El GP de Austria del escándalo: el día que Barrichello se dejó pasar y el público abucheó a Schumacher



Rubens Barrichello, con las manos cruzadas en la espalda, mira al frente. Está en lo alto del podio pero el himno que suena no es el brasileño sino el alemán. A su derecha está Michael Schumacher, quien poco después recibe el trofeo por el Gran Premio de Austria y se lo entrega a su compañero de equipo. Poco antes, Ferrari había dado la orden para que Schumi ganara y Barrichello la había aceptado.

El Gran Premio de Austria del 12 de mayo de 2002 quedó en el recuerdo como el más escandaloso. Barrichello había dominado toda la carrera, cediendo la punta solo en las dos veces que paró en boxes, y tres vueltas antes del final escuchó por la radio “Dejalo pasar”. No lo hizo hasta que entraron en la última recta, cuando desaceleró su Ferrari y Schumacher lo sobrepasó.

“Me gustó toda la carrera menos los últimos 200 metros, no sabía que el equipo dio la orden”, dijo el alemán, que al cruzar la meta vio los pulgares abajo del público y al bajarse del auto escuchó el abucheo. Su decisión, entonces, fue dejar el primer lugar del podio y colocar allí a Barrichello, el ganador moral. Lo compartieron luego cuando sonó el himno italiano por Ferrari y otra vez volvió a cedérselo tras recibir de manos del canciller austríaco el trofeo.

“Tuve que respetar la orden pero preferiría no haberla recibido. Igual me apena que hayan abucheado a Michael”, comentó el brasileño en la conferencia de prensa posterior a la carrera, donde Schumi hizo su descargo. “El campeonato parece definido pero ¿qué pasa si me rompo la pierna como en el 99 y no puedo correr las dos carreras?”, se preguntó. Se sabe que eso no ocurrió: terminó con casi el doble de puntos que Barrichello e igualó a Juan Manuel Fangio con cinco títulos de F1.

Los crónicas de aquellos días repudiaron lo que ocurrió en Spielberg. “Ferrari planeó un indignante final para que ganara Schumi”, tituló Clarín en el suplemento deportivo del 13 de mayo. En Brasil, en tanto, la cadena O’Globo levantó la programación habitual para seguir comentando lo que calificó como “vergüenza histórica”. Y hasta generó la reacción del entonces presidente del país, Fernando Cardoso, quien dijo: “Hoy, todo Brasil es unánime. Rubens Barrichello fue el vencedor en Austria. El trofeo es de él”.

“Ferrari planeó un indignante final para que ganara Schumi”. La página del suplemento deportivo de Clarín.

En la pista también hubo quejas hacia Jean Todt, el director general de Ferrari, que ahora es presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). “Lo que hiciste es la peor burla que vi en 22 años en la Fórmula 1”, le gritó Patrick Head, su par en Williams. Mientras que Flavio Briatore, quien impartía las órdenes en Renault, reclamó un castigo de la FIA y opinó: “Que Ferrari se vaya el diablo. La F1 puede vivir sin Ferrari, que considera a los espectadores como idiotas y manipula los resultados”.

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El público se sintió decepcionado y entre los habitantes de Maranello, donde está ubicada la sede de Ferrari, no faltaron aquellos fieles que se acercaron al cura para pedirle que si Jean Todt fuera a confesarse por su “pecado” no lo perdonase.

Pero ni él fue a confesarse ni cambió la postura de Ferrari. “Esta es una actitud que adoptaremos hasta que el campeonato se defina en favor de Schumacher. Me importa un bledo lo que opine la gente, porque lo que interesa es lograr el objetivo”, advirtió Ross Brawn, el director deportivo de la escudería.

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Lo ocurrido en Austria no pasó desapercibido y el castigo llegó. Pero no por lo ocurrido en la pista. La FIA determinó que “es la labor de cada escudería garantizar que sus pilotos contratados observen los procedimientos del podio y no avergüencen en ningún modo a las autoridades nacionales de los países donde se celebra un Gran Premio”.

Entonces, como Schumacher recibió el trofeo pero no saludó al canciller austríaco, la FIA le impuso una multa de un millón de dólares a la escudería Ferrari y a sus pilotos. La mitad de la suma debió pagarse de inmediato y el resto fue aplazada a un año.

El momento en el que Schumacher, sin saludar al canciller austríaco, le da el trofeo a Barrichello. Foto: AFP PHOTO JEAN-PIERRE MULLER

La orden del equipo no fue sancionada, como tampoco ocurrió con las que llegaron después en Ferrari y en tantos otros. Sin embargo, el bochorno del final de esa carrera no pudo evitar entrar en las páginas imborrables de la categoría más importante del mundo, esa que este viernes volvió a acelerar en Austria tras la suspensión por el coronavirus.

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