En España, el coronavirus se ceba con los residentes en geriátricos: afirman que en la primer ola murieron más de 20.000



Las residencias de mayores siguen siendo el talón de Aquiles de la gestión de la pandemia de coronavirus en España.

Pasaron diez meses desde que se detectó el primer caso de coronavirus aquí y los casi 5.500 centros españoles para ancianos vuelven a desangrarse en muertes y contagios.

Mientras toda Europa atraviesa la segunda ola covid, el gobierno español aún no dio una cifra oficial de infectados y fallecidos en los geriátricos de España desde el inicio de la emergencia sanitaria.

Desde hace unos días, sólo circula un borrador de la Secretaría de Estado de Derechos Sociales en el que se hace, por primera vez, una estimación de fallecimientos por Covid-19 en las residencias hasta el 23 de junio: según ese documento, la pandemia provocó la muerte de 20.268 personas que vivían en centros para mayores privados, públicos o subvencionados.

La mayoría de las muertes se han producido en geriátricos de Madrid, de Cataluña, de Castilla y León y de Castilla-La Mancha.

La cifra representa casi la mitad de los fallecidos contabilizados durante la primera ola de la pandemia.

Hoy ese dato se repite: el 50 por ciento de los fallecimientos por coronavirus en la segunda ola de contagios vuelven a darse en las residencias de mayores, según los datos aportados por las comunidades autonómicas.

Personal sanitario visita a un enfermo ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos -UCI- del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, en Barcelona. Foto: dpa

El dato, triste y doloroso, no sólo afecta a España: la Organización Mundial de la Salud calcula que más de la mitad de las muertes por Covid-19 registradas en toda Europa corresponden a personas que vivían en asilos para ancianos.

Los primeros días de noviembre, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, admitió que los brotes en las residencias siguen activos “pero no tienen para nada el impacto que tenían en la primera ola”, dijo.

En los siete días anteriores al 5 de noviembre se detectaron 137 brotes en geriátricos que produjeron 1.877 contagios entre las personas mayores que allí viven.

Según Simón, esta vez la letalidad es menor: “En el primer período, en los mayores de 80, incluso llegaba al 22 por ciento -señaló-. Ahora mismo ha descendido al 7 por ciento.”

Otro dato poco alentador llega desde la Justicia: la mayoría de los cientos de denuncias presentadas por familiares de personas mayores que fallecieron o se infectaron en residencias para ancianos fueron ya archivadas por sobreseimiento.

En Madrid, donde había más de 200 querellas y denuncias presentadas por particulares o asociaciones, ninguna se judicializó.

Entre marzo y abril, cuando los geriátricos eran el caldo de cultivo ideal para la propagación del virus a la velocidad de la luz, la ministra de Defensa, Margarita Robles, llegó a denunciar que, en sus tareas de desinfección de las residencias, el Ejército había encontrado a personas fallecidas conviviendo con otros residentes en algunos centros.

La investigación judicial fue derivada a las fiscalías de las comunidades autónomas a las que pertenecían las residencias denunciadas pero, por ahora, no hay avances en la investigación.

Desde Marea de Residencias, la plataforma que reúne a personas que viven en los geriátricos, a sus familiares y a quienes trabajan en estos centros de mayores, confirmaron a Clarín que están organizando una marcha para el 22 de noviembre. “Que quede claro: Residencias para vivir, no para morir”, es la consigna.

Madrid. Corresponsal

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