El Covid hace perder también el olfato político



Siempre estuvo claro que el Covid hace perder el olfato. No estaría mal que los especialistas investiguen si también hace perder el olfato político. Aquí eso se comprobó esta semana: lo perdió Alberto Fernández cuando de un manotazo y en plena pandemia le sacó a la Ciudad $ 35.000 millones, quedó aún más a merced de Cristina y en el mismo acto resolvió la interna de la oposición. Las consecuencias son pura pérdida.

El proyecto Fernández que se pudo creer distinto del proyecto Fernández de Kirchner es hoy claramente el mismo proyecto y el Presidente ejecuta la partitura que sale de la vicepresidencia. Por no decir, baila.

Fernández presentó la quita a los porteños como una reivindicación del credo kirchnerista pero durante los gobiernos kirchneristas Buenos Aires fue sistemáticamente postergada. En el 2000 recibía un 23,6% de la torta impositiva nacional que le toca a las provincias. Diez años después, ya con Cristina en la Casa Rosada, esa porción se había achicado al 19,7% y cuando se fue, en 2015, la dejó reducida al 18,7%. El gobernador Scioli fue todo el tiempo rehén del kirchnerismo como pudo comprobarse cada vez que debió rogar por plata para pagar sueldos o aguinaldos.

Para tranquilizar a la Policía de Berni, Fernández resolvió el conflicto como sabe resolver los conflictos el kirchnerismo: con plata de otros. Entre paréntesis: a Berni se le amotinó la Policía, vimos que el jefe fue a Puente 12 y lo echaron, rodearon la casa del gobernador y la Quinta presidencial y Berni dice que no se quebró la cadena de mandos. Se plegó al relato.

El golpe que Fernández le dio a Larreta y el argumento que utilizó terminan por dinamitar su más importante activo: la capacidad de dialogar que Cristina, enredada en sus viejos odios y sus aspiraciones intactas del vamos por todo, no quiere ni puede ejercer. Como Cristina en el Patio de las Palmeras, Fernández se hizo acompañar en Olivos con intendentes opositores para simular respaldo a su decisión. Oportunismo que duró lo que duró conocer para qué los habían llamado.

El cristinismo se desesperaba por subir a Macri al ring para pasarle factura de la gestión. Hoy pone a Larreta como cara visible de la oposición y corre a Macri del centro, lo que será agradecido por Juntos por el Cambio. Larreta le respondió a Fernández con una elocuencia que no se le conocía y que le permite tomar distancia del problema en que se había metido precisamente por su cercanía con el mismo Fernández. En 1989, el menemismo y la Ucedé le robaron la senaduría porteña a De la Rúa, que había ganado la elección pero perdió la votación en el Colegio Electoral. La sociedad lo convirtió en una víctima y lo acompañó hasta hacerlo presidente diez años después.

Ahora el victimizado es Larreta, el opositor con mejor valoración y menor nivel de resistencia. Según Managment & Fit sólo tiene 16 puntos de imagen negativa. La aprobación de gestión roza los 70 puntos, veinte más que Fernández que no para de caer y casi el doble de Kicillof. Larreta, agradecido.

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