El incendio de un campo de refugiados deja a sus habitantes temeroso por lo que vendrá



LESBOS, Grecia — Han estado durmiendo a un lado del camino, en estacionamientos y en las laderas. Han montado carpas improvisadas con palos de bambú y cobijas.

Unos 4 mil niños, incluidos cientos de bebés, y 8 mil adultos han quedado varados sin refugio en la isla griega de Lesbos luego de que incendios arrasaron con su inmundo campamento de refugiados a principios de este mes.

“Escapamos del fuego, pero todo es negro”, dijo Mujtaba Saber, sentado sobre una delgada frazada extendida en una calle, junto a su hijo de 3 años. Su bebita de 20 días dormía cerca en los brazos de su madre.

Incendios destruyeron el campamento de refugiados Moria en Lesbos a principios de mes, dejando sin albergue a 12 mil migrantes, incluidos unos 4 mil niños. Foto: Mauricio Lima/The New York Times.

Los incendios han intensificado un desastre humanitario en las islas del Egeo, donde Europa alberga a decenas de miles de migrantes en campamentos hacinados con una severa escasez de inodoros, regaderas, atención médica e incluso alimentos.

Los campamentos son una pieza central de la estrategia de la Unión Europea, tras la crisis migratoria de 2015-2016, para frenar el movimiento de personas procedentes de Medio Oriente, Asia y África que intentan llegar a Europa. Moria, el campamento ahora destruido, durante años fue un emblema poco favorecedor de la política europea.

La destrucción del campamento, el más grande de Europa, “fue una tragedia”, declaró Kyriakos Mitsotakis, el Primer Ministro de Grecia, en un discurso. “Fue una llamada de advertencia para que todos se sensibilicen. Europa no puede permitirse un segundo fracaso en el tema migratorio”.

Trabajadores humanitarios y funcionarios griegos dicen que los incendios fueron iniciados por un grupo de solicitantes de asilo que estaban enojados porque el gobierno les había dicho que guardaran cuarentena luego de un brote de coronavirus, y puso a todo el campamento en confinamiento.

Los grupos de ayuda y la Comisión Europea —la rama ejecutiva de la UE que ha financiado gran parte de la operación de los campamentos, pero no ha asumido la responsabilidad de su miseria— habían advertido que las condiciones hacían de Moria un caldo de cultivo ideal para brotes de enfermedades.

Más de un millón de personas entró a Europa en 2015, huyendo de la violencia y la pobreza, y la gran mayoría llegó a las costas de Grecia. La mayoría se dirigió al norte, a países más ricos. Pero algunas naciones se negaron a aceptarlos, e incluso en los países más hospitalarios, la disposición de acoger a más disminuyó con el tiempo.

La Unión Europea envió fondos extra a Grecia e hizo tratos con Turquía y Libia, pagándoles para evitar que los migrantes avanzaran al interior del continente. Quienes llegan a Grecia deben permanecer en campamentos mientras se procesan sus solicitudes de asilo, lo que puede tardar más de un año.

Originalmente construido para albergar a 3 mil personas, Moria se extendió con rapidez a olivares y campos. Hace seis meses más de 20 mil solicitantes de asilo vivían allí. La pandemia aceleró la reubicación de miles, pero cuando se desataron los incendios, el campamento aún tenía 12.600 personas.

“Creo que dormir en la calle es malo, pero Moria es peor”, dijo Mahbube Ahzani, de 15 años, que tenía 10 meses viviendo en el campamento con su familia. Pero lo que será peor, dijo, es el “nuevo Moria”.

“Lo están construyendo de nuevo, y no quiero ir, será una prisión”, dijo sobre la ciudad de tiendas de campaña que el Ejército griego está instalando. Las autoridades griegas informaron que esperan reubicar rápidamente a los migrantes en 2 mil tiendas de campaña en el nuevo campamento, acomodando a seis personas en cada tienda.

Los migrantes temen que simplemente sean puestos de nuevo en confinamiento donde el coronavirus estará sin control.

Después de que se detectaron los primeros casos en Moria a principios de este mes, el gobierno respondió poniendo en cuarentena a todo el campamento, en vez de aislar sólo a los infectados y sus contactos cercanos.

Grupos médicos protestaron porque con miles de personas hacinadas, la decisión puso a todos en riesgo.

Niki Kitsantonis contribuyó con reportes a este artículo.

© 2020 The New York Times

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