Elecciones en EE.UU.: ¿A quién votan los militares?



La campaña para las elecciones presidenciales en Estados Unidos llega a la recta final con un esfuerzo maratónico de los candidatos por ganar simpatías de último momento. Tanto el presidente Donald Trump como su rival demócrata Joe Biden han apuntado sus últimos cartuchos para convencer a los adultos mayores, a los latinos y a otras minorías. Pero, ¿a quién votarán los militares el próximo martes?

Los veteranos de guerra estadounidenses prefieren a Trump (52,4%) antes que a Biden (42,3%), aunque su apoyo al presidente ha bajado en relación a la anterior elección (60%), según una encuesta sobre la intención de voto de los militares del Institute for Veterans and Military Families de la Syracuse University. Entre los militares en actividad, el preferido es Biden (41% frente al 37%).

“Los veteranos tienen tendencia a ser más conservadores que los militares jóvenes”, estima Rosalinda Maury, investigadora de ese centro.

Trump presume de haber cumplido sus promesas de hace cuatro años a las fuerzas armadas: aumentar el gasto en Defensa y retirarse de los teatros bélicos (Irak y Afganistán). ¡E incluso de las bases en Alemania!

Como todo él, nada es cierto o falso. El gasto militar ha aumentado en términos absolutos pero sigue por debajo del registrado en el primer mandato de Barack Obama y queda aún más lejos del 2002, con George Bush, en plena escalada en Afganistán.

Los asuntos exteriores o el papel militar de EE.UU. en el mundo han desaparecido de las preocupaciones nacionales. Siria, Irak o Afganistán ya no aparecen en los medios de comunicación y las redes. Sólo la relación con China importa, pero sin exagerar (es la principal inquietud para… un 1% de los encuestados por Gallup).

Un grupo de militares en un aeropuerto de Austin, Texas, preparados para una operación contra el narcotráfico y la inmigración ilegal en la frontera con México, en 2018. Foto: AP

Para el Pentágono, esta elección ha tenido una única preocupación: las amenazas del presidente de desplegar el ejército en las calles durante los disturbios del verano así como sus insinuaciones maliciosas sobre el voto por correo y la posibilidad de no aceptar el resultado. De ahí que el presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, el general Mark Milley, lanzara una aclaración a finales de agosto. “No preveo ningún papel de las fuerzas armadas en el proceso electoral”.

Lejos de la política

Los militares saben cuál es su papel en Estados Unidos: mantenerse al margen de la política. “Creo profundamente en el principio apolítico del ejército de Estados Unidos”, recordó el general Milley. Aunque ocho de los 45 presidentes han sido militares de formación –desde George Washington a Ike Eisenhower-, lo fueron al margen de la institución. Y cuando trataron de mezclar ambiciones y uniforme salieron trasquilados.

El mejor ejemplo es el general Douglas MacArthur, el héroe del Pacífico, el arquitecto del Japón de la postguerra, el último César americano.

“Lo destituí (en 1951) porque no aceptaba la autoridad presidencial. No tiene nada que ver que fuese un imbécil hijo de puta, que lo era”, afirmó el presidente Harry Truman sobre su fulminante destitución de Mac Arthur al frente de las tropas que combatían en Corea. Mac Arthur había tratado de “puentear” al presidente -y “comandante en jefe” del ejército- a través de sus amigos en el Capitolio, disconforme con el curso bélico en la península coreana.

El ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, saluda a militares durante un acto en Washington en 2011. Foto: AFP

Esta vez, los militares de EE.UU. votarán más que nunca sobre el carácter de los candidatos y no en base a sus propuestas o promesas. El paso del tiempo ha diluido dos asuntos que desempeñaban un papel importante en las campañas desde los años 90: la hoja de servicios en tiempos de servicio militar obligatorio y el apoyo expreso de militares prestigiosos.

El senador republicano Bob Dole trató de rentabilizar su heroica participación en la Segunda Guerra Mundial –que le dejó una mano paralizada- frente al “cobarde” de Bill Clinton, que eludió Vietnam, en la elección de 1996. Ganó el demócrata. Otro tanto ensayó el republicano John McCain frente a Barack Obama en el 2008. Y también perdió.

La inexistencia de las convenciones ha borrado también el ritual de un militar laureado saliendo al estrado para destacar, rutinariamente, los valores morales del candidato. Un fenómeno que empezó en la elección de 1988 y ha pasado a mejor vida.

Los veteranos de guerra han perdido, a la vez, su homogeneidad y no han sido especialmente cortejados por Trump o Biden. Desde la guerra de Secesión y hasta la de Vietnam, con las dos contiendas mundiales, los veteranos formaban un segmento electoral importante en números y autoridad moral. Sus opiniones reforzaban las cualidades del candidato. Esta vez han sido barridas por la pandemia de coronavirus, el estado de la economía y el plebiscito sobre Donald Trump.

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Por Joaquín Luna

CB​

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