“El entorno de Maradona lo tiene secuestrado” (no importa cuándo leas esto)



Es imposible tratar de entender la vida de Diego Armando Maradona​ desde nuestra lógica. Entre quien redacta esta nota y las miles de personas que la lean, seguramente no viviremos en tres vidas ni la mitad de las cosas que le ocurrieron a una persona que nació en Villa Fiorito y se convirtió en una personalidad más reconocida que el Papa en el mundo entero.

¿Un ejemplo bien actual? Hace apenas unos días las secciones deportivas recordaban como efeméride una de las hazañas más grandes en la historia de los mundiales, ocurrida hace treinta años, cuando un tipo que tenía el tobillo arruinado fue capaz de poner un pase mágico para dejar mano a mano con el arquero a Caniggia​ y eliminar a Brasil, el cuco de todos. Para cualquier mortal, esa sería la anécdota de su vida. Para el libro de oro del Diez, apenas un capítulo más.

Casi al mismo tiempo, pero en el rubro chimentos y noticieros, se viraliza un video donde se lo ve a Maradona en un pésimo estado. Al ritmo de Bombón asesino de Los Palmeras, exhibe su cola sin importarle que está delante de su pareja, sus amigos, su suegra y vaya a saber cuánta gente más. Gente que, por supuesto, le festeja su bochornosa actitud como si fuera un gol importante en su carrera. Quien atraviesa una situación así, donde su intimidad es compartida ante millones de personas, seguramente sentiría que es lo más bochornoso que le puede ocurrir en toda su existencia. Para “el Diego de la gente”, apenas una más de las tantas…

Hace unos días se viralizó un video íntimo donde se lo ve a Maradona en un mal estado de salud.

El mundo Maradoniano también está lleno de abogados y hasta médicos que aparecen en televisión hablando de su estado de salud. Tan cambiante como su vida misma. Por eso no sorprende que en Intrusos (América, lunes a viernes a las 13.30) en un mismo bloque y con diferencia de apenas minutos, salga el doctor Leopoldo Luque (cualquier parecido con el delantero campeón del mundo en el ’78 es pura coincidencia) explicando que “Diego por momentos tiene algún exceso con el alcohol y por momentos no. Este parate es negativo en este momento para él. Y estos problemas familiares son terribles para él”, y minutos después sea su hija Gianinna ​quien pida la palabra, para denunciar al “nuevo” entorno de su padre. 

Entre el médico y Gianinna surge además un tuit de Dalma, destacando la educación que recibió de su madre, Claudia Villafañe, y respondiendo con dureza a Jana, su hermana reconocida por Diego hace apenas unos años. Ah, en medio de esto se suma un audio de Verónica Ojeda responsabilizando a “El Tano”, un muchacho de Nápoles, como el culpable de haber filtrado ese video que todos cuestionan. Todos ellos, los acusadores y los acusados, si bien están parados en veredas diferentes comparten un mensaje en común: “A Diego no lo cuidan”, repiten. Y señalan siempre al de la otra vereda. Lo llamativo es que nadie le echa la culpa a Diego Maradona, el principal hacedor de su propio destino. Lo bueno (relacionado con el fútbol) y lo malo (casi todo lo demás).

Dalma Maradona dice que no puede hablar con su padre.

Para nosotros, los ciudadanos de a pie, resulta imposible entender cómo un tipo que fue capaz de hacer un gol con “la mano de Dios”, no pueda usar esa misma mano siquiera para atender un llamado por teléfono de sus hijas. ¿Será que él no quiere hablar con ellas?.

“Lo tienen secuestrado y no lo dejan hablar con nadie”, denuncia alguien que hoy no pertenece a su entorno. No importa cuando usted lea esto. Siempre el entorno que queda afuera de su mundo imputa al que está al lado de Diego en ese momento. Pero lo llamativo es que nunca apuntan al Diez. Lo escuchamos en Dalma y Gianinna cuando no tienen acceso a su padre. Pero también en Verónica Ojeda cuando queda afuera y grita a los cuatro vientos que su hijo Dieguito Fernando no llega a él, y señala a Rocío Oliva​ y viceversa. Cuando Oliva va presa, la culpa es de “las otras”, que le llenan la cabeza.

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Ante esta realidad hay una cosa segura: es Diego el que no sabe elegir a su entorno. ¿Cómo un tipo que es capaz de eludir a los ingleses como si fueran postes y convertir el gol más genial de todos, no puede enfrentar a sus seres queridos para pedirles que paren la pelota? O acaso el negocio del Diez es que se peleen entre ellos para seguir manejando la pelota él mismo, que es lo que mejor sabe hacer.

En tiempos de coronavirus el mejor mensaje -como ya dijimos sin tratar de ponerse en su lugar, ya que resulta imposible- que se le puede dar a un ídolo popular de la magnitud de Maradona es #QuedateEnCasa y cuidate. Porque el virus es un enemigo invisible que, como en la vida, puede contagiarlo el propio entorno.

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