El Coronavirus acaba con los guardianes de la memoria de Europa




Por JASON HOROWITZ

ROMA — Durante años, Gildo Negri visitó escuelas para compartir sus historias sobre cómo hizo estallar puentes y cortó cables eléctricos para sabotear a los nazis y fascistas durante la Segunda Guerra Mundial. En enero, el hombre de 89 años hizo otra visita, dejando su residencia de ancianos a las afueras de Milán para ayudar a estudiantes a plantar árboles en honor a los italianos deportados a campos de concentración.

Pero a fines de febrero, cuando el primer brote de coronavirus en Europa se propagó al asilo de Negri, también lo infectó.

La mayoría de los eventos del 75º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa fueron cancelados. Un despliegue aéreo en Moscú. (Sergey Ponomarev para The New York Times)

En el encierro, se desanimó porque se perdería los desfiles habituales y los discursos públicos del Día de la Liberación de Italia, más grandioso este año por conmemorar el 75 aniversario. Pero el virus canceló las conmemoraciones del 25 de abril.

Negri murió esa noche.

“La memoria se está desvaneciendo y el coronavirus está acelerando este proceso”, dijo Rita Magnani, que trabajó con Negri en la sección local de la Asociación Nacional de Partisanos Italianos. “Estamos perdiendo a las personas que pueden contarnos en primera persona lo que sucedió”.

El tiempo y sus estragos ya han cercenado las vidas y borrado los recuerdos de una generación que vio de cerca las ideologías y los crímenes que convirtieron a Europa en un campo de la muerte.

El virus, que es tan letal en las personas mayores, ha acelerado la partida de estos últimos testigos y obligado a la cancelación de las conmemoraciones del aniversario que ofrecían una última oportunidad de contar sus historias a grandes públicos. También ha creado una oportunidad para el surgimiento de fuerzas políticas que buscan replantear la historia del siglo pasado para desempeñar un papel más importante en rehacer la actual.

Por toda Europa, los partidos radicales de derecha con historias de negación del Holocausto, obsesión con Mussolini y temas fascistas han cobrado fuerza en años recientes, pasando de los márgenes a los parlamentos e incluso a coaliciones de gobierno.

Italia es particularmente vulnerable a la pérdida de memoria.

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En los tres cuartos de siglo después de la derrota de Italia y la guerra civil de facto con el efímero estado títere nazi de Mussolini en el norte, las personas que vivieron la guerra y el fascismo han ofrecido un testimonio vivo que brilló entre la confusión.

Esa generación tendría un último reflector y una voz fuerte en el 75 aniversario del fin de la guerra, en Italia y en toda Europa.

A diferencia de Alemania, que se ha obligado a ver de frente sus crímenes, Italia a menudo ha apartado la mirada. Después de la guerra, surgieron partidos post-fascistas, y sus descendientes políticos directos siguen vibrantes, y creciendo.

El nacionalismo está de nuevo en boga, con líderes que, a propósito hacen eco de Mussolini, a quien muchos aquí admiran abiertamente.

Las muertes a causa del virus de los que lucharon contra el fascismo han recibido menos atención.

Piera Pattani trabajó de manera clandestina alrededor de Milán durante la guerra. Ayudó a aliados a escapar de guardias italianos fascistas y observó cómo la SS alemana se llevaba a sus camaradas.

Con más de 90 años, contaba sus relatos en salones de clases. En marzo, a los 93 años, se infectó con el virus y murió.

“El virus hizo lo que el fascismo no pudo”, dijo Primo Minelli, de 72 años y amigo de ella.

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Agregó que eso importaba especialmente ahora debido a un clima político que le parecía amenazador. “El testimonio de primera mano se valora sobre el testimonio indirecto”, dijo. “Ya hay un esfuerzo en marcha para eliminar la historia de la resistencia. Ese esfuerzo se acelerará cuando los testigos se hayan ido”.

“Ya saben cómo es, cuando alguien está bien, lo que dicen sobre el pasado parece como una fábula”, dijo Teresa Baroni, de 86 años, que perdió a su esposo, Savino, a causa del virus, en marzo. “Y luego se mueren y ya no parece una fábula”.

Dijo que su esposo, de 94 años, casi nunca hablaba de su época en que escapaba de los fascistas y luchaba con la brigada Mazzini en San Leo, en la costa este de Italia.

Cuando él dio positivo para el virus y los paramédicos de una ambulancia se preparaban para llevarlo al hospital en marzo, su esposa lo mantuvo en casa, diciendo que había dormido con él durante 66 años y que no dejaría de hacerlo ahora. Él murió a su lado días después, relató, llevándose consigo sus historias.

“Los recuerdos desaparecen cuando los directamente involucrados se van, y todos somos viejos”, dijo William Marconi, un partisano que luchó contra los nazis en Tirano, en el norte de Italia. “Y este virus está matando a los ancianos”.

Marconi, de 95 años, aún vive en Tirano, donde dijo que su incapacidad para caminar lo ha mantenido en casa y lejos de la amenaza del virus.

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Marconi había escrito sobre sus experiencias, pero se había vuelto menos optimista sobre la perspectiva de que las generaciones más jóvenes aprendieran las lecciones del pasado.

“No estoy convencido de que el recuerdo sirva”, expresó. “Incluso aquellos que conocen la historia, lo hacen una y otra vez”.

© 2020 The New York Times

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