El 97% de los edificios del Estado nacional están en el microcentro ¿la pandemia es una oportunidad para descentralizar?



La movilidad fue puesta en jaque en todas las grandes ciudades del mundo. El coronavirus vino a interpelar la forma en que millones de personas se trasladan todos los días. A sus lugares de trabajo, para hacer trámites y gestiones, o para estudiar. Ahora que el transporte público se reveló vital para los esenciales comenzó a ganar espacio la caminabilidad y el uso de bicicletas, con un boom inédito de ventas; y por primera vez, se construyeron ciclovías sobre avenidas.

Sin embargo, cuando esta pandemia y la cuarentena pasen, la realidad volverá para arrasar con la imagen de los colectivos semi vacíos, los subtes desiertos y las avenidas sin congestionamientos. Porque Buenos Aires detenta una concentración simbólica, todos los poderes confluyen en territorio porteño, y real: en tiempos normales, todos los días, ingresan más de 3 millones de personas, lo que iguala a la cantidad de residentes.

Esta concentración de vecinos que ingresan principalmente desde el primer y segundo cordón de Buenos Aires se refleja en datos oficiales: más del 97% de los edificios que posee el Estado Nacional se encuentran ubicados en territorio porteño. De ellos, el 50% en la Comuna 1. Es decir, miles de empleados convergen hacia un punto, en una franja horaria y saturando todas las opciones disponibles a nivel del transporte público. Con la cuarentena frenando estas dinámicas, quizá se abre la oportunidad de repensar las centralidades de las ciudades. 

Pablo Tiscornia es sociólogo y a partir de estos datos oficiales se propuso analizar la concentración de la infraestructura de la administración pública. Así llegó a la conclusión de que, propios y alquilados, posee 677 inmuebles. A partir de este número, afinó la búsqueda: 612 están ubicados en Argentina. De ellos, el 97,5% en Ciudad. 

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Inmuebles del Estado Nacional Argentino

Tocá para explorar los datos

Fuente: Datos.gob.ar Infografía: Clarín

A su vez, geolocalizó todas las direcciones disponibles sobre un mapa de Buenos Aires. Así fue que el mapa se pintó de manera intensa en el Area Central; y particularmente en alrededores de Plaza de Mayo. Para que la información fuera más certera, Tiscornia quitó direcciones que se superponían: en un mismo edificio del Estado pueden funcionar diferentes reparticiones.

El sociólogo se describe a sí mismo como “trabajador del Microcentro”. Tiscornia cumple funciones en el Indec y es vecino de Villa Urquiza. Desde que arrancó la cuarentena hace homeoffice. Y además, cursa en Flacso un posgrado en Big Data e Inteligencia Territorial. Quizá lo más sencillo del trabajo práctico fue encontrar un título con el que poder resumir la esencia de los datos que iba a procesar: “Todos los caminos conducen al Microcentro”.

“El transporte público siempre fue una problemática. Pero al mismo tiempo tenemos que entender que aunque logremos tener subtes, trenes y colectivos perfectos e ideales, nunca vamos a poder resolver el colapso en tanto todos sigamos yendo hacia el mismo punto, a la misma hora. No puede pasar un subte cada 30 segundos, más allá de que haya muchas cosas para mejorar en el subte. La Ciudad está estructurada de manera tal que hoy los estatales, estamos yendo todos hacia el mismo lugar. Es inviable”, entiende Tiscornia.

El transorte antes de la pandemia. Para los urbanistas puede ser una buena oportunidad para repensar la centralidad y las formas de movilidad.

¿Será este momento histórico una oportunidad para cambiar algunas dinámicas? “Hoy cuesta encontrar una razón que explique el por qué de estar yendo todos hacia el mismo lado. Es parte de lo que reveló esta modalidad de trabajo remoto en cuarentena. Se puede ser más eficiente desde una casa, o desde una oficina en un barrio. Requiere que el Estado distribuya equitativamente las inversiones para mejorar la calidad de vida de los vecinos y de los barrios”, reflexiona Tiscornia.

