Dólar hoy: las cinco claves de este nuevo mercado anestesiado



El dólar blue​ había llegado a valer el doble que el oficial. La gente se avalanzó al homebanking para comprar los US$ 200 mensuales y hacer “puré” (venderlo en el mercado informal). Pero en medio de una avalancha de medidas oficiales que parecían apenas acompañar el derrotero de la brecha, llegó la calma. Al menos por ahora.

Después de tocar $ 140, el dólar blue se estabilizó en la zona de los $ 125, sin sobresaltos. La brecha, entonces en 100%, hoy quedó abajo de 80%. El contado con liquidación (que se opera en Bolsa y permite girar los dólares al exterior) cotiza a $ 110, cuando había alcanzado $ 126, con una brecha que quebró el récord del cepo anterior (85 %). Pero hoy esa distancia se achicó a menos de 60%.

Claro que este mercado anestesiado no quita que los dólares alternativos (al que hay que sumar al dólar Bolsa, hoy en $ 105), trepan alrededor de 45 % en el año.

El dólar mayorista, que se opera en el segmento de los grandes jugadores donde interviene el Banco Central, está a $ 69,6, con un tranquilo avance del 1,6 % en el mes y 16,2 % en el año. Aunque las proyecciones hablan de un promedio de $ 88,6  para fin de año, según el informe de FocusEconomics recién salido del horno. 

​El martes, justamente, marcó su mayor recorrido desde marzo (subió 23 centavos) pero la opinión prevaleciente es justificar la corrección por los cuatro días sin operaciones antes que un cambio en la estrategia del Banco Central.

¿A qué se debe esta calma?

1. Afloja la devaluación del real 

Aunque no somos muy afectos a mirar lo que pasa en el vecindario, lo cierto es que en este último tiempo hubo una reversión de la estampida de capitales de los países emergentes que venía acompañando a la pandemia.

Así, con más “apetito de riesgo”, como dicen los analistas, y la hiperliquidez que reina en los mercados (sólo la Reserva Federal inyectó US$ 3 billones), las monedas empezaron a recuperar terreno.   

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Y el caso de Brasil, por supuesto, es vital. La acelerada desvalorización de la moneda, que valía 4 unidades por dólar a comienzos de 2020 y se derrumbó a casi 6 a mediados de mayo, fue también un componente muy importante de la presión cambiaria que se intensificó en la Argentina y que “se incorporó” en la brecha, esto es, en los dólares libres.  

Ahora, que el real se fortaleció (llegó a perforar 4,90 por dólar, hoy 5,2 ), ayudó a moderar las expectativas de devaluación locales. El Banco Central puede seguir por el momento con su deslizamiento sin apuro del oficial e incluso mejorar el colchón de competitividad gracias a esa apreciación en Brasil.

2. Más cepo para el acceso al dólar oficial

La inquietud ya había derivado en nerviosismo y el nerviosismo en dolarización. Con superávit comercial, en un período en el que estacionalmente la entidad monetaria compra las divisas del agro, no hacía más que perder reservas por sus intervenciones para frenar al dólar. Entre el 15 de abril y el 28 de mayo, vendió US$ 1.760 millones.

No habían faltado intentos hasta entonces (se apilaron las trabas y limitaciones), pero el vuelco se produjo con la restricción del acceso a los dólares oficiales para importadores.

A partir del viernes 29, el Central comenzó a comprar reservas nuevamente. Desde entonces, las compras ya se acercan a US$ 1.000 millones (lo que permitió hasta flexibilizar en parte las medidas impuestas).

La sangría de las arcas venía provocando un brusco derrumbe de las reservas netas (esto es, los dólares efectivamente disponibles para que el organismo pueda intervenir en el mercado para defender el tipo de cambio). A fines de mayo eran de US$ 7.700 millones sobre un total de unos US$ 43.000 millones

Claro que la compra de dólares tiene su efecto colateral: supone una emisión de pesos que bien puede darle combustible al dólar blue.

3. Dólares en Bolsa, con “estacionamiento”

Aunque en un principio reservados a quienes están acostumbrados a operar en la Bolsa, los llamados “dólares alternativos” venían ganando popularidad entre los que, por supuesto tenían un excedente, y no se resignaban al cupo de U$S 200 mensuales por persona a precio solidario.

Es que mediante la compra-venta de bonos o acciones es posible dolarizarse, a un precio más caro es verdad, pero sin topes y en forma legal. 

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Pero esta vía de dolarización no escapó del zarpazo oficial (aún cuando no afecta a las reservas). La brecha se ampliaba y acorralaba cada vez más a un Gobierno que no tenía intención de acelerar el paso en el mercado oficial.

Así, se tomaron medidas como extender a las personas físicas la restricción del acceso al “dólar solidario” para quienes hayan realizado la operatoria en Bolsa durante los 90 días (anteriores y posteriores). Y aplicar el llamado “parking” también a la compra de dólares por este canal.

El parking, que ya regía para la venta para individuos, se extendió a la compra para empresas y personas físicas, obligándolos a un “estacionamiento” o espera de 5 días hábiles antes de poder vender los títulos contra dólares y hacerse de divisas.

Ese lapso supone un riesgo en la medida en que la volatilidad de los títulos hace imposible prever cuál será la cotización a la que se podrá acceder al final del circuito. 

4. Menos maquinita, Leliq para todos 

Ya mucho se ha dicho que el Banco Central se vio obligado a emitir grandes cantidades de dinero a raíz de la pandemia, un financiamiento monetario del déficit fiscal que ayuda al Tesoro en momentos de ingresos escuálidos y gastos gigantescos. 

De hecho, la entidad ya giró más de un billón de pesos a asistir al Tesoro Nacional en lo que va de 2020. Para tener una idea, le giró al Tesoro el equivalente al 86 % de lo recaudado el mes pasado.

Por ahora, en el contexto del descalabro económico generado por el coronavirus, ese nivel de emisión no causó mayores estragos pero es cuestión de tiempo para que, con el tibio inicio de un rebote, se vaya a dólar y a precios, sobre todo si no hay un giro de expectativas. 

En junio, el cambio está a la vista con un Central que está contrayendo o retirando pesos vía Leliq. Esto quiere decir que coloca a los bancos (únicos tenedores) más Leliq de las que vencen para “secar la plaza”. Hasta el último dato oficial de junio, ya sacó de circulación por esta vía unos $ 325.000 millones.

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Para poner el dato en perspectiva, es el segundo mes que lo hace: en todo mayo contrajo vía Leliq por unos $ 146.000 millones. En marzo, en cambio, había expandido por este canal más de $ 300.000 millones para estimular a los bancos a que presten a tasa subsidiada, 

Ahora, más allá de esta nueva prudencia monetaria, la entidad necesita colocar más Leliq porque le prometió a los bancos poder usarlas como encajes y aumentar su tenencia como incentivos para robustecer los magros rendimientos en pesos que venían ofreciendo y que, incluso cepo mediante, tentaban a pocos.

Así, la tasa que se había derrumbado abajo del 20% se llevó a un piso garantizado del 26,6 % primero y del 30 % después. La intención, casi heroica: pelearle al dólar. 

5. Dedos cruzados por la deuda

Es el telón de fondo y la carta final. La recuperación post-pandemia es una incógnita tras un derrumbe esperado del 10 % en la economía, y la negociación sobre la deuda sólo le añade pesadumbre a una situación desesperante. 

Hoy el mercado parece descontar un arreglo. Y esa expectativa, fundada o no, viene sosteniendo no sólo los precios de los bonos sino también los reflejos de una dolarización preventiva mucho más recia.

Los optimistas razonan que, arreglo mediante, el Gobierno podrá enfocarse en “administrar” la cuarentena y poco a poco incluso desactivar un cepo que entorpece al aparato productivo y amenaza la recuperación.

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