Emiliano Kargieman: “Lo endeble que es la Tierra vista desde el espacio es algo sorprendente y aleccionador”



Hace diez años participó de un programa de posgrado que se dicta en Ames, un centro de investigación que tiene la NASA en Mountain View, California, Estados Unidos, y allí se le despertó la pasión por los satélites que se lanzan al espacio y armó su emprendimiento específico llamado Satellogic, considerado de los más innovadores de la región. Años después, en el 2013, Emiliano Kargieman llevó al espacio el primer nanosatélite de la historia argentina, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación en colaboración con el INVAP.

Desde Barcelona, donde decidió mudarse con su familia justo el día que llegó el coronavirus a esa ciudad, Emiliano, que en su juventud también fue hacker, planea en octubre enviar diez nuevos satélites al espacio. En lo inmediato, este martes saldrá un satélite desde Guayana Francesa cuyo nombre, Hypatia, es en honor a la filósofa griega que vivió en el siglo IV en Alejandría. Desde niño hasta hoy, su cuerpo y alma están extrapolados en el futuro.

-¿Qué es lo que más le sigue impresionando cuando ve las imágenes que toman sus satélites de la Tierra?

– Observar que desde el espacio no ves las fronteras de la Tierra, se pueden ver sí zonas muy desarrolladas y otras que están al lado y no tienen nada. Mirar todo el mundo en su conjunto me permite tomar distancia y ver todo con otra perspectiva, en una pequeña atmósfera donde pasan todas las cosas que nos interesan y ver lo débil y endeble del Planeta es siempre sorprendente y aleccionador. La sensación es que urge que aprendamos a gestionar el mundo de un modo más racional a como lo venimos haciendo. Desde el espacio ponemos los pies sobre la tierra para ver cómo está cambiando nuestro mundo.

-¿De qué modo puede aportar con esta tecnología para que se gestione mejor el planeta?

– Estamos ayudando a la toma de decisiones para las industrias, gobiernos e individuos con todo lo que captamos desde nuestros satélites. El planeta Tierra no tiene escasez de recursos sino un problema de optimización de los mismos, de distribución del agua, energía, alimentos. Pero va llegar un momento que la Tierra nos va quedar chica y ahí sí no va tener más nada. Pero hoy tenemos una necesidad de usar los recursos de otra manera para sostener a los diez mil millones de personas que seremos en las próximas décadas. Estamos atrapados por la lógica del crecimiento. Y este impacto se ve en el cambio climático donde hay que poner un freno a este consumo por el bien de la Tierra.

-¿Se pueden buscar recursos fuera de este universo?

– El espacio tiene mucho para ofrecer ahí, afuera de la Tierra los recursos son infinitamente mayores. La industria espacial tiene que poner la cabeza ahí. La Luna va ser un espacio disputado, conquistado y de conflictos entre las grandes potencias.

-¿Cómo se ve a la Argentina desde el espacio? ¿Es acaso un país con mucha riqueza natural pero deficientemente distribuida como siempre hemos leído y escuchado?

– Sí, es así, Argentina y muchos lugares del mundo. Nuestro país no tiene escasez de recursos, tiras cualquier cosa en la pampa húmeda y crece. Tenemos una costa enorme, radiación solar, energía termoeléctrica, vientos. Tenemos todo lo que necesitan los argentinos y obviamente siempre está la pregunta de cómo hicimos tan mal las cosas teniendo los recursos disponibles para lograr que todos estén mejor.

-¿La pandemia modificó en algo todo el análisis que viene haciendo desde su mirada puesta al futuro?

– La pandemia está mostrándonos un montón de debilidades que tiene nuestra sociedad, el planeta. Un evento así rompe con esa idea de control que teníamos todos los humanos. Tenemos un montón de problemas que no podemos seguir procrastinando, como el cambio climático y cómo usamos los recursos del planeta para darle energía a la gente. Lo que nosotros estamos haciendo hace diez años es pensar de qué modo optimizamos los recursos que tenemos, basándonos en datos y no en supersticiones. La pandemia nos muestra como un virus recorre todo el planeta muy rápidamente pero también nos exhibe un problema que es común a todos como el cambio climático donde se da más lentamente y es más difícil darse cuenta cuándo nos vamos a quemar.

-¿Encuentra una relación entre el coronavirus y el cambio climático?

– No hay una relación directa pero sí un aviso por lo interconectados que estamos en el mundo. Y que la naturaleza es muy difícil de domar. Creo que la pandemia nos despertó a que veamos, por ejemplo, cómo construir sociedades más resilientes y que estén preparadas a cambios que van a venir.

-¿Por ejemplo?

– Cómo armamos sistemas de gobierno, sociedades, herramientas que nos permitan sobrevivir a este tipo de cosas. Vemos que un porcentaje de la sociedad no está en condiciones de generar valor, que su capacidad de producir trabajo es clave pero no en confinamiento y quedan afuera del sistema productivo ya no en base a un cambio tecnológico sino por un patógeno.

-¿Qué piensa de ARSAT y el rol del estado en las telecomunicaciones a través de tecnología satelital?

– Argentina es un país muy grande con áreas muy poco pobladas donde el acceso a la comunicación, al ancho de banda es muy difícil y que vayan inversores privados es complejo. En ese sentido es totalmente razonable que el estado pueda brindar esos servicios. Pero hay que entender y medir que cada peso que se invierte tiene un efecto y una contraparte. Hacemos trenes, puertos, rutas, satélites y está perfecto pero tenemos que poder medirlo. Siempre nos faltó el impacto de esas inversiones. El objetivo de ARSAT podría ser excelente.

Señas particulares

Emiliano Kargieman tiene 45 años, es porteño, CEO de Satellogic y desde hace tres décadas se dedica a desarrollar tecnología. Formado en matemáticas y física, aunque formalmente no se recibió en ninguna, con su actual compañía planea tener 60 microsatélites orbitando para el 2022 (los primeros los lanzó desde China y Rusia respectivamente). En el 2013 llevó al espacio el primer nanosatélite de la historia argentina, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación en colaboración con el INVAP. Por su trabajo, fue galardonado con la distinción que otorga Singularity University con sede en NASA Ames Campus,

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