El Gobierno quiere mostrarse más activo y sube al ring a Mauricio Macri



La disyuntiva amigo-enemigo como eje central del juego político parece volver a tomar el centro de la escena, en lo que se presupone, es el tramo final de la pandemia. Un dilema tal vez no en los términos radicalizados en los que fueron planteados por el pensador alemán Carl Schmitt, adoptados mucho tiempo después por el kirchnerismo en el “estás conmigo o estás en mi contra”. Pero sí en cuanto a evitar confusiones político-ideológicas, y comenzar a tomar la posición que cada facción, oficialismo y oposición, tenía antes del coronavirus.

A casi seis meses de la gestión de Alberto Fernández​, el Gobierno busca imprimirle un rumbo que hasta ahora no ha tenido, producto de unos primeros tres meses en los que se puso como objetivo, incluso antes de dar a conocer un Plan económico, acordar con el FMI y con los bonistas. Luego vendría la pandemia que, si bien con los resultados sanitarios en la mano no quedan dudas que el Gobierno lo manejó con destreza, también profundizó la crisis económica y reflejó la ausencia de un programa. Sin plan, ni acuerdo por la deuda y con un virus dando vueltas, la gestión de Alberto Fernández carece hoy de peso específico, fuera de lo sanitario y del asistencialismo. Por eso necesita darle otra impronta.

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Hay varias señales que denotan el inicio de una nueva etapa de gestión, para lo cual es necesario tener delineado un rival, un enemigo político.

“Esta pandemia con Mauricio Macri​ gobernando hubiera sido una catástrofe”, afirmó por estos días el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, quebrantando la pax política que se había desplegado frente a un mal mayor, el coronavirus. La foto de Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta quedó demasiado gastada para sobrevivir en los tiempos que vienen. No le sirve a ninguno de los dos porque además de tener ambos, detrás, el estigma de dos líderes políticos como Cristina Kirchner y Macri, también necesitan diferenciarse para competir por el centro de la escena política. Uno, quiere legitimarse como mandatario, y el otro, acrecentar sus chances para liderar la oposición en la larga carrera hasta el 2023.

“La crítica a Macri es un ejercicio de memoria, es traerlo a hacerse cargo y para que no pueda capitalizar la externalidad negativa que provoca la pandemia en la economía”, esgrime un miembro del gabinete nacional. Ergo, al oficialismo le preocupa que Juntos por el Cambio utilice la situación económica para pegarle al Gobierno.

El ex presidente Mauricio Macri. Foto: Juan Mabromata / AFP

Del otro lado, la reacción es la esperada. Larreta se manifestó en desacuerdo con los dichos de Cafiero pero evitó entrar en discusiones políticas. La estrategia del Jefe de gobierno pasa por no confrontar públicamente aunque ya empezó a hacer política junto a su principal carta, María Eugenia Vidal​, cuando días atrás se mostró junto a ella en una actividad partidaria, una videoconferencia con la Coalición Cívica. O bien cuando aprobó los dichos del ministro de la Corte Ricardo Lorenzetti sobre una cuarentena limitada o salió a poner freno a la liberación de presos. Es probable que en el corto plazo Larreta también deba tomar posición en contra de la reforma judicial que promueve el Gobierno o del pliego de Daniel Rafecas para Procurador General.

Para ir palpitando la etapa que viene, en un distrito del sur bonaerense que suele ser bastante representativo de la disputa política provincial y nacional, Alberto Fernández lidera un pelotón de dirigentes en imagen positiva; pero Rodríguez Larreta y Vidal son los mejores de la oposición, en un nivel muy parejo.

Cerca del Presidente también son conscientes que la propia interna de Juntos por el Cambio, con un sector más duro y que dará pelea en un Congreso con números ajustados para oponerse a leyes clave que propone el Ejecutivo, puede ser negativa en ese aspecto, pero positiva en otro. Saben que Larreta es un contrincante difícil y en tanto y en cuanto no pueda alzarse con un liderazgo claro en la oposición, creen que su crecimiento estará limitado.

“Alberto y Horacio se tienen que abrir, no hay manera de sacar rédito político de esta manera”, reflexiona un operador opositor.

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Todavía no está claro cuál es el modelo de gestión y conducción de Alberto Fernández. La de Carlos Menem era una administración con un gabinete de pesos pesados. El riojano dejaba hacer incluso cuando había internas, pero sin que llegara la sangre al río y tenía la última palabra. Néstor Kirchner en cambio encabezaba un liderazgo vertical en un gabinete sin grandes nombres. Y cada detalle era monitoreado por el santacruceño que sólo le daba algo de juego propio a unos pocos como su jefe de Gabinete, Alberto F.

La nueva etapa pos pandemia ya arrancó, esgrimen en la Casa Rosada, con la activación de obras, el redireccionamiento de partidas y el inicio de visitas del Presidente al interior, donde el virus es una anécdota y allí Fernández puede exhibir la reapertura programada. Los próximos 6 meses pretenden que sean más dinámicos en la ejecución presupuestaria del gasto de capital, inversión pública. Todo sujeto a la evolución del coronavirus que puede hacer volver para atrás.

Quién cobró protagonismo en este periodo fue Santiago Cafiero, quien organizó la semana que pasó una cena con empanadas y vino en la cúpula del CCK para hablar de la agenda pos cuarentena. El clima fue como un reencuentro, algunos ministros que se habían visto por última vez antes de la cuarentena. El Jefe de Gabinete tomó la palabra y le siguieron unas tres horas con el panorama de cada funcionario sobre la situación actual y lo que viene. Terminaron a las 2 de la madrugada. “La idea es recuperar el espíritu de equipo, donde cada Ministerio ha tenido distinta participación”, dijo un ministro. Hay un dato que en el gobierno creen clave: empezar a discutir el primer Presupuesto de la era Fernández, que se presentará en octubre se debatirá antes.

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