El consumidor, atrincherado: en cuarentena, usó un 23,5% menos las tarjetas de crédito



En medio de la pandemia de coronavirus, contagiarse la enfermedad es sólo uno de los peligros. Por la cuarentena y la grave recesión, millones de familias vieron disminuidos o amenazados sus ingresos. Y eso trajo cambios inmediatos en sus hábitos y prioridades de compra. A la defensiva y confinados, como “atrincherados”, los consumidores se refugiaron en los gastos más básicos e inmediatos, y evitaron al máximo hacer “compras grandes” que impliquen endeudarse más. ¿El resultado? Un histórico derrumbe en el uso de las tarjetas de crédito​, compensado en parte con un alza del consumo no financiado.

Hay datos contundentes al respecto. En el segundo trimestre, la cantidad de compras con plásticos de crédito cayó un 23,5% interanual en el país. Y se redujo un 6,3% la cantidad de tarjetas de crédito activas: es decir, las que se usaron al menos una vez entre abril y junio.

Por el contrario, respecto de las tarjetas de débito, las activas fueron un 4,6% más y la gente operó con ellas un 5,1% más de veces que un año atrás. También se potenció el uso de tarjetas prepagas, que crecieron un 285% interanual partiendo de una base muy chica, algo explicado principalmente por la Tarjeta Alimentar.

Los indicadores surgen de un estudio de mercado al que accedió Clarín, titulado Consumo en tiempos de Covid-19 y elaborado por Prisma Medios de Pago, la compañía detrás de la red de cajeros Banelco, las terminales de cobro LaPos y el sitio Pago Mis Cuentas, entre otros.

El informe -basado en datos de esa firma, otros de mercado y estadísticas del Indec y el Banco Central- destaca que, si un año atrás el 64,4% de lo gastado con tarjetas se pagaba con las de crédito, en cuarentena fue sólo el 53,9%. En cambio, en igual período, las de débito avanzaron del 35% al 41,7% de participación. Y las prepagas, que sólo movían el 0,6% del dinero, saltaron al 4,4%.

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“La caída de participación y transacciones con tarjeta de crédito tiene múltiples explicaciones. Algunas de ellas son la adopción de los usuarios de una postura conservadora ante la incertidumbre generada por la pandemia, el agotamiento de crédito y que ciertas actividades donde la tarjeta de crédito es habitualmente utilizada, como turismo, se han visto muy afectadas”, explicó Julián Ballarino, gerente de Relaciones Institucionales de Prisma Medios de Pago.

Así, influyó en el derrumbe que muchos vendedores no pudieron funcionar, pero también que el consumidor, por falta de plata o por cautela, optó por postergar gastos, en especial los que impliquen endeudarse.

Fuentes del sector mencionan, además, otro factor: por las rebajas en los aranceles, el tope oficial a los intereses y la obligación de refinanciar saldos impagos a baja tasa, los bancos dejaron de incentivar el consumo con tarjeta de crédito y la emisión de plásticos nuevos, para enfocarse en ofrecer préstamos personales (que les resultan más rentables).

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El estudio revela, además, que quienes se financiaron en cuarentena se volcaron fuertemente a las líneas “Ahora”, que “alcanzaron el 60% del total de operaciones en cuotas”. Estas opciones con tasa subsidiada representaron el 21,6% de todo el consumo con plásticos de crédito, frente al 10,9% registrado un año atrás. Mientras que los planes de cuotas tradicionales fueron esta vez un 15,6%, contra el 28,4% de igual período del año pasado. 

Asimismo, los planes de financiación con más caída de transacciones fueron los de corto plazo. Las compras en un pago, que representan 6 de cada 10 pesos gastados, se redujeron un 19,8%. El uso de planes comunes de 2 y 3 cuotas cayó un 53,5%, los de 4 a 6 pagos lo hicieron un 43,6% y los de 7 a 12 cuotas un 48,2%. Por su parte, las compras con Ahora 3 retrocedieron un 36,2% y con Ahora 6 bajaron un 21,2%, aunque con Ahora 12 crecieron 89,3% y con Ahora 18, un 453%. 

“El financiamiento con tarjeta está en una lenta agonía”, interpreta Ignacio Carballo, experto en microfinanzas y finanzas digitales, y director del Ecosistema de Programas Fintech en la UCA.

“Este estudio -explica a Clarín- muestra que los consumidores, al usar medios de pago digitales, están prefiriendo pagar todo hoy antes que endeudarse a corto o mediano plazo. Aunque, si necesitan algo y ven que pueden acceder a 12 o 18 meses con tasas subsidiadas, lo aprovechan porque sienten que al final esas cuotas terminarán licuadas.”

Para explicar el alza en las compras con débito, también se mencionan varios factores. Primero, que el aislamiento llevó a realizar más pagos de menor valor cada uno, en locales cercanos. Segundo, que creció su uso en el comercio electrónico. Y tercero, que mucha gente habituada al efectivo empezó a emplearlas, ya sea porque obtuvo un plástico nuevo o porque desempolvó el que tenía sin uso. 

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Según la investigación, en el segundo trimestre, el 57,1% del dinero movido con tarjetas de débito se extrajo en efectivo en cajeros automáticos, un 39,7% se destinó a compras y un 3,21% a retiros de efectivo en comercios. 

“Que crezca el débito y agonice el crédito es una muy mala noticia. Porque, cuando los consumidores ya no tienen más dinero para gastar, la única forma de que puedan seguir comprando es con financiación. Si eso no ocurre, significa que los comercios venderán menos. Y esa caída en el consumo agravará la recesión. No afecta sólo al sistema financiero, sino a toda la economía”, asegura Carballo.

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