El deporte es todo: juego, negocio y show



Y de pronto, el mundo se quedó sin deporte. Lo que no lograron ni guerras ni debacles económicas lo hizo la pandemia:por al menos dos meses no rodó una pelota, no corrió un jugador. El sismo los golpeó a todos.La Copa América 2020 se suspendió. Los Grand Slams de tenis cerraron sus puertas (Roland Garrón asegura que será el primero en volver, a fines de septiembre, con distanciamiento social). El rugby entró en un bajón profundo (los jugadores de Jaguares tuvieron un recorte del 30% de sus salarios y dijeron que su futuro está gravemente amenazado). El automovilismo no sabe qué hacer (el poderoso grupo británico Williams podría vender su escudería de Fórmula 1 porque perdió a su principal patrocinador) y los ejemplos siguen, se multiplican. Hasta los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se cancelaron, y la cita para 2021 es todavía conjetural. Mientras tanto, algunos deportes empiezan a reanudarse tímidamente, como tanteando el terreno, y los espectadores se preguntan: ¿así, sin público y con protocolos, qué estamos viendo? Hablamos sobre este tema con Ezequiel Fernández Moores, que hace poco publicó Juego, luego existo (Sudamericana), un libro que recopila décadas de escritura sobre deporte de esta prosa que marca un plus en el gremio.

–Si se le pudiera encontrar algo positivo a esto que estamos viviendo, eso sería que puso en duda muchos de los consumos materiales a los que nos habíamos acostumbrado y que creíamos que necesitábamos para vivir. ¿Se podría decir algo similar del deporte?

–Se puede sobrevivir sin deporte, pero no se si podemos vivir sin deporte. Creo que no. Es obvio que no es una “actividad esencial”, eso está clarísimo. El negocio se infló con muchísimos partidos por día porque la televisión lo necesitaba. Al que más deformaron es al boxeo, al punto de inventar categorías, y como se saturaron del boxeo inventaron esa lucha libre espantosa donde se liquidan. El primer deporte que volvió en Estados Unidos ahora es justamente ese espanto. Pero una cosa es ese deporte-espectáculo y otra cosa es la pelota. A una teóloga luterana en zona de conflicto y guerras le preguntaron cómo le explica a niños que la están pasando realmente muy mal qué es la felicidad y esa mujer dijo que no les dice nada, que simplemente les da una pelota. Es una de las más hermosas definiciones que leí sobre lo que es el deporte. Estamos lejos del Bernabeu y del Camp Nou con esa definición, pero si nos creemos que el deporte es nada más el Bernabeu y el Camp Nou, estamos perdidos, nos creímos lo que nos vendió este híper consumo.

–¿Qué sucede en un contexto así con los periodistas deportivos y los programas que transmiten y comentan deportes durante las 24 horas y que ahora se han quedado sin objeto?

–Es curioso esto, porque si muchas veces en esos programas deportivos estiran y estiran el debate sobre si fue penal o cómo canta el himno la selección de rugby –charlas que se reiteran, que se exageran–, imaginémonos sin deportes. Los debates se han hecho imposibles, poco creíbles. Entonces se apeló mucho a la entrevista, aprovechando que muchos de los protagonistas ahora están un poco más accesibles. El periodismo deportivo tiene un problema: la industria le exige que entretenga más que que informe (aunque también eso le pasa, de algún modo, al periodismo en general). Y ahora me parece que se está dando una especie de pacto tácito a partir del cual los jugadores están disponibles también para dar una mano, para sostener la programación de los canales que siempre hablaron de ellos.

–La relación entre periodismo deportivo y negocio es compleja.

–La figura del periodismo deportivo muchas veces es socia del espectáculo porque tiene, por ejemplo, derechos de transmisiones, y entonces tenés que llevarte bien con los dirigentes y con los jugadores. Eso es una dificultad para hacer periodismo. En esta pandemia yo he estado viendo más periodismo general y no tanto deportivo, porque necesitaba informarme. Y la verdad es que no veo gran diferencia tampoco. Si a veces viendo periodismo deportivo parece que somos 40 millones de técnicos, escuchando todos estos meses la televisión parece que somos 40 millones de infectólogos. Al periodismo deportivo se lo acusa de hablar con el diario del lunes, con el resultado puesto, y lo mismo están haciendo ahora en los paneles: la cosa va bien si los números van bien y va mal si los números van mal. Luego hay una crisis más estructural del periodismo deportivo. Esto es mundial. Las secciones deportivas están en una fenomenal crisis de despido y achicamiento.

–En los últimos días, luego de un parate histórico de toda actividad deportiva, empezamos a ver un lento retorno de algunas ligas de fútbol. El puntapié lo dio la Bundesliga y los partidos fueron sin público. Teniendo en cuenta que el público va a tardar muchísimo en volver, ¿qué te pasa cuando ves futbol sin público?

–Hay gente que dice que el fútbol sin público es como bailar con la hermana, otros dicen que es como tener sexo con ropa. Nick Hornby, el auto de Fever Pitch, uno de los más hermosos libros que se han escrito sobre fútbol, dice en un momento que las analogías entre fútbol y sexo no funcionan porque el orgasmo en el sexo es algo predecible; en cambio, el gol es algo mucho más inesperado. Un gol es incomparable. Y en estos días pensé mucho en el abrazo ese un poco incomprensible que uno necesita después de un gol en el estadio. Un abrazo que a veces es con el de al lado pero también pasa a ser colectivo.

–Eso es desde la perspectiva del hincha. ¿Y qué sucede con los jugadores y la experiencia de practicar deportes en estadios mudos?

–Bueno, seguro que lo deben sentir, pero hay que tener en cuenta que ellos son profesionales, y como profesionales tendrán que adapatarse a la nueva situación. Lo que estamos viendo en estos días no es sólo cómo les impacta la falta de público sino la falta de forma física de muchos jugadores. Por momentos parecen entrenamientos. Mentalizarse, para un jugador de cualquier deporte, es complejísimo. Pero sin dudas para el hincha también lo es. Pensemos que no sólo no se puede ir a la cancha: tampoco los hinchas se están pudiendo juntar en casa o en bares, que son rituales muy arraigados. El deporte es en esencia una celebración colectiva. El filósofo francés Michel Serrés dijo alguna vez que el deporte es una manera de estar juntos, y ahora no podemos. El hecho de que el fútbol sea lo primero en volver tiene que ver con el dinero: la guita es lo que ha acelerado esto, y lo ha acelerado contranatura. Lo que estamos viendo ahora es un fútbol coronavirus, un fútbol pandémico, no es el fútbol.

–En todos lados se está hablando de lo que será la “nueva normalidad”, y por momentos parece ser más una conversación de Nostradamus, en la medida en que nadie sabe cómo va a ser la vida. ¿Hay algo que especular o al menos vislumbrar en materia de deporte y futuro?

–Yo intuyo que, si esto dura mucho, va a ser tal el nivel de angustia y aburrimiento que le van a ir encontrando la vuelta de manera digital, desde sonidos a efectos digitales. Van a inventar algo, porque el deporte con tribunas vacías es insostenible. El primer partido de fútbol que se jugó de la Bundesliga fue en el estadio del Borussia Dortmund, que es el Westfalenstadion, el estadio más impresionante en términos de ambiente junto con Anfield Road, del Liverpool, y la Bombonera. Cada vez que sale el equipo ahí hay 80 mil personas. Un periodista amigo estaba ese día ahí y dijo que era como estar en el quinto piso de un edificio y escuchar lo que estaban hablando en el patio de la casa. El deporte es todo: es juego, es negocio, es show. El show puede sufrir mucho porque se alimenta de una pasión popular, nunca quedó más claro que ahora. Hay un mensaje que Bielsa le mandó a los hinchas del Leeds, donde les dijo: ustedes son el principal sostén del fútbol y han sido los menos consultados respecto de cómo debería ser la vuelta del fútbol. No estoy hablando de barras bravas, por supuesto. Me imagino que va a haber protestas de hinchadas si esto persiste mucho en el tiempo y se los quiere reemplazar por sonidos grabados y figuras de cartón.

Juego, luego existo, de Ezequiel Fernández Moores, publicado en 2019.

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