Desopilante actuación de Eduardo Feinmann dedicada al Poder Judicial



Eduardo Feinmann está absolutamente convencido de la necesidad de que el Poder Judicial vuelva a trabajar normalmente durante la cuarentena decretada en la República Argentina para impedir la propagación del coronavirus ​en tiempos de pandemia. Lo dijo una y otra vez. Pero como el aislamiento social preventivo y obligatorio se prolonga y los juzgados siguen sin atender al público, hoy, viernes, el periodista de A24 apeló a sus dotes más histriónicas para ver si de ese modo logra que su reclamo sea escuchado.

La actuación de Feinmann componiendo a una persona que va a presentar una demanda y, después, al empleado de la mesa de entrada que la recibe fue tan vívida que hizo tentar a los columnistas que lo acompañan en el segmento informativo que conduce en la señal de noticias de América.

Con gesto de enojo, en referencia al Poder Judicial, Feinmann empezó diciendo: “Tienen una cuenta bancaria así de de grande. ¡Saquen unos manguitos de ahí y compren alcohol en gel!”. Ya indignado, pidió a los colaboradores que trabajan detrás de cámara: “¿Puede alguien ir a buscar lo que está ahí, en la puerta del canal, el acrílico que separa la atención al público? Sí, ese acrílico que está en mesa de entrada”. 

Mientras le alcanzaban el acrílico, el conductor advirtió: “Lo que les voy a mostrar ahora cuesta 7000 mangos”. Dicho eso, Feinmann miró fijo a cámara y le habló al presidente de la Corte Suprema de Justicia: “¡Siete mil mangos, Rosenkrantz! Doctor, le van a hacer precio, quédese tranquilo. Pero usted, desde la Corte, tiene que bajar la orden de que en todos los juzgados empiecen a laburar”.

En referencia a la cuarentena, Feinmann siguió planteando su queja: “¡No podemos estar 100 días… Porque vamos para 101 días, y después va a seguir la cosa…”. Molesto, se puso a sacar cuentas: “Marzo, abril, mayo… Estamos en junio… Y después vamos a entrar en julio. ¡Cinco meses! Pero, ojo, que después vamos a a ir a agosto porque la cuarentena, hasta ahora, es más eterna que nunca”.

Ya con el acrílico sobre el escritorio, Feinmann volvió a recordar que cuesta “siete lucas” y que, según él, es necesario instalar ese tipo de separadores en la mesa de entrada de los juzgados y retomar la actividad. Llegado ese punto, el conductor sacó a relucir su histrionismo y representó la escena de la atención al público acrílico de por medio.

“Hola, ¿cómo le va? Vengo a traer la demanda. ¿Me la firma?”, dijo Feinmann, e hizo los gestos pertinentes. Al verlo actuar, sus columnistas estallaron en carcajadas. Pero él siguió con su diatriba: “¿Tan difícil es? ¡En serio! Mire, es acrílico: el virus no pasa. Rosenkrantz, lo invito a que venga acá y charlamos. ¿Ve que no hay problema? Y si quiere, me pongo barbijo. Y el empleado también se pone barbijo. ¿Cuál es el drama?”.

“Y además- siguió, molesto Feinmann-, al empleado le damos alcohol en gel”. “Yo hago de empleado ahora”, se entusiasmó Eduardo con su propia actuación y asumió un segundo rol. “¿Hola, qué tal, cómo le va señor? ¿Todo bien? ¿Viene a hacer la demanda? Con todo gusto…”. Un reclamo al estilo Feