque ahí seguía viviendo la esposa de Mangeri.

El edificio de la calle Ravignani al 2300, donde vivía Ángeles Rawson. Foto Diego Waldmann.

-¿Y que pasó con ese departamento?

-Hace seis años lo puse en alquiler por un precio bajo. Es un departamento muy piola, y me lo alquiló una chica que es veterinaria y le queda cerca de la casa de la mamá. Se enamoró del departamento y se quedó. Me lo cuida, es una amor.

-Y nunca fuiste, ni siquiera de paso.

-Dos veces. Y la segunda vez que volví encontré una de las últimas remeras de Mumi, una que se había hecho un poquito antes de morir. Se la habia hecho ella con lentejuelas. Era una que decía Mumi. La encontré tirada en el patio, toda mojada, porque el patio filtraba agua. Y la verdad es que eso me hizo tan mal… Pero algún dia voy a volver a vivir ahí. Ese ciclo no lo tengo cerrado todavía. Voy a volver porque es mi casa. Yo no siento eso por ninguno de los departamentos donde viví después, ya sea en San Isidro o cuando murió la mamá de Sergio, mi marido, y nos mudamos acá.

La remera de la que Jimena habla en el reportaje.

-¿Seguís con Sergio Opatowski?

-Sí.

-Supongo que fue muy duro el momento en el que para todos era el principal sospechoso.

-No entendíamos nada. Cuando apareció el cuerpo de la gorda, el martes 11, toda esa tarde y el miércoles a la mañana (cuando fui a reconocerla a la morgue) los medios fueron muy amorosos. Hablaban maravillas de la nena y decían que Sergio era el papá del corazón. Y de repente, el jueves, cuando volvimos del entierro, todo había cambiado rotundamente. El viernes tuvimos que entrar a la fiscalía que estaba rodeada de periodistas. La Policía nos dejó a media cuadra. Decí que yo tengo uno de mis hijos que pesa 130 kilos, es una mole. Me golpeaban y esto era a las 10 de la mañana y nosotros habíamos enterrado a la gorda el día anterior. No entendíamos por qué se había vuelto todo tan hostil. Yo estaba fóbica, ¡tenía un miedo! ¡un terror!

Sergio Opatowski, el padrastro de Ángeles Rawson, en el Palacio de Tribunales. Foto Alfredo Martínez.

-Horrible. ¿Y Sergio?

-Sergio llegó a la fiscalía después. Le decían ¡asesino! Yo lo vi recién cuando salí de declarar. Pobrecito, estaba con un nivel de angustia tremendo. Lo hicieron entrar corriendo al edificio de la fiscalía como si fuera un sospechoso. Eso fue un montaje muy, muy feo, y de hecho también de eso se agarraron los medios para hacer todo lo que hicieron. Para mí el principal responsable de lo que pasó entonces fue el autopsiante. Fue él quien tiró la posibilidad de los abusos anteriores. Mandó cualquiera y a raíz de eso nos colocó como sospechosos.

-¿Encauzaste el dolor en la militancia?

-Eso me ayudó. Cuando a vos te matan a una hija, cuando se te muere un hijo, también se muere el proyecto. Es un dolor muy cruel porque es un dolor vigente, que está como el primer día. Si ese dolor vos no lo ponés en algún lado te volvés loca. No tenes muchas opciones, sino te morís. Es una gran necesidad la de poner todo ese amor trunco, ese proyecto trunco en el servicio, militancia por las mujeres, por la ley de víctimas, en un comedor. Así encontrás la verdadera felicidad y alegría.

-¿Tus otros hijos cómo están?

-Haciendo lo que pueden. Por suerte nosotros tenemos muchos recursos a nivel del amor. En su momento trabajamos muchísimo el ensamble de la familia. A Sergio y Axel (hijo de Opatowski) los conocíamos desde hacía años. Con Sergio estuvimos cuatro años de novios hasta que uno de los chicos le dijo: “¿Qué vas a hacer, te vas a casar con mi mamá?”. Tenemos una familia con mucho amor, con mucho compañerismo. Eso nos ayudó muchísimo en el desparrame que hubo.

Franklin Rawson y JImena Aduriz, los padres de Ángeles Rawson, el día de la perpetua a Jorge Mangeri por el femicidio. Foto Lucía Merle.

Ángeles fue enterrada en Jardín de Paz. A Jimena le queda muy lejos, pero cada año va dos veces sin falta: los 10 de junio (aniversario del crimen) y los 23 de octubre, día de su cumpleaños. Jimena nunca falta. Pero este 2020 el coronavirus​ amenaza con impedirle cumplir con ese ritual.

“Ese tema me tiene re mal. Ya sé que no puedo hacer la misa para homenajearla y eso me parte la cabeza de dolor. Pero al menos ir al cementerio, por lo menos querría ir a verla. Tengo mucha tristeza porque no sé si voy a poder hacerlo. Sería algo muy cruel”, remata Jimena.

Faltan pocos días para el aniversario. Ella no pierde las esperanzas.

EMJ

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