Encierro y distancia vs. libertad y acercamiento: las contradicciones del turismo en tiempos de coronavirus



Quizá la respuesta más honesta frente a cuestionamientos que nos hacemos todos los días sobre cuándo volveremos a viajar o a dónde podremos viajar sería decir “no sé”.

Nuestro espíritu viajero también está sujeto a las curvas: curvas que suben cuando el ánimo está arriba y nos ponemos a soñar con futuras vacaciones aún sin saber con certeza cuándo podría ser o si el bolsillo dará para ir a algún lado. Curvas que descienden abruptamente cuando la otra curva, la de los contagios, se eleva.

Empecemos de vuelta. ¿Podremos viajar? ¿Podemos hablar de turismo sin vacuna? La industria turística en su conjunto -agencias de viajes, aerolíneas, hoteles, destinos- se debate en esta suerte de círculo vicioso o callejón sin salida en el que nos puso de golpe y sin anestesia la pandemia del coronavirus.

Paneles protectores, máscara facial y barbijo, entre los protocolos en el Hotel NH de Av Cordoba 405. Foto: Rafael Mario Quinteros.

Un mundo en el que hay que regirse por reglas radicalmente distintas de las que regulaban nuestra vida cotidiana: además del barbijo a cuestas y un frasquito de alcohol en gel para toda ocasión, no podemos estar muy juntos, no podemos compartir, no podemos acercarnos demasiado, abrazarnos, besarnos ni tocarnos.

Aquellas ciudades y pueblos cuya economía se centra en la actividad turística se debaten entre la desesperación por el regreso de los visitantes que generen ingresos y la sospecha de que puedan traer el virus y hacerlos retroceder varios casilleros… una vez más.

Hay idas y vueltas. Lo vemos en Europa: los turistas alemanes arrancaron felices con una prueba piloto de viajes organizados a las islas Baleares en el Mediterráneo a mediados de junio, cuando todavía España no había abierto fronteras con el resto de Europa; ahora Alemania le pide a sus habitantes que no viajen a España por la suba de casos en el país ibérico.

“Mi espacio”: un hombre marca distancia social para disfrutar de la playa en Gandia, cerca de Valencia, España. Foto: JOSE JORDAN / AFP

Lo vemos aquí: la provincia de Jujuy fue la primera en habilitar el turismo interno a fines de mayo; tras una rápida escalada de casos, hoy es una de las que acumula más contagios fuera del AMBA.

“Un mundo donde algunos de los principales pasaportes del mundo, como el de Estados Unidos, no tengan la entrada permitida en los principales centros turísticos del mundo, claramente no es un mercado turístico normal”, explica Jorge Gobbi, especialista en turismo, Doctor en Ciencias Sociales y creador de El Blog de Viajes, uno de los primeros blogs sobre turismo en la Argentina.

“Pasamos de un mundo donde todos querían más turistas, en particular de los países más desarrollados y con mayor capacidad de consumo, a otro donde se opera en el marco de la agenda de la sanidad pública. Una agenda en la que sólo son admitidos aquellos cuyos países cumplan con parámetros como baja cantidad de contagios o testeos frecuentes. Es, posiblemente, una de las consecuencias más impactantes de la pandemia: los turistas ya no son necesariamente bienvenidos”, agrega Gobbi.

Equipo de limpieza en un avión de Delta en el aeropuerto JFK de Nueva York. Foto: REUTERS/Shannon Stapleton

Juego de opuestos

Esto también se puede ver del lado de los viajeros. Se evalúa el dejar la “seguridad” de la casa, terreno conocido con sus ventajas y desventajas y las ganas de viajar, frente al temor, por ejemplo, de quedar varado por un cierre repentino de fronteras o cancelación de vuelos, o la posibilidad de contagiarse estando de viaje.

Una gran paradoja o contradicción que atenta de todos los modos posibles contra una actividad que se centra en el movimiento constante de personas y en la interacción.

Todo lo que implica el turismo es opuesto a lo que impone el coronavirus. “Por eso no debe extrañarnos que el sector más golpeado sea el nuestro. Mi mayor preocupación no está en la coyuntura de le excepcionalidad, sino que las consecuencias que sobrevivan al coronavirus no se conviertan en obstáculos para la reactivación rápida del sector”, explica Gustavo Santos, ex ministro y secretario de Turismo de la Argentina y autor, junto con Michel Durrieu, del libro “El Después. Turismo y Humanidad”.

Turistas en la sección de Badaling de la Gran Muralla, cerca de Beijing, China. Foto: Xinhua/Chen Zhonghao

“Coronavirus significa encierro; viajar significa salida. Coronavirus es distanciamiento; viajar es acercamiento al otro. Coronavirus es miedo al distinto; el viaje es aproximación al otro, conocimiento del otro”, compara Santos, y agrega: “Siempre sostuve que el turismo, la axiología del viaje, es la de la libertad, y hoy estamos viviendo una axiología que se opone a la de la libertad. Estamos caminando en un sutil desfiladero o una fina cornisa entre la preservación de nuestra salud y la pérdida de nuestras libertades individuales”.

Lo que parece estar claro es que para volver a hablar de turismo -de lo que conocemos como turismo-, falta un largo trecho. La industria aérea tiene grandes dificultades para recuperar el tráfico y los pasajeros; siguen presentes –y muy cambiantes- las restricciones en el movimiento de viajeros internacionales con exigencias de cuarentenas prolongadas o prohibiciones para determinadas nacionalidades o la obligatoriedad del testeo-; y también es cierto que los nuevos rebrotes provocan dudas.

“No podemos funcionar si cada uno toma decisiones en forma aislada, individual y si no se puede pasar de un lado al otro”, dice Santos y agrega que primero debe haber “una integración nacional, ser capaces de transitar dentro del país, (tener) vuelos de cabotaje y después generar una estrategia para relacionarnos con países de la región”. Que haya “protocolos comunes”, por ejemplo. Parece difícil hablar de turismo si no hay opciones de movilidad, si no hay viajes.

El Cerro Catedral reabrió a mediados de julio para residentes locales con pases comprados.

¿Turismo sin vacuna?

“Sí, soy de los que sugieren que en Latinoamérica y en Argentina pensemos en cómo reactivar el turismo progresivamente con controles necesarios. Pero no podemos esperar hasta que aparezca la vacuna. El turismo es demasiado importante como factor de producción, empleo y equilibrio en la sociedad”, dice Santos.

Y señala: “No podernos darnos el lujo de tener una actividad como esta congelada. Creo que pasada la primera etapa de fuerte de cuarentena que vivió todo el mundo (entender qué pasaba, preparar el sistema sanitario, preparar a la sociedad en conductas de prevención sanitaria…) y hasta que llegue la vacuna que pondrá fin al problema, hay una etapa larga de transición en la que no se puede vivir más encerrado”.

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