¿Donald Trump cumplió con sus promesas de campaña? Un repaso a cinco propuestas de 2016



Hace cuatro años, Donald Trump ganó la presidencia luego de hacer una serie de promesas concretas a sus seguidores.

“Revocaré y remplazaré esa gran mentira, el Obamacare”, dijo durante su discurso de lanzamiento. “Construiré un gran muro y nadie construye muros mejor que yo”.

A diferencia de su campaña de 2020, fundamentada en vagas promesas de seguir “ganando, ganando, ganando”, la carrera electoral de Trump hace cuatro años se basó en promesas de recortes de impuestos y el nombramiento de jueces con tendencias conservadoras.

El presidente Donald Trump y el avance de sus 100 promesas de campaña de 2016. Foto: AP

¿Ha cumplido las promesas que le ayudaron a ganar la presidencia? ¿A sus seguidores les importa eso? Una encuesta reciente de la Universidad de Nueva York reveló que quienes votaron por Trump en 2016 piensan que rompió menos de una promesa de cada cinco. Los que votaron por Hillary Clinton dijeron que rompió más de cuatro de cada cinco compromisos.

En realidad, Trump ha roto aproximadamente la mitad de sus cien promesas de campaña, según PolitiFact. El sitio web de verificación de datos no mide la intención, solo los resultados verificables (en promedio, los presidentes rompen alrededor de un tercio de sus promesas).

Los partidarios de Trump que hablaron con The New York Times dijeron, de manera abrumadora, que estaban satisfechos con la forma en que había cumplido sus compromisos. A continuación, mostramos cómo le fue con algunas de sus promesas emblemáticas.

Construir un muro y que México lo pague

Erigir una barrera física a lo largo de la frontera suroeste fue el grito de batalla que definió la campaña de Trump en 2016. “Construir el muro” se convirtió en un cántico durante sus eventos —prometió construir 1600 kilómetros de muro fronterizo— y traspasarle el costo a México era visto como una puntada de ingenio.

En los últimos cuatro años, el gobierno de Trump ha construido casi 600 kilómetros de barreras fronterizas, hasta el 16 de octubre, y está a punto de alcanzar los 640 kilómetros la próxima semana. Sin embargo, todas las nuevas barreras, excepto alrededor de 25 kilómetros, remplazan o refuerzan las estructuras ya existentes.

Donald Trump en la frontera con México, en Arizona. Foto: AFP

Eso no ha impedido que, durante la campaña, Trump promocione el muro como una misión cumplida ante sus simpatizantes. “Y, por cierto, México está pagando”, dijo Trump en un acto celebrado en Sanford, Florida, este mes. “Odian decirlo: pero México lo está pagando”.

De hecho, México no lo está pagando.

Las barreras que hasta ahora se han construido a lo largo de la frontera han sido pagadas por los contribuyentes estadounidenses.

El hecho de que Trump saque a relucir el muro como parte de su perorata de campaña sobre sus “Promesas hechas, promesas cumplidas”, no parece molestar a sus seguidores más leales, quienes lo ven como algo parecido al lema del equipo deportivo que aman.

“Veo la ‘construcción del muro’ como algo simbólico”, dijo Amad Zarak, un estudiante de 20 años, en Gainesville, Florida. “Es una manifestación física de la política de restricción de la inmigración”. Sobre todo, “está tratando de cumplir sus promesas”.

Alan Sanchez, de 57 años, un contratista de defensa de Maricopa, Arizona, admitió que el presidente no logró sus objetivos. Pero, según él, hizo lo que pudo.

“Pudo haberlo hecho mejor”, dijo Sanchez. “Habría necesitado el apoyo del Congreso. Hizo lo que pudo. Estoy contento con lo que hizo porque tuvo que luchar con uñas y dientes y llegar hasta la Corte Suprema para construir un par de kilómetros”.

El Departamento de Seguridad Nacional dijo que las nuevas barreras han reducido la cantidad de personal necesario para cubrir ciertos sectores y la inmigración no autorizada.

En el primer año de Trump en el cargo, los cruces fronterizos ilegales disminuyeron hasta el punto más bajo desde la década de 1970 pero, durante el año fiscal 2019, aumentaron al punto más alto en una década, y luego volvieron a disminuir debido a la pandemia de este año.

