Doc Rivers: el conmovedor alegato de un entrenador que sufrió el racismo en carne propia



La victoria 154-111 de Los Ángeles Clippers sobre Dallas Mavericks, que permitió al equipo californiano adelantarse 3-2 en la serie de la primera ronda de los playoffs de la NBA el martes a la noche, quedó parcialmente opacada por la emotiva conferencia de prensa que protagonizó tras el encuentro Doc Rivers, entrenador del conjunto ganador, en la que destinó poco tiempo a hablar de básquet y bastante más sobre racismo.

El motivo fue un nuevo hecho de violencia policial en Estados Unidos: el ataque a balazos de un policía contra Jacob Blake, un hombre negro que recibió siete disparos por la espalda mientras intentaba subir a su auto, ante la mirada de sus tres hijos, en Kenosha, una ciudad de 100.000 habitantes de Wisconsin.

“Todo lo que escuchas es a Donald Trump y todos ellos (los dirigentes del Partido Republicano) hablando sobre el miedo. Somos nosotros los que estamos siendo asesinados. A nosotros nos disparan y a nosotros se nos niega la posibilidad de vivir en determinadas comunidades. Nos han colgado. Nos han disparado. Y todo lo que haces es seguir escuchando sobre el miedo. Es asombroso”, sostuvo Rivers, con la voz entrecortada por la emoción.

“¿Por qué seguimos amando a este país y este país no nos ama a nosotros?”, se preguntó el entrenador, quien para exponer ante la prensa se quitó su barbijo negro, que en el centro llevaba impresa la palabra “Votá”. “Yo debería ser solo un entrenador, pero a menudo recuerdo mi color. Es realmente triste. Tenemos que hacerlo mejor”, añadió.

Rivers, cuyo padre se desempeñó durante 30 años como oficial de policía en Maywood (Illinois), consideró que era sumamente necesario un cambio en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad y pidió la eliminación de los sindicatos de policías. “No estamos tratando de quitarles los fondos. Estamos tratando de que nos protejan, al igual que protegen a todos los demás”, explicó.

El conductor de los Clippers también comparó la forma en que las fuerzas de seguridad responden frente a manifestaciones de personas negras y blancas. “Cuando protestamos, envían guardias con trajes antidisturbios. Pero cuando van a Michigan con armas y escupen a la Policía y no pasa nada”, dijo, haciendo referencia a los manifestantes armados que salieron a las calles para protestar contra la decisión de la gobernadora de ese estado, Gretchen Whitmer, de restringir la circulación en mayo debido a la pandemia de coronavirus.

Las expresiones de Rivers son las de un hombre que conoce en primera persona el racismo y que sufrió distintos hechos de discriminación a lo largo de sus 58 años de vida. Creció en Maywood, en las afueras de Chicago, y durante su adolescencia se destacó jugando al básquet en la Proviso East High School, lo que le valió una beca para estudiar en la Universidad de Marquette.

Allí conoció en 1980 a Kristen Campion, una estudiante blanca con la que terminaría casándose en 1986 y teniendo cuatro hijos. La relación entre ambos generó no solo comentarios negativos, sino que algunos anónimos pasaron a la acción: manos anónimas cortaron los neumáticos del auto de Kristen y escribieron insultos racistas en la vereda de la casa de sus padres, en las afueras de Milwaukee.

“Todo el asunto conmigo y con Kris afectó mi juego. Tuve un año terrible. No estaba concentrado en los partidos. Por eso me fui. Ningún evento en mi vida me enseñó más sobre la vida y las personas, sobre juzgar a las personas y cómo te juzgan, que mis años en Marquette”, aseguró en 2014 Rivers, quien abandonó la universidad después de su tercer año de carrera para saltar a la NBA.

Doc Rivers en el campus de la Universidad de Marquette.

Tuvo una destacada carrera en la liga más importante del planeta durante 13 años, en los que representó a Atlanta Hawks, Los Ángeles Clippers, New York Knicks y San Antonio Spurs. Mientras jugaba en los Knicks, escribió el libro (“Los que aman el juego”) en el que cuestionó la forma en que los medios de comunicación analizaban el desempeño de los jugadores blancos y los negros en base a estereotipos racistas y evidenció la escasez de ejecutivos negros en los puestos directivos de las franquicias.

Ya retirado, fue víctima de un incidente nunca aclarado al que el exjugador luego vinculó con el racismo: la casa familiar en Shavano Park, un exclusiva zona residencial cercana a San Antonio, se incendió cuando Rivers estaba participando de un torneo de golf en Seattle y Kristen estaba visitando a su familia en Wisconsin junto a sus cuatro hijos. En el incendio murió Ginger, el perro que su entonces novia le había regalado justo antes de su debut en la NBA.

Si bien la Policía consideró que el fuego había sido provocado, descartó que el ataque tuviera vínculos con el racismo. Rivers siempre conservó sus dudas. “Esto lo hicieron en mi casa. Y yo soy negro. Siempre tengo que pensar que eso fue parte de esto”, explicó. Un detalle: según el censo de 2010, el 91,2 por ciento de la población de Shavano Park era blanca y solo el 1,12 era negra.

Doc Rivers se sumó a los reclamos contra el racismo y la violencia policial que se hicieron frecuentes en la NBA.

Ya como entrenador, le tocó convivir en Los Ángeles Clippers con el abogado y empresario Donald Sterling, propietario de la franquicia desde 1981. En abril de 2014, cuando Rivers estaba terminando su primera temporada como conductor del equipo californiano, la divulgación de audios de fuerte corte racista obligaron a Sterling a ceder la propiedad de los Clippers.

Los audios de Sterling estaban dirigidos a su amante, María Vanessa Pérez (conocida como V. Stiviano), quien había publicado en su cuenta de Instagram una foto junto al exbasquetbolista Magic Johnson. “Me molesta mucho que quieras transmitir que te estás asociando con negros. Podés acostarte con ellos, podés hacer lo que quieras. Lo poco que te pido es que no los traigas a mis partidos”, decía el empresario en una de las grabaciones.

Cinco días después de conocidos los audios, el comisionado de la NBA, Adam Silver, anunció que Sterling había sido expulsado de la liga de por vida y multado con 2,5 millones de dólares. Además se le prohibió ingresar a cualquier instalación de los Clippers, asistir a cualquier partido de la NBA y fue forzado a desprenderse de su porción del paquete accionario de la franquicia.

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FK

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