“Nunca hay que dejar pasar ninguna buena crisis”, le dice a Clarín Antonio Vázquez Brust. Es especialista en Planificación Urbana y Regional, y en análisis y visualización de datos a gran escala como una forma de entender las ciudades. Además, de la tribu del transporte público. “Sin planearlo, estamos ante la oportunidad de barajar y dar de nuevo. Hubo que bajar la circulación y el mundo siguió girando. Las calles son hoy más amables. Los ciclistas, que son en general una tribu escéptica, están conformes con las nuevas ciclovías. Fue una obra recibida con sorpresa y alegría. Creo que tenemos que darnos el permiso de usar las calles y las veredas. Dejar el transporte público a los esenciales y a los que recorren grandes distancias, aprovechar el desarrollo de la venta online y bajarnos de los autos. Esa idea aspiracional de tener un auto -como bien reflejaba Mafalda en los 70- hoy es insostenible”.

Vazquez Brust -a cargo del curso de posgrado de Big Data e Inteligencia Territorial en Flacso- entiende que por otra parte, la gestión del gobierno debe tomar esta oportunidad para continuar disuadiendo el uso del auto: “Ha habido gestos, en este sentido, y creo que con buenos resultados. Las postales que resultan de los espacios ganados a las calles en barrios como San Telmo, son bucólicas. Se desvió el paso de los colectivos y ganaron los peatones. Esta bueno también permitirnos vivir la Ciudad de esta manera”, evaluó.

El problema de fondo sigue siendo descentralizar. En el ámbito de la Ciudad hubo un proceso que arrancó con la creación de las comunas. Y que continúo con algunas mudanzas importantes, y otras más pequeñas. Entre las primeras, la Jefatura de Gobierno que se mudó de la zona de Plaza de Mayo a Parque Patricios (con alrededor de 1.100 trabajadores y trabajadoras); los ministerios de Ambiente, Desarrollo Urbano y Modernización, del Area Central al Palacio Lezama, en La Boca (con 3.000 puestos laborales); y los ministerios de Desarrollo Humano y de Educación, que se mudaron a las villas 15 y 31, respectivamente. Ambos emplean casi 2.000 personas. Desde la Jefatura de ministros informaron a Clarín que las mudanzas continuarán.

Desde la ONG “Instituto de la Ciudad en Movimiento” entienden que la Ciudad avanza hacia la descentralización con estrategias contradictorias: “El desarrollo de un barrio no sólo se resuelve con mudanzas, se necesita una visión metropolitana, porque una ciudad policéntrica depende también de una red de transporte público eficiente. Por otro lado, las contradicciones parten de situaciones como lo que ocurre ahora mismo en con los terrenos del ex Tiro Federal, en donde la Ciudad promueve infraestructura en el norte, un lugar que no lo necesita, a diferencia de lo que ocurre en el sur”, expresaron.

A lo largo de la historia, hubo algunos intentos por descentralizar la concentración de edificios públicos nacionales en la Ciudad. Uno de ellos fue el del presidente Raúl Alfonsín. Su idea era trasladar la Capital Federal a Viedma, Río Negro. La iniciativa tuvo hasta una ley, la 23.512, que creó el Ente para la Construcción de la Nueva Capital Empresa del Estado (ENTECAP). Pero fue rechazada por sectores políticos y económicos. Después, en su presidencia, Carlos Menem derogó la ley.

Previo a la pandemia, Alberto Fernández, había alcanzado a enviar al Congreso un proyecto de ley para declarar durante los próximos cuatro años “capitales alternas” a 24 ciudades con el objetivo de “profundizar la implementación de políticas de descentralización y federalización, acercar la gestión y los asuntos de gobierno a todo el territorio nacional”.

El coronavirus vino, al menos, a promover un debate sobre las ciudades, la movilidad y la descentralización. Quizá en la búsqueda de tener un vida más confortable, más segura, más caminable, menos contaminante, menos estresante. Cuando la Organización de Naciones Unidas asegura que para 2050 el 68% de la población vivirá en ciudades, el desafío se agiganta. 

SC

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