El director de cine que vende chipa en París: la historia de un misionero varado en Francia



La irrupción de la pandemia por coronavirus generó, casi simultáneamente, un sinfín de nuevas historias de vida. Y los argentinos distribuidos por todo el mundo no estuvieron ajenos a esa circunstancia.

El caso de Maximiliano Barrientos es una certificación de ello. El misionero de 28 años, cineasta, guionista y productor televisivo, se encontraba desde hace 24 meses en Europa cuando la humanidad quedó en vilo tras la aparición del COVID-19.

En ese entonces, ante las apariciones de los primeros infectados y en medio de las declaraciones de emergencias sanitarias que ya asomaban en el horizonte, la producción de la serie sobre San Martín y Juan Manuel de Rosas que se encontraba desarrollando en Inglaterra, quedó suspendida. Y él, varado.

Maximiliano escribió un libro y lo vendió por Amazon para poder llegar a París.

“Ya no pude trabajar, así que escribí un libro con el celular que se llama ‘Aykan: Las leyendas sin fin’. Lo publiqué en Amazon y gracias a su venta pude salir de ahí y llegar a París”, relata el joven, en diálogo con Canal 4.

“Me escribió una persona que se encontraba internada hace 20 días en un hospital, en Argentina. Deseaba comprarme un libro para ayudarme y porque quería leer algo mientras esperaba que le dieran el alta”, revela el joven en sus redes sociales. “Mi obra es gratuita para todas las personas que están en los hospitales. Déjenme un mensaje privado y lo tendrán. Es mi pequeño aporte como artista y escritor en esta cuarentena”, escribió luego.

Una vez en Francia y ante la imposibilidad de ejercer su profesión con normalidad por el complejo contexto mundial, Barrientos debió ingeniárselas para afrontar sus gastos cotidianos.

Así, en primera instancia, debió vender gran parte de sus pertenencias. Luego, como si se tratara de una obra precisamente guionada, recurrió a sus raíces para seguir dándole batalla a su dificultoso pasar que comenzó en marzo del corriente año.

“Quedarte muchos meses sin un salario se vuelve difícil. Un día compré todo lo que necesitaba para hacer chipa y me fui a la Torre Eiffel. Es un emprendimiento que lo conozco porque, cuando vivía en Misiones, lo hacía desde chico. Hoy me encuentro vendiendo chipa otra vez, pero en París”, cuenta.

Una de las ilustraciones del libro de Barrientos.

El misionero encontró en la elaboración y comercialización de un tradicional manjar del Litoral argentino (y también de Paraguay) una alternativa y una manera para subsitir ante la imposibilidad de regresar al país.

Así, vendiendo chipa en las inmediaciones del emblemático monumento francés, Maximiliano se sostiene en ese país mientras puede y añora volver a ejercer su actividad. “Esta pandemia mi tiró al piso y me tiene pisando la cabeza, pero sigo trabajando con películas. De día vendo chipa y de noche escribo guiones”, señala.

“La gente que me compra son personas de Argentina y Paraguay. Se sorprenden que haya chipa acá. Es grato”, añade el cineasta.

Respecto a la posibilidad de retornar a la Argentina, Barrientos cuenta que en la Embajada le confirmaron que hay vuelos de regreso pero que aún no cuenta con el dinero para abonar el pasaje. “Me dijeron que no me pueden ayudar. Pienso en cuántas chipas tengo que vender para pagarlo”, desliza.

Mientras vende chipa, Barrientos se las ingenia para subsistir en Francia. Foto: Misiones On Line.

El 5 de noviembre la visa de turista con la que cuenta expira y, por ende, también su permanencia reglamentaria en el Viejo Continente. “A veces no duermo porque tengo mucho miedo. Si me acerco a una comisaria francesa me van a deportar y no quiero permanecer de forma ilegal porque pierdo todo”, apunta.

Aún desde suelo europeo, concluye: “Estoy en un país que no es el mío, no tengo derecho a nada y no puedo trabajar legalmente. Me estoy sosteniendo vendiendo chipas para pagar un abogado de migración y ver qué hago”.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *