El dolor de decir adiós a tu restaurante amigo



La fría reseña de Google dice que es un snack bar, agradable, informal, recomendable para ir en grupo y que está en Tacuarí 1744, Barracas, pero todos los que fuimos alguna vez sabemos que es mucho más. Lo que Google no dice pero muchos en la redacción sabemos es que hace 18 años, Charly y Grace, un matrimonio porteño de laburantes, inauguraron Restó del día, y se convirtió en el lugar donde festejamos las bienvenidas, cumpleaños, promociones y despedidas.

Desde que probé el primer plato sentí que estaba en mi casa. Grace cuida cada detalle para que todo sea rico y casero. Para la entrada, el clásico dip de baba ganoush. Al momento del café, Charly ofrece flan con dulce de leche y de paso te regala alguna anécdota. La cercanía, calidez y atención personalizada de esta dupla gastronómica hicieron que se transforme para los que trabajamos en Clarín en un anexo del diario.

El flan con dulce de leche de Restó del día.

Durante estos seis meses de cuarentena recibí todos los días el menú por WhatsApp a las 11.30. Ese mensaje cotidiano y a la distancia me llenaba de alegría porque confirmaba que el Restó seguía de pie y buscando sobrevivir con el delivery.

Pero durante la tarde del sábado un audio me sacudió. Me contaron que tomaron la decisión de bajar la persiana. Sí, después de 18 años. Decían que el COVID los hizo replantear su modo de vida, que estaban planeando nuevos proyectos y que se iban a mudar al interior. Me tranquilizó escucharlos enteros, con ganas y energía.

Queridos Charly y Grace, en nombre de todos los que pasamos por sus mesas, sepan que los vamos a extrañar y que les deseamos mucho éxito en lo que emprendan.

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