El Gobierno ya les da de comer a 11 millones de personas y cree que esa cifra se mantendrá por años



Es lo esencial dentro de lo esencial. Y muestra el impacto de la crisis en los sectores más bajos. El Gobierno les da de comer actualmente a 11 millones de personas, casi un cuarto de la población del país, y cree que esa cifra se mantendrá por años; aun cuando pase la pandemia por el coronavirus y la economía se encamine a una nueva normalidad.

La demanda ya era alta, en un país que lleva tres años consecutivos de recesión, pero tuvo una explosión brutal con la llegada del covid, en marzo. “En 15 días pasamos de alimentar a 8 millones a tener que asistir a 11 millones”, resume el ministro de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Arroyo.

El primer objetivo declarado para esa cartera, anunciado en campaña y con un comité donde se sumaron diferentes actores de la sociedad -desde Marcelo Tinelli a Juan Grabois-, era justamente un Plan Contra el Hambre. Pero de ser el primer programa del ministerio pasó a ser el único.

Más datos para dimensionar la crisis: el 90% del gasto de Desarrollo Social hoy se destina a alimentos y sólo un 10%, a planes vinculados con el empleo. Al 31 de julio, se destinaron a este rubo unos 70.000 millones de pesos, a razón de casi 14 millones por día. “Y en todo 2019 se habían gastado 28.000 millones”, comparan en Desarrollo.

La foto de la primera reunión oficial del Consejo contra el hambre, el 20 de diciembre. Entre otros, Tinelli, Carlotto y Caparrós.

Esa semana explotada en 15 días es lo que, según siguen argumentando en el Ministerio, generó la necesidad de salir a comprar alimentos de manera urgente y terminó con una denuncia de sobreprecios que aún investiga la Justicia y con 15 funcionarios echados. 

“A partir de ahí, se establecieron precios máximos y se amplió el número de oferentes”, aseguran cerca de Arroyo. De todos modos, los proveedores siguen siendo básicamente los mismos.

Más allá del escándalo, el grueso del gasto en comida no son las compras que hace el Estado sino la plata que se deposita directamente en la Tarjeta Alimentar (entre 4.000 y 6.000 pesos por beneficiario por mes, según la cantidad de hijos). Los plásticos, un complemente de la Asignación Universal por Hijo, ya fueron distribuidos en su totalidad y llegan a 1,5 millón de personas. En lo que va del año, explican 52.000 de los 70.000 millones de pesos en el plan.

El ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, durante una entrevista con Clarín a principios de enero. Foto Juano Tesone.

Otros dos renglones centrales del gasto son los bolsones de comida que reparte el Ministerio, básicamente a través de las organizaciones sociales, y los fondos que van a los intendentes, para descentralizar las compras y agilizar el proceso.

Como contó Clarín, el poder de los movimientos sociales aumentó de modo exponencial durante la gestión de Cambiemos, porque se convirtieron en el actor principal para el reparto de comida, que creció de 1 millón a 8 millones de kilos de alimentos por mes. Y esa influencia se consolidó con la vuelta del kirchnerismo al poder, en 2019, porque retornó la lógica de los 12 años K previos: referentes piqueteros se sentaron en altos cargos de Desarrollo Social. Dos ejemplos: Emilio Pérsico, del Movimiento Evita; y Daniel Menéndez, de la rama K de Barrios de Pie. También Grabois -CTEP- tiene funcionarios que le responden, aunque no se sumó en primera persona.

Esta tensión por el manejo de poder interno ahora volvió a explicitarse ahora con el problema de la toma de terrenos en la Provincia. El cruce estelar lo protagonizaron Sergio Berni -ex funcionario de Desarrollo Social en los primeros gobiernos K y ahora jefe de la Seguridad bonaerense- y Fernando “Chino” Navarro, líder del Evita y asesor presidencial con despacho en la Rosada. Las rencillas vienen desde hace más de 10 años.

Más planes de empleo y porcentajes que asustan

Dentro de las proyecciones de Desarrollo Social, la asistencia alimentaria será teniendo rol medular. “Si la cosa mejora, puede bajar de 11 a 10,5 millones, pero no mucho más. Es una ayuda que seguirá en los próximos años”, evalúan en el Ministerio.

El objetivo ahora es retomar objetivos cualitativos: “Antes del coronavirus, más del 60% de la Tarjeta Alimentar se destinaba a carne, leche, fruta y verdura. Con la crisis, la proporción bajó a 49%, porque la gente volvió a comprar más harina y fideos para hacer rendir más la plata”.

Otra cara de la crisis: en los barrios de emergencia, por los problemas de alimentación, muchos chicos tienen edad avanzada y cuerpos poco o mal desarrollados.

En paralelo, se espera poder avanzar en la otra pata central de la gestión de Desarrollo Social: el empleo. “Si ahora la relación de la ejecución presupuestaria es 90 a 10, para fin de año esperamos que el gasto esté 50 y 50. No porque baje en alimentos, sino porque aumente en los planes vinculados al empleo”, adelantaron a Clarín.

Una toma de terrenos en La Plata. Otra cara de los problemas por la crisis social. Foto Mauricio Nievas.

Cuando cambió el Gobierno, el Frente de Todos resumía el escenario social en tres datos: cerca de un 40% de pobreza general, 50% de pobreza infantil y un 40% de informalidad laboral. Se descuenta que todos los parámetros empeoraron con la combinación coronavirus/cuarentena. Para Unicef, por caso, la pobreza infantil ya supera el 60%. Sí, leyó bien: en Argentina hay más niños pobres que no pobres.

Este mes se conocerán los datos de pobreza e indigencia del primer semestre del año. Por las restricciones del aislamiento no está claro si el Indec pudo repetir una metodología que implicaba 13.000 visitas presenciales. También hay dudas con datos de desempleo, por la manera en que se medirá el impacto del IFE, el subsidio de 10.000 pesos.

En Desarrollo Social, por ahora prefieren concentrarse en lo básico. “No hay duda de que este Gobierno se ocupó de los más postergados. Pero ni siquiera así uno puede decir que se acabó el hambre en la Argentina”, concluyen. Lo esencial de lo esencial, en un país pobre y cada vez más desigual, donde no hace tanto alguien se burló con que estaba mejor que Alemania.

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