Escándalo en el Teatro Real de España: se suspendió una función por falta de distancia social



Todo estaba dado para que la función de la ópera Un ballo in maschera, la obra de Giuseppe Verdi, pudiera disfrutarse en el Teatro Real de Madrid. Pero un grupo de espectadores consideró que el protocolo vinculado al coronavirus no se cumplía y se armó un escándalo.

La función del domingo 20 se suspendió tras las quejas de varios de los asistentes por la recolocación de algunos espectadores en butacas en las que supuestamente no se guardaba la distancia de seguridad. Y el revuelo continuó puertas afuera…

“Estábamos pegados como piojos sin un solo sito libre, te dejo video y para entonces ya nos habíamos ido muchos”, denunció en Twitter, por ejemplo, la escritora Rosa Montero.

“A gritos de ‘¡fuera! o ‘¡suspensión!’ los abonados en esta zona del Real impidieron ya que arrancara la función a su hora prevista (20) al considerar que el aforo en esa parte del teatro superaba lo permitido, cuando en otras zonas, según testimonios de algunos asistentes a través de las redes sociales, había dos butacas de separación entre espectadores”, publica el diario La Vanguardia.

No sé en platea, pero en butacas Premium, las más caras, estábamos pegados como piojos sin un solo sito libre, te dejo vídeo y para entonces ya nos habíamos ido muchos, por ejemplo las butacas vacías delante de quien graba eran la mía y la de mi acompañante https://t.co/JDrOB3VCw1 pic.twitter.com/pvF6g1WkPm

— Rosa Montero (@BrunaHusky) September 21, 2020

“Ante la trifulca montada, el Real anunciaba por megáfono que ‘los que no quisieran quedarse o no estuvieran de acuerdo con la recolocación podían pedir la devolución del importe de las entradas”, agrega la publicación de La Vanguardia.

En un principio la orquesta tocó, las protestas continuaron, lo que obligó al maestro Nicola Luissoti a bajar del podio y detener la representación.

La Policía Municipal de Madrid fue hasta el lugar. Desde la dirección del teatro juraron que se cumplían “todas las normas vigentes”. Ahora, desde el teatro se abre una investigación.

El director general del Teatro Real, Ignacio García-Belenguer Laita; y el presidente, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, durante una rueda de prensa para ofrecer explicaciones. (DPA)

En un comunicado de la entidad, se aclara que había 905 localidades ocupadas, un 51,5 por ciento del aforo total de la sala.

“Después de la reubicación de una gran parte de los espectadores que protestaban, y de dos intentos de interpretar la ópera por parte del director de orquesta y de todos los artistas y técnicos que participaban en la función, un reducidísimo grupo insistió en proseguir con sus protestas para boicotear la representación, por lo que la misma tuvo que suspenderse, cerca de las 21.10 horas”, indica la versión del Teatro Real.

En las redes sociales el debate continuó y se agrandó. “Vergüenza en el @teatro_real en la jornada de hoy de Un Ballo in Maschera. Mucho control de acceso por turnos, pero todas las butacas ocupadas sin distancia de seguridad. Las de paraíso, claro. En platea mínimo dos sitios libres entre cada grupo de asistentes”, se quejó un usuario de Twitter que subió la imagen.

“Lamento profundamente lo sucedido en el Teatro Real; estoy en contacto con sus responsables y sé que han abierto una investigación interna para averiguar lo que sucedió. Ahora hay que esperar al resultado de esa investigación”, comentó la consejera madrileña de Cultura, Marta Rivera de la Cruz.

El teatro Real de España y la función que se suspendió por falta de distancia social (Captura TV).

Un ballo in maschera era la pieza con la que se estrenaba la temporada 2021 en el Real. Fue lanzada dos días antes con la presencia de los Reyes.

Mientras, por estas horas Madrid restringe el movimiento en algunos barrios para frenar la segunda ola de Covid-19.

Parte de los habitantes del sur de Madrid se rebelaron contra los nuevos confinamientos selectivos.

Más de 200 policías locales controlarán el cumplimiento de las medidas, que tendrán una duración de 14 días y que establece también una limitación en las reuniones de diez a seis personas, una reducción genérica de los aforos al 50% y la realización de un millón de test con el objetivo de identificar a las personas infectadas.

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