En Ghana, la campaña por promover los anticonceptivos lo lidera una mujer católica



Por KWASI GYAMFI ASIEDU 

ACCRA, Ghana — El último domingo antes de la Cuaresma, la doctora Leticia Adelaide Appiah, que vive en un bungalow del gobierno en un barrio acomodado de esta ciudad, la capital de Ghana, fue la primera de su familia en estar lista para ir a misa.

La Iglesia Católica Cristo Rey se ubica a 6 minutos en auto, y en los días previos a que el coronavirus provocara el cierre de las iglesias, asistía con regularidad a las misas diarias.

“Ella es una católica de cuna. La bautizamos dos semanas después de que nació”, dijo Susanna Kankam, de 77 años y madre de Appiah.

El catolicismo es una parte central de la identidad de Appiah, pero en su ocupación laboral desafía activamente una de las eternas doctrinas del Vaticano, que “condena como siempre ilegal el uso de medios que impidan directamente la concepción”.

En su posición como directora ejecutiva del Consejo Nacional de Población en Ghana, es la funcionaria de Salud Pública independiente por mandato constitucional responsable de asesorar al gobierno en todos los asuntos de población.

Preocupada de que el crecimiento descontrolado de la población frene el desarrollo de su país, Appiah, que se describe a sí misma como una “terrible introvertida”, se ha convertido en la defensora en Ghana del uso de anticonceptivos y la planificación familiar.

El manejo de la fertilidad es una problemática seria en Ghana, donde la población se ha disparado a unos 30 millones de habitantes, comparados con los aproximadamente 12 millones en 1984, y donde sólo el 20 por ciento de las mujeres en edad reproductiva utiliza un método moderno de planificación familiar.

Sus puntos de vista sobre la anticoncepción han provocado que un sacerdote la describa como el “anticristo”.

Appiah, de 55 años, dijo que cree que su labor de activismo tiene un respaldo divino. “Creo que Dios tiene sentido del humor”, expresó con una risita. “Dejar que una católica haga esto es extraño”.

Appiah nació en Accra en 1964 dentro de la realeza. Su padre era un importante jefe en el este de Ghana, mientras que su madre es miembro de una familia real en una región diferente del país.

Sobresalió en la escuela y obtuvo una beca para estudiar Medicina en lo que entonces era la Unión Soviética. Llegó a Donetsk, en Ucrania, en 1985. En las rondas en el hospital, el lugar más feliz era la sala de partos, afirmó.

“Eran flores; eran risas; era alegría”, recordó. “Se podía ver que estos bebés estaban rodeados de amor y felicidad”.

Regresó a casa en 1993 con la idea de capacitarse como ginecóloga, pero dijo que en Ghana experimentó “el shock más duro de mi vida”.

Las salas de maternidad en Ghana se parecían muy poco a las de Ucrania. “Los bebés nacían y sus padres ni siquiera venían”, comentó. “Eran abandonados, y los bebés regresaban meses después del parto, desnutridos”.

El sacudón la inspiró a cambiar su especialización. Obtuvo una maestría en Salud Pública en 2003 y se convirtió en directora de Salud de un gran distrito de Accra. Terminó un doctorado en 2018.

Desde que Appiah asumió su cargo actual, ha propuesto que se incluyan servicios gratuitos de planificación familiar en el paquete de seguro de salud del Estado y se proporcionen a las madres primerizas. Esas medidas aún tienen que ser aprobadas, pero se está llevando a cabo una prueba en seis distritos.

Appiah descartó la posibilidad de que pudiera ser excomulgada por la Iglesia Católica.

“No pueden excomulgarme porque no voy a irme a ninguna parte”, aseveró. “Nací católica y moriré católica”.

© 2020 The New York Times

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