Grupo Insud, vacuna Oxford, Bioceres, Consejo Agroindustrial: el camino argentino hacia el siglo XXI



La causa fundamental por la que en la Argentina se desarrolla la vacuna de Oxford, es porque existe una fuerza de trabajo altamente calificada que se encuentra entre las primeras del mundo por su nivel científico y tecnológico.

En las tres plantas de Garín, en que se desempeñan 1.600 trabajadores, incluyendo 600 científicos de nivel internacional, el Grupo Insud – presidido por Hugo Sigman, que a su vez es el principal accionista privado de Bioceres- desarrolla en su laboratorio mABxience el extraordinario proceso de transferencia de tecnología que es la vacuna Oxford que puede terminar con el coronavirus en los próximos seis meses, un acontecimiento de alcance mundial que tendría lugar, entre otros –asombrosamente- en la Argentina.

A la cabeza del ecosistema biotecnológico argentino se encuentra Bioceres, entidad fundada hace 18 años por 400 productores agroalimentarios de punta, cada uno de los cuales aportó U$S 100.

La vacuna contra el covid de la Universidad de Oxford será producida en la Argentina.

A través de un acuerdo público – privado de excepcional consistencia y envergadura canalizado por el Conicet, y a través de una alianza con la Universidad Nacional del Litoral (UNL), Bioceres ha logrado más de 200 patentes biotecnológicas de nivel internacional –los estándares los fija Estados Unidos-, en una notable trayectoria científica y tecnológica que ha culminado con su conversión en la primera start up agrícola de Wall Street.

El mundo biotecnológico argentino está constituido por unos 800 grupos científicos, además de 1.000 proveedores altamente especializados de las 20 empresas de punta encabezadas por Bioceres. En este sistema altamente innovador y competitivo se encuentra el Grupo Insud, que es uno de los tres grandes conglomerados biotecnológicos del mundo.

Los rasgos característicos del sistema biotecnológico argentino – el primero de América Latina y uno de los tres más avanzados del sistema global- son dos: surge, en primer lugar de una estrecha vinculación público privada, que es un ejemplo paradigmático de lo que puede hacer el respaldo del Estado a un sector esencial de la sociedad civil; y luego, que es ciencia aplicada, resultado de una íntima alianza entre una elite científica de nivel mundial –de la que es probable que surja el cuarto Premio Nobel de la Argentina en bioquímica / biotecnología, en la línea de Bernardo Houssay, Federico Leloir y Cesar Milstein-; y el sistema productivo agroindustrial, que es el primero del mundo.

El ecosistema Bioceres es la manifestación más lograda de la bioeconomía argentina, el complejo productivo que abarca desde la producción primaria hasta el grupo Insud y las otras 16 start ups agrícolas high tech que aspiran a cotizar en Wall Street, con la mediación de la agroindustria que es la primera del sistema global por su capacidad de innovación y su nivel de productividad. La bioeconomía es la dimensión biológica de la nueva revolución industrial, que es la cuarta en la historia del capitalismo.

Lo esencial de la bioeconomía como dimensión biológica de la cuarta revolución industrial, es que no antagoniza a la naturaleza, como hicieron sus tres predecesoras, sino que se funde con ella, asume su lógica, y se convierte en “ciencias de la vida”.

La principal ventaja comparativa de la Argentina en materia de bioeconomía no está en sus recursos naturales, sino en la extraordinaria calificación de su capital humano, que es el propio de una sociedad profundamente moderna y volcada al futuro como la argentina, de altísimo nivel de participación social y política; y que por eso es la más politizada del mundo.

La Pampa Húmeda posee las tierras más fértiles del sistema global, junto con las “Tierras Negras” de Rusia y Ucrania; y están situadas a no más de 300 km del puerto oceánico de Rosario de donde parten los navíos a sus destinos asiáticos.

La “Pampa Húmeda” fue transformada y colonizada por la “Pampa Gringa”; y se trasformó en uno de los tres principales centros agroalimentarios del planeta –junto con EE.UU y Rusia- hace 150 años; y fue entonces, como lo sigue siendo ahora, una experiencia hipercapitalista, volcada al mercado mundial.

En su trayectoria se encuentran tanto el experimento de los laboratorios de Garín –un logro nacional- como la propuesta de desarrollo del Consejo Agroindustrial Argentino, que cuenta con el respaldo de la totalidad del sistema político, gobierno y oposición incluida.

Garín, Grupo Insud, Bioceres, Rosario, Consejo Agroindustrial: este es el camino que lleva a la Argentina del presente hacia el futuro y la convierte en una de las avanzadas del siglo XXI.

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