Elecciones en EE.UU.: un país profundamente dividido que debe mirar hacia el futuro



Cuando todos los votos hayan sido contados y se sepa al fin quién será el líder de la primera potencia mundial en los próximos cuatro años, los estadounidenses estarán exhaustos después de transitar uno de los períodos más dolorosos y divisivos que muchos recuerden. Y también esperanzados en vivir con un poco más de “normalidad”.

Estados Unidos llegó a las elecciones en medio de una pandemia sin precedentes que mató en el mundo a 1,2 millones de personas y aquí más de 230.000, con casi 10 millones de contagiados. Con una economía que cayó en picada a niveles históricos y millones de desempleados. Y con un presidente que minimizó la profundidad del drama y que, en un año electoral, se resistió a tomar medidas preventivas para no cerrar el país.

Además, la división en la sociedad que ya planteaba la controvertida figura del presidente Donald Trump se había exacerbado al límite estos últimos tiempos, plagados de insultos y golpes bajos, una grieta que se reflejaba en grupos de amigos, en las mesas familiares y en las redes sociales. En Estados Unidos desaparecieron los matices, las estrategias y las posiciones políticas. Sin dudas, esta elección fue completamente copada por la omnipresencia de Trump. Se lo ama o se lo detesta.

Igualmente, en las recorridas por el interior del país, esta corresponsal pudo advertir cierto cansancio del estridente estilo presidencial. Los trumpistas elogian la capacidad de gestión de Trump, la marcha de la economía antes del covid, sus políticas en general e incluso toleran sus mentiras, que evada impuestos y los límites difusos entre sus negocios públicos y privados.

La elección en el estado de Florida se definía voto a voto este martes a la noche. Foto: BLOOMBERG

Pero muchos manifestaron desacuerdo con el comportamiento agresivo del presidente, el maltrato a los rivales o el uso desmedido de su Twitter. Lo justifican, dicen que pelea contra los demócratas, pero preferirían que fuera de otra manera. Más “normal”, según comentaban. Es bien posible que a Trump que no le importe el dato en un segundo mandato, pero debería tomar nota de ese desgaste que podría afectar las elecciones legislativas de 2022.

Las urgencias del próximo mandatario

El próximo jefe de la Casa Blanca deberá afrontar ahora el camino que viene, durísimo por cierto, pero tendrá aún más urgencias que al asumir Trump hace cuatro años, cuando Barack Obama ya había comenzado a enderezar el desastre de la crisis del 2008. Por eso, ya desde el momento en que se sepan los resultados el elegido deberá ocuparse de la pandemia porque hay un peligroso rebrote en casi todo el país y el invierno se avecina.

Con una continuidad republicana en la Casa Blanca, es probable que los planes sanitarios sigan con el mismo enfoque. Pero con un Joe Biden ganador, será difícil que Trump entregue el manejo de la pandemia en la transición, antes del 20 de enero, porque el republicano tiene un enfoque muy diferente al demócrata.

Fichas biográficas de Donald Trump, de 74 años, y de Joe Biden, de 77. Fuente: AFP

Pero debería hacerlo porque es, literalmente, un tema de vida o muerte. La recuperación económica inminente estará atada a la pandemia. El repunte de más de 7 puntos de PBI que se observó en el último trimestre puede ser un espejismo ante el avance del coronavirus.

Esta elección estuvo centrada en el carácter de los candidatos, la anormalidad versus el regreso a la calma, a lo previsible. Pero, más allá del resultado y las personalidades, en los próximos cuatro años el partido demócrata y el republicano tendrán el desafío de definir su identidad.

Los demócratas optaron por un candidato varón, blanco, que tendrá en enero 78 años, que es apoyado por Wall Street y con todas las credenciales que el establishment precisa. Era la mejor carta que tenían para enfrentar a un fenómeno controvertido y a la vez carismático como Trump, que ha superado un impeachment, 26 causas por acoso sexual y un desfile de funcionarios que se fueron de la Casa Blanca denunciando que su jefe es peligroso e incompetente.

Carteles de Trump y de Biden junto a un centro electoral, este martes, en Flint, Michigan. Foto: AFP

Pero las fuerzas demócratas más progresistas empujan por reformas radicales en salud, educación, medio ambiente y mayor diversidad. Es posible que esa tensión se sienta en estos años. Si bien Kamala Harris se erige como la posible candidata para 2024, los demócratas deben definir su perfil en estos años.

El partido republicano ya debería comenzar a definir un futuro sin Trump, más allá del resultado. Hasta ahora han soportado no solo su estilo sino la violación de principios básicos de la agrupación como el libre comercio, la globalización, el multilateralismo, el liderazgo en el mundo y el ingreso de inmigración.

Fue porque el magnate demostró tener un carisma y popularidad que ningún otro republicano en estos tiempos supo tener. Y pudo conectar con un sector de los estadounidenses que se sentían marginados por la desigualdad, la desindustrialización y la evanescencia del sueño americano. Encima, Trump no buscó ampliar el espectro de sus votantes sino que volvió a apuntar a sus bases trabajadoras, blancas y rurales. Los republicanos saben que deben enfocar el partido lejos de la ira y más cerca de la inclusión. Lo necesitarán para el 2024.

Washington, corresponsal

​CB

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