En un barrio privado de Escobar rescataron a un lobo marino perdido y ya lo rehabilitan para volver al océano



Frente al aislamiento por la pandemia del coronavirus, el silencio y la baja circulación de autos abren paso a la aparición de especies silvestres que encuentran calma entre las calles solitarias del Conurbano Bonaerense.

Entre ciervos, carpinchos, serpientes y delfines que desde hace tres meses se dejan ver en los partidos de San Fernando y Tigre, ahora se sumó la aparición de un lobo marino de dos pelos en el barrio cerrado El Cazal de Escobar.

Un vecino caminaba por las calles internas de una urbanización privada cuando se topó con el animal arrastrándose por el asfalto. Significaba una amenaza para su supervivencia ya que las aguas del Río Luján se encontraba a unos 400 metros de distancia. 

En el operativo de rescate participaron cuadrillas municipales de Escobar, Fundación Temaikén y la Dirección de Fauna de la Nación.

Para poder capturarlo con el equipamiento adecuado se presentaron las cuadrillas del municipio, Defensa Civil, especialistas de Fundación Temaikén y la Dirección de Fauna de la Nación que lograron contenerlo con una red.

“Estas acciones nos atraviesan profundamente como Municipio porque es nuestra responsabilidad preservar la vida y fomentar el cuidado de animales”, expresó el intendente Ariel Sujarchuk en Facebook.

Después de unas horas en Temaikén, fue trasladado al centro de rehabilitación de Mundo Marino en San Clemente del Tuyú, donde comparte el ambiente con otros de su especie. Allí recibió primeros auxilios y le hicieron los chequeos médicos.

El lobo marino fue sometido a primeros auxilios y estudios que le dieron buenos resultados.

“Cuenta con buena salud, peso y fuerza. Son condiciones óptimas para que regrese a su ambiente natural”, explicaron desde la Municipalidad de Escobar a Clarín acerca del operativo que tomó lugar hace una semana.

Según aseguraron, pronto será liberado en el mar de la Costa Atlántica.

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El lobo marino de dos pelos, como se conoce a esta especie, forma parte de la fauna del litoral y para los vecinos del Delta del Paraná es frecuente encontrarse con esta especie.

Lo que suele suceder es que por diversos motivos se alejen de su zona natural del mar (por perseguir comida, alejarse de un depredador o destrucción de su hábitat), ingresen en cauces fluviales y queden varados -como sucedió en este caso-.

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