“Esta sociedad se ha convertido en gerontofóbica”



¿En qué nos hemos convertido? ¿Son invisibles las personas mayores? ¿Somos una sociedad que, con el corazón congelado, guarda bajo la alfombra sus derechos? Es tiempo de pensar y decidir si les seguiremos sacando a nuestros mayores la condición de individuos.

Un adulto mayor es trasladado de un geriátrico. (Foto: Germán García Adrasti)

Me pregunto, ¿a qué se deben tantas voces en silencio, o silenciadas? ¿Cuándo habrá comenzado esta actitud frente a ellos? La postergación, la marginalidad, el olvido, son un límite tan delgado que parece desprecio. Las noticias los convierten solo en un número y en una condición recurrente: en viejos y enfermos.

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Se los muestra amontonados y dolientes en los centros que los agrupan, y cuanto mayor es la desigualdad social, más dantesca la escena. No es la pandemia. La pandemia viene a mostrarnos lo que somos. En verdad, somos el virus.

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Esta sociedad se ha convertido en gerontofóbica. La enfermedad no es patrimonio exclusivo de la vejez, como no lo es la salud de la juventud. Muchas personas de la cuarta edad incluso están activas y cumplen tareas. El mundo envejece. Un fenómeno único en la historia de la humanidad, en el que hoy podemos ver cómo conviven varias generaciones. Habrá más octogenarios y nonagenarios.

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Entonces, ¿qué hacemos con nuestros viejos? ¿Los descartamos? Les recuerdo que la Argentina ratificó la Convención Interamericana sobre la Protección de Derechos Humanos de las Personas Mayores.

Que la pandemia nos encuentre entonces recomponiendo políticas públicas y sociales, que no solo los incluyan, sino que apunten a reconocerlos. Un país civilizado trabaja unido para salvarse, no importa en qué parte de la recta de la vida se encuentre cada uno.

Stella Maris Sorondo

marisasorondo1@hotmail.com

Voces, reclamos y esperas de jubilados

Jubilada en una protesta. (Foto: EFE/ Aitor Pereira)

Escuché a María Fernanda Raverta, titular de la Anses, en un reportaje por el canal de noticias TN. Me produjo dolor de cabeza escucharla repetir como una maquinita la misma historieta varias veces. Ni qué decir la cantidad de veces que dijo “Nuestros jubilados y nuestras jubiladas. Nuestros pensionados y nuestras pensionadas”. No les pertenecemos a ustedes, no les pertenecemos a nadie, somos absolutamente independientes. Dice que nos cuidan.   Yo no quiero que me cuiden, me cuido solita. Lo único que quiero es que me paguen la jubilación que me corresponde y no migajas que quedan después de repartir la plata del Anses a diestra y siniestra.

Emma Alba Dolorini

emma_dolo@hotmail.com

Mirá también La mitología griega cuenta que Sísifo fue condenado a empujar eternamente una roca por la cuesta de una montaña, porque al llegar a la cima la roca caía una y otra vez. Las políticas aplicadas en nuestro país son un triste reflejo de este mito, debido a que en la historia argentina son incontables las veces que se recurrió a las mismas herramientas, emisión monetaria y depreciación de las jubilaciones, con el fin de superar las crisis a las que nos acostumbraron quienes ejercen el poder. Y hay que tener en cuenta que los dos últimos saqueos que padecieron los beneficiarios no pueden endilgarse a la pandemia, ya que el primero fue durante el gobierno anterior con la modificación de la movilidad jubilatoria, y el segundo con la suspensión de la misma a principios de este año por parte del gobierno actual.  Ambas decisiones fueron tomadas por distintos partidos, pero con similar objetivo: ahorrar millones de pesos mediante la reducción del aumento que constitucionalmente corresponde a nuestros mayores. Aquí se demuestra que dichas medidas no son de izquierda ni de derecha, pues son ejecutadas por quienquiera que deba atravesar la debacle económica. ​¿Y por qué se ataca a los jubilados? Por ser uno de los eslabones más débiles, al no estar en actividad no pueden parar, no tienen la estructura para realizar una gran movilización, sumado al agotamiento de luchar durante toda una vida para evitar la confiscación de sus ahorros o la devaluación de sus ingresos por parte de cada nuevo gobierno que vieron asumir.

Flavio E. Sfulcini

fesfulcini@gmail.com

Mirá también Señor presidente Alberto Fernández, la pandemia lo ha puesto en un lugar incómodo e intolerante. Incómodo porque nunca habrá imaginado que tendría que afrontar semejante problema. Intolerante porque lo obliga a enfrentar sus contradicciones y a abandonar convicciones manifestadas públicamente. No se enoje, por ejemplo, con los que salen a correr porque en su momento fueron autorizados. No se enoje con los que abren sus negocios, porque lo hacen para intentar vender algo que les permita subsistir. Hacer política sanitaria rigurosa es necesario para evitar muertes, pero, al mismo tiempo hay que sostener la economía para que la gente tenga de qué vivir. No exija cumplir con protocolos si se fotografía abrazado y sin tapaboca. Es una mala manera de comunicar. Por último, usted prometió devolver a los jubilados lo que la ley de Mauricio Macri les quitó en 2017, pero no lo hizo. Los bonos y el magro aumento dado a los que cobran la mínima lo financió con lo que les restó mes a mes, y va a seguir haciendo hasta 2021, a los que con todo derecho cobramos por encima de ella. En cambio, nos aumentan arbitrariamente hasta que haya una nueva ley, seguramente peor que la anterior. Eso sí, estoy seguro que nadie saldrá a romper todo por ello. ​Señor Presidente, la gente intenta sobrellevar la pandemia cuidándose como mejor puede y espera del Estado que lo asista adecuadamente. No nos rete, somos grandes.

Jorge Landini

jorgelandini@hotmail.com

Mirá también El defensor porteño de la Tercera Edad, Eugenio Semino, solicitó al Poder Ejecutivo Nacional un aumento mientras dure el estado de excepción de esta pandemia en las jubilaciones elevando la mínima a $30.000 mensuales; actualmente en $16.864. El pedido se funda en que los precios de los alimentos y medicamentos se elevaron muchísimo, la canasta básica del jubilado es de $45.000 mensuales, están encerrados hace más de tres meses porque constituyen grupo de riesgo, no tienen ninguna posibilidad de efectuar actividad y lo que cobran no les alcanza para vivir ni para el pago de alquileres o de servicios. La Anses, mientras tanto, no paga las sentencias judiciales y en cambio paga ingreso familiar de emergencia (IFE) a más de ocho millones de personas. Incluso hay proyectos para universalizarlo con el consiguiente perjuicio de los jubilados porque no se los contempló. A todo lo anterior le agregamos que la fórmula de movilidad está congelada hasta diciembre. Sin mencionar la paralización de las causas judiciales al no funcionar Tribunales. Un panorama desolador. ​En consecuencia, el aumento pedido viene a cubrir necesidades básicas insatisfechas de subsistencia del sector mas castigado del país que durante la cuarentena no recibió ningún mejoramiento de su situación y que ya no pueden ni debe esperar.

Mario A. Parafati

​malejandroparafati@gmail.com

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