El Protocolo Covid 19, un VAR de la sociedad argentina



 Antes de la pandemia del Covid-19, la palabra “protocolo” era, para una inmensa cantidad de argentinos de poco uso o casi desconocida. Rara vez en alguna que otra charla de café, podría mencionarse y era casi inexistente en una reunión familiar o de amigos.

El protocolo, sin dudas, era algo reservado a los actos oficiales o rozaba nuestros oídos por alguna cuestión profesional: médicos, farmacéuticos, escribanos o abogados, hacían un tímido uso de ella.

La masificación de esta palabra y su comprensión, está entre las pocas cosas positivas que trajo la crisis sanitaria que desató el Coronavirus (si es que algo bueno podría rescatarse); se nos impuso por su uso diario y repetido. La palabra “protocolo” es una expresión ordenadora, nos indica los pasos a seguir, las categorías y las jerarquías de las acciones que debemos tomar y repetir sin apelación, para que las cosas salgan bien.

Porque es cierto que hubo cambios de hábitos y conciencia colectiva respecto del cuidado de la salud: el lavado de manos frecuente, el distanciamiento social, toser o estornudar tapándose boca y nariz con el codo flexionado, evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca, entre otros.

Todo esto, ¿podría haber ocurrido, sin esta “espada de Damocles” del contagio de un virus, que nos puede llevar a la muerte? Sin duda, no.

Hoy todo puede analizarse con la vara del Protocolo, “las cosas se hicieron acuerdo al protocolo o no”, es decir, “se hicieron bien o mal”. Hay un parámetro, una regla, un modelo de sujeción.

En otro orden, mirémoslo desde el prisma de lo social. Hoy desde el más modesto local del conurbano, o de las cadenas de supermercados, todos tienen su protocolo; la población, en general, practica, a su manera, su protocolo y saben que deben moverse y actuar bajo las reglas de esta palabra si no quieren enfermar.

Esta nueva radiografía social habla también de una nueva conciencia social y vale preguntarse: ¿No será que esta modalidad que indica que todo tiene un modo de hacerse, unas reglas que hay que respetar, una guía de prácticas y usos, viene bien para la sociedad argentina, caotizada y enferma de anomia?.

Los argentinos hemos vivido décadas de desapego a la normas, del “dale nomás que no pasa nada”, de movernos en el espacio social como si fuera propio y exclusivamente nuestro, depredándolo, destruyéndolo, ignorando que al lado mío hay un otro, y ese otro tiene el mismo derecho que yo a disfrutar un lugar común limpio y ordenado.

El Coronavirus no dejó lugar para los “vivos”, que rompen las reglas y transgreden, como adolescentes que buscan comprender el mundo.

Saltear las reglas y la sociedad de la anomia tienen un justificativo “Blue” es decir, una explicación elegante. Un artilugio retórico, para no decir que nuestras conductas han sido antisociales, lamentables, moralmente objetables e incluso delictivas.

Así. Lo grave no es tan grave, lo que esta mal no está tan mal. Nos justificamos por ser un pueblo cálido, solidario y generoso; por nuestro carácter latino, porque somos flexibles (para disfrutar un poco la vida) y permitimos el corrimiento incesante de límites hasta llegar al abismo, que es el lugar donde los límites desaparecen.

En definitiva, el protocolo, que la pandemia puso en boca y práctica de todos, trae y traerá consigo un mejor ordenamiento para la vida cotidiana en sociedad. Sin dudas, la conciencia de protocolo va a acarrear nuevos modos de ser en la persona y nuevos modos de hacer en la sociedad, por lo que tras el Coronavirus, si bien nadie puede decir como será el mundo, si podemos decir que la Argentina tendrá un cambio y ese cambio será positivo: el protocolo, la regla para actuar tendrá otros protagonismo. Saldremos de está situación, sin dudas y como dice el escritor y poeta José Narosky, debemos hacerlo sin temor y sin dudas porque “Los que vuelan suelen rozar con sus alas a los que no saben volar”.

Los argentinos y la Argentina, tendremos la resiliencia para salir de esta pandemia. Nadie se salva solo y nadie se levantará solo. Saldremos y tendremos éxito si empezamos por los valores y el apego a las reglas. Recordando al inmenso Albert Einstein cuando dijo: “Intenta no volverte un hombre de éxito, sino un hombre de valor”.

Jaime Selser es Licenciado en Comunicación Social. Eduardo Roust es periodista y consultor en comunicación.

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