Nombramiento de jueces conservadores

Tres jueces de la Corte Suprema y el 25 por ciento del poder judicial federal actual está compuesto por personas designadas por Trump, según datos de Russell Wheeler, un experto judicial del Instituto Brookings, por lo que el presidente ha tenido más éxito con esta promesa de campaña que quizás con cualquier otra.

Su campaña se jacta de invertir el equilibrio de tres tribunales de apelaciones federales y haber desplazado hacia la derecha a nueve tribunales de apelaciones. Su nominación de la jueza Amy Coney Barrett en las semanas previas a las elecciones podría alterar el derecho al aborto, la ley de inmigración y el poder regulador del gobierno.

Donald Trump con Amy Coney Barrett, la jueza de la Corte Suprema que nominó tras la muerte de Ruth Bader Ginsberg. Foto: REUTERS

Confirmar a un juez de la Corte Suprema tan cerca de una elección no tenía precedentes, y los demócratas lo califican como una toma de poder ilegítima por parte de los republicanos.

Trump ha defendido su derecho a hacerlo, argumentando que las elecciones tienen consecuencias.

“Estoy de acuerdo con las designaciones en la Corte Suprema”, dijo Cynthia Deal, de 63 años, maestra de Bloomington, Minnesota. Deal, una católica que dijo que su sacerdote influyó en su voto, dijo que le parecía que el apresurado proceso de confirmación de la jueza Barrett era “totalmente hipócrita”.

Eso no fue suficiente para disuadirla de apoyar al mandatario. “El presidente Trump no es necesariamente un gran modelo a seguir, tiene defectos, pero apoya nuestros valores provida”, dijo.

Derogar y remplazar la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio

La campaña emprendida por el Partido Republicano para derogar y remplazar la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio llegó a un punto crítico, sin éxito y de manera dramática, durante el primer año de la presidencia de Trump, cuando John McCain, el senador republicano por Arizona, emitió el voto decisivo en contra de esa iniciativa.

El hecho de que los demócratas recuperaran la mayoría en la Cámara de Representantes, después de las elecciones de mitad de término en 2018, casi condenó cualquier intento legislativo posterior de derogar toda la ley.

Trump no ha olvidado el papel de McCain y, a veces, recrea ante las multitudes el voto en contra del nominado republicano de 2008.

El presidente y su partido todavía lo intentan. Los legisladores republicanos eliminaron el mandato individual de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio como parte de los recortes de impuestos de 2017, y el gobierno de Trump le está solicitando a la Corte Suprema que toda la ley de atención médica debería ser invalidada.

Los partidarios de Trump no lo culpan por no desmantelar el logro emblemático del expresidente Barack Obama.

“Creo que va a tener problemas porque eso todavía tiene que pasar por el Congreso. Estoy un poco decepcionado de que no haya sucedido todavía, no sé si es su culpa o no”, dijo Mike Vorwaller, un gerente de proyectos de 42 años de una empresa de ingeniería en St. Johns, Florida. “Me gusta que haya eliminado el mandato individual”.

Sanchez, el contratista de la defensa y un veterano que vive en Arizona, dijo que había hablado con McCain varias veces a lo largo de los años y que se había sentido “muy frustrado” con el senador, que murió en 2018.

“Ojalá hubiera podido hablar con él una última vez”, dijo Sanchez. “No sé si votó en contra del proyecto de derogación porque odiaba al presidente Trump o porque creía que estaba haciendo lo correcto”.

“El Obamacare es una ley de este país”, reconoció Sanchez y dijo que Trump hizo lo que pudo.

Reducción de impuestos

Los recortes de impuestos de 2017 son uno de los mayores logros legislativos del primer mandato de Trump y son celebrados por sus partidarios.

“Los negocios están prosperando. Regresaremos aún más fuertes después de la COVID”, dijo Justin Davies, de 36 años y propietario de una pequeña empresa en Rutherfordton, Carolina del Norte. “Los recortes de Trump nos han ahorrado entre 20.000 y 30.000 dólares al año en impuestos”.

Sin embargo, algunos críticos han señalado que el recorte fiscal que Trump promulgó como ley fue mucho menor de lo que prometió como candidato. El Tax Policy Center, dirigido por el Instituto Brookings, estimó que solo fue una cuarta parte del plan con el que Trump hizo campaña hace cuatro años.

Trump dijo que recortaría la tasa impositiva máxima sobre los ingresos corporativos del 35 al 15 por ciento, por ejemplo. Pero su ley final solo la redujo hasta el 21 por ciento.

Sin embargo, esos matices no se mencionan en sus mítines, donde Trump les ha estado diciendo (falsamente) a sus partidarios que logró aprobar el “mayor recorte de impuestos de la historia”.

Aunque la mayoría de los estadounidenses obtuvieron una reducción de impuestos, las personas con altos ingresos recibieron el 60 por ciento del ahorro total de impuestos.

Eso no concuerda del todo con la promesa hecha en el “contrato con el votante estadounidense” de Trump, donde decía que “las mayores reducciones de impuestos serán para la clase media”, y es algo que muchos de sus partidarios no pasan por alto.

“No estoy contento con el hecho de que redujo los impuestos para los estratos de ingresos más altos. No creo que quisiera hacerlo, pero el Senado republicano lo obligó a hacerlo”, dijo Gabriel Steinberg, de 25 años, estudiante de medicina en Manhattan. “Pero él la firmó, es su ley”.

A pesar de esto, Steinberg dijo que los esfuerzos del mandatario eran lo que importaba. “Pienso en el compromiso que ha mantenido con sus promesas de campaña, pese a algunas excepciones notables. ¿Ha logrado todo lo que se propuso? No, pero su compromiso es importante”.

Renegociar los acuerdos comerciales

Durante la campaña de 2016, Trump rompió con la ortodoxia bipartidista y cuestionó el apoyo de décadas de Washington hacia los acuerdos de libre comercio. Prometió renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o retirarse de él por completo, además de sacar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y aumentar los aranceles.

Él ha cumplido esas promesas. Se retiró del acuerdo transpacífico en sus primeros días en el cargo. Libró una guerra comercial con China e impuso aranceles a numerosas importaciones, provocando que los consumidores estadounidenses soportaran la mayoría del peso financiero de esa decisión.

Firmó el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, que incluyó cambios significativos pero también una serie de simples actualizaciones del TLCAN, que ya tenía 25 años.

Aunque algunos expertos se muestran escépticos de que las políticas comerciales de Trump hayan sido beneficiosas desde el punto de vista económico —la Tax Foundation estima que los aranceles han generado ingresos, pero han reducido los salarios, el producto interno bruto y el crecimiento del empleo— sus partidarios están encantados.

Davies dijo que había perdido su trabajo como ingeniero debido al TLCAN, cuando los ejecutivos de su antigua empresa informaron a los empleados que la operación se mudaría a México. En contraste, dijo, las políticas comerciales de Trump han reactivado la zona.

“Si quieres venir a nuestra pequeña ciudad, te puedo mostrar nuestros carteles de contratación por todo el condado. Nos estamos recuperando muy rápido”, dijo. “Hay trabajos por todas partes, especialmente antes de la COVID. En mi pequeña ciudad de 20.000 habitantes, hubo 1500 aperturas de operaciones de fabricación. La Cámara de Comercio me dijo eso”.

Esa experiencia no ha sido universal. En todo el país, el sector manufacturero aumentó en unos 500.000 empleos hasta marzo. Pero, devastado por la pandemia de coronavirus, en septiembre había 190.000 empleos menos en el sector que cuando Trump asumió el cargo.

Rick Roeder, de 72 años, de Raleigh, Carolina del Norte, dijo que no se había beneficiado directamente de las políticas comerciales de Trump pero estaba “emocionado por la renovación del TLCAN y también le emocionaba haber enfrentado a China y algunos de nuestros socios comerciales europeos”.

Roeder está jubilado y enfatizó que, a nivel personal, Trump le parecía desagradable.

“Pero, aparte de eso, puedo decir que voté de manera temprana y voté por él”, dijo Roeder. “Ha hecho las cosas que yo quería que hiciera”.

Linda Qiu es una reportera de verificación de datos radicada en Washington. Llegó al Times en 2017 después de trabajar en PolitiFact, un servicio de verificación de datos. @ylindaqiu

Annie Karni es corresponsal de la Casa Blanca. Anteriormente cubrió la Casa Blanca y la campaña presidencial de 2016 de Hillary Clinton para Politico, y cubrió noticias y política locales en la ciudad de Nueva York para el New York Post y el New York Daily News. @AnnieKarni

© 2020 The New York Times​

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