El gesto de una escuela para agradecer al personal de salud



En estos tiempos pandémicos y encerrados la única forma de comunicarse con el mundo es venerando a la bendita virtualidad. Y lo hacemos. Nos pasamos el día tecleando y absorbiendo rayos, produciendo como engranajes de la máquina de llegar a fin de mes, o tratando de vincularnos con nuestro entorno. Y así usamos las redes para saber cuánto tarda el presidente norteamericano en entrar en su bunker, o cómo andan nuestros seres queridos.

La carta manuscrita, un recurso de antaño que puede tener aplicaciones hoy.

A través de la luminosidad de nuestras pantallas realizamos aburridas labores o celebramos cumpleaños. Tratamos de explicar algún concepto abstracto o expresamos nuestros sentimientos más profundos. Nos sentimos acompañados aunque estemos encerrados en una vivienda vacía, o mentimos felicidad mostrando ese budín o ese pan casero, que nos sirve como placebo que contrarresta la angustia ante ese futuro desconocido que se nos viene encima.

Pero eso nos pasa a nosotros que tenemos acceso a ese mundo virtual, que engullimos a nuestro antojo y que dormimos en una cama cómoda y caliente. Pero hay un mundo cercano a nosotros, en tiempo y en espacio, que su acceso a lo virtual está vedado.

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Por falta de dinero o de tecnología (que es lo mismo) la famosa brecha digital se agiganta más temprano que tarde y el mundo analógico, tan arcaico como denostado, vuelve a cobrar importancia ante este cosmos digital que no ha sabido adaptarse a estos cambios del presente.

Para poder enseñar y hacer trabajar a alumnos con escasos recursos, económicos e informáticos, un docente de una escuela primaria de Santa Fe decidió cambiar virtualidad por las viejas y queridas cartas en papel. Los destinatarios no serían otros que los médicos, y demás profesionales de la salud, del hospital Cullen de esa ciudad.

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Niños que nunca se sentaron a escribirle a otra persona, que nunca esperaron en la puerta al cartero para recibir noticias de alguien muy querido, que no saben lo que es un buzón o una estampilla, se unieron a sus padres y le expresaron su gratitud, de puño y letra, a los otros protagonistas de esta época.

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En el medio, un docente haciendo malabares con la realidad, tratando de adaptarse a las inclemencias de esas vidas que la virtualidad aleja, intentando gratificar a los trabajadores de la salud, tan vapuleados y muchas veces ninguneados, buscando ideas nuevas en viejos recursos y adaptándolos, tratando de acompañar en la orfandad, intentando adaptar recursos didácticos que no están en los libros ni en los diseños curriculares, arremangándose para transformar en donde otros ya bajaron los brazos

Luis Pérez Varela

urgenteeducacion@gmail.com

OTRAS CARTAS

Afirma que no se tomaron en cuenta los daños colaterales

Comercios cerrados por la cuarentena en Buenos Aires. (Foto: Luciano Thieberger)

A pocos días de cumplir una cuarentena, cuyo final no se conoce y que al fin de la misma el 28 de este mes, sumarán 100 días, se observa que la firmeza con que casi todos cumplimos tan severa medida flaquea.

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La postura de buena parte de los mandatarios de prolongar más la misma y retrotraer las pequeñas libertades otorgadas, creo que se torna insostenible. Han fijado casi enfermizamente la necesidad de prolongar la cuarentena sin reparar que tal determinación deja de lado daños colaterales.

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La caída del PBI, el derrumbe de empresas, la falta de ingresos de numerosos trabajadores, la salud de personas que han postergado sus tratamientos, la afectación mental de aquellos que tan prolongado encierro los estresa peligrosamente, son factores que han sido minimizado.

Ruego que la reacción del Gobierno equilibre el peso de la pandemia con los factores que han sido afectados por esta política.

Ramón Aldo Ernesto Gómez

ramonaldoern@gmail.com

Una docente que se siente agotada

El uso del celular para dar o recibir clases se transformó en un recurso habitual en la cuarentena. (Foto: Gerardo Dell’Oro)

Estoy reflexiva porque estoy muy agotada, como le pasa a muchos colegas docentes que abrazamos nuestra profesión con pasión, pero nos vemos superados con este sistema virtual impuesto por el gobierno para esta cuarentena interminable.

Comenzamos con toda la energía y entusiasmo, pero hoy nos vemos desbordados. Colapsamos. Como colapsa el celular con miles de fotos de trabajos, colapsa nuestra vista. Todo con incesantes e intensos dolores de cabeza y contracturas cervicales.

Ya no hay horarios ni días para este trabajo con herramientas que no estábamos acostumbrados, como la computadora y el celular. En un alto porcentaje ni los docentes ni los alumnos cuentan con los medios adecuados para trabajar dignamente, pero hay que cumplir.

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Se nos ha hecho costumbre preocupante recurrir a las pastillitas para un alivio pasajero. Creo que después de los médicos y enfermeros que se abocan atender los casos de Covid-19, seguimos los docentes y familias de los alumnos, en término de ponerle el hombro a esta cuarentena. Seguimos garantizando y fortaleciendo las trayectorias de los estudiantes.

Y como si fuera poco, colaboramos silenciosamente en no exigir aumentos.

Lo positivo de esta pandemia ha sido el excepcional reconocimiento de nuestra labor por parte de las familias. Tenemos otra vida.

Mirta G. Taborda

mirta_taborda@hotmail.com

Pide comprensión a los profesores en este desafío

Los chicos y el estudio a través de las plataformas desde casa.

Muchos hablan de todo el esfuerzo que hacen los docentes, pero nadie se puso a pensar: ¿cómo sería estar en el lugar del alumno? Hace unos días leí una carta sobre una docente que contaba cómo la estaba pasando como profesora. Ahora quiero hablar en nombre de los alumnos y contar mi experiencia.

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Como todos sabemos, una gran parte de Argentina está teniendo clases en forma virtual, lo que requiere de internet y medios electrónicos. Lo que no se está tomando en cuenta es que tanto en las familias numerosas, y también en las de pocos integrantes, es difícil estar al tanto de todas las tareas y clases del día ya que otros hermanos deben disponer también de los dispositivos.

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Otra inquietud que estamos viviendo es la de estar todo el día fijando nuestros ojos en una pantalla. No solo utilizamos la computadora o el celular para el colegio, sino que también usamos aparatos digitales para hablar y comunicarnos con amigos o familiares. Por que la vida social, no solo de un adolescente sino que también de los niños, es parte de nuestra vida.

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Por lo tanto, les pido a todos los docentes que tomen conciencia, que tanto a ustedes como a nosotros nos cuesta organizarnos y entregar todo lo que tenemos que hacer a tiempo.

Sofía Gazzera

eba.sgazzera759@apdes.edu.ar

Quiere agradecer al embajador en Grecia

Quiero darle las gracias al embajador de la Argentina en Grecia, Juan José Arcuri, y a sus colaboradores, por la preocupación demostrada y los trámites realizados para con los argentinos varados en ese país con motivo del Covid-19.

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La rapidez y eficiencia puesta al servicio de nuestro retorno hicieron que en pocos días pudiéramos, con el acompañamiento de parte de su equipo, regresar sin sobresaltos.

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También quisiera agradecer al Consulado argentino en Frankfurt, que realizó parte de las gestiones para poder ingresar a Alemania y embarcar por la empresa Lufthansa directo a Buenos Aires.

Rafael A. Morrone

lidiadelbueno@hotmail.com

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