Entre exposiciones y conciertos, un recorrido por la vida de Beethoven en Viena



Una de las comidas favoritos de Ludwig van Beethoven eran los macarrones con queso. Aunque parezca una elaboración común hoy en día, en el siglo XIX esta pasta italiana, acompañada normalmente de parmesano, se consideraba de lo más exótica. Y no sólo eso: costaba hasta tres veces más que un plato de arroz.

Este es uno de los interesantes datos que se pueden aprender en La Casa de la Música, un museo ubicado en el centro de Viena que está dedicado a los fenómenos acústicos y que, actualmente, ofrece una exposición sobre la vida de Beethoven (hay que usar barbijo, no se acepta efectivo y hay que mantener la distancia).

En este año tan revuelto por el coronavirus, casi tanto como el carácter del músico alemán, se celebran los 250 años de su nacimiento (en diciembre de 1770 en Bonn, Alemania) a través de diversas exposiciones, conciertos y actividades en toda la ciudad.

Una vista de la ciudad de Viena. Foto Shutterstock

Siguiendo el hilo gastronómico, para descubrir cómo tomaba Beethoven su café hay que dirigirse a la casa donde vivió y compuso su Sinfonía Nº 2, en la que actualmente se ubica el Museo de Beethoven.

Lo explica el biógrafo Anton Schindler: cada taza de café debía contener, ni más ni menos, sesenta granos de café y tomarse siempre por las mañanas. En este museo, además, se puede ver el audífono original del músico, leer la famosa carta en la que acepta su sordera incurable y experimentar cómo, al final de su vida, usaba el sistema de conducción ósea del cuerpo para interpretar las vibraciones del piano.

Artistas contemporáneos

Para comprender la influencia de otros músicos en la obra de Beethoven es interesante dirigirse a la vivienda de otro gran compositor de la época, Wolfgang Amadeus Mozart. La Mozarthaus Vienna alberga, hasta finales de enero de 2021, la exposición “La tríada del clasicismo vienés: Haydn, Mozart, Beethoven”, que muestra las similitudes, los paralelismos y las diferencias entre los tres gigantes musicales.

En este particular viaje cultural, que va del barroco al romántico, descubrimos la relación entre que mantenían entre sí: Mozart y Haydn eran amigos cercanos, Haydn fue maestro de Beethoven, y Mozart y Beethoven, pese a la leyenda urbana que lo confirma, nunca se conocieron en persona.

El Pabellón de la Secesión cuenta con los frisos de Beethoven de Klimt. Foto Shutterstock

El Friso de Beethoven, por su parte, es otra visita obligada relacionada con el compositor. Este increíble mural pintado por Gustav Klimt en 1901 se inspira en el cuarto movimiento de la Sinfonía n.º 9, la misma que se convertiría en los años 70 en el himno de Europa. Poder verlo hoy es todo un privilegio, ya que se realizó para una exposición temporal -precisamente, dedicada al 75 aniversario de la muerte de Beethoven- y debía destruirse al final de la misma.

El friso también es una buena oportunidad para pasear por el Pabellón de la Secesión, un magnífico edificio del 1897 inspirado en la naturaleza -en la época lo llamaban despectivamente  “el manicomio del sultán” o “el Taj Mahal centroeuropeo”- que se convirtió en el símbolo de este movimiento artístico revolucionario. El mismo movimiento que, sabiamente, defendía el concepto de “arte total”, según el cual, uno solo puede ser feliz cuando se rodea de cosas bellas.

La mejor música en directo

Cuando pensamos en Viena no lo hacemos tanto en el schnitzel, los bombones Mozart o la noria del parque de atracciones del Prater sino en algo mucho más relacionado con la Navidad: el concierto de Año Nuevo. Pues bien, aunque no se pueda visitar la capital austríaca en una fecha tan específica, sí que podemos presenciar un concierto de música clásica en la impresionante Sala Dorada del Musikverein.

Sala de conciertos Goldener Saal (Golden Hall) de Wiener Musikverein en Viena. Foto Shutterstock

Los conciertos de este año, como no podía ser de otra manera, incluyen sesiones con las sinfonías más conocidas de Beethoven y nos permiten visitar la sala de conciertos más famosa del mundo. Muy cerca, el clásico Theater an der Wien, que este 2020 entrenó la única ópera del músico, Fidelio, ofrece la opción de ver óperas subtituladas y de pasear por un teatro clásico que se ha mantenido prácticamente igual a lo largo de los años. Al lado, los más melómanos tienen su hospedaje ideal: el Hotel Beethoven tiene habitaciones inspiradas en el compositor y en la música clásica en general y organiza conciertos de música en directo todas las semanas.

Y ya que estamos en el centro, vale la pena pasear entre las silenciosas estancias de la Biblioteca Nacional Austríaca. Con más de 200.000 tomos a la vista, catalogados según su año de publicación, este espacio barroco también se sumó a las celebraciones con la exposición Beethoven. Mundo de los hombres y destellos de los dioses.

Aunque la muestra ya ha terminado, aquí se puede consultar todo aquello publicado sobre el genio musical -incluso en esperanto-, ya sean cartas personales, ensayos o literatura sobre su vida. Una manera inmejorable de acercarse a un genio que cambió la música y la cultura europeas para siempre.

Fuente: La Vanguardia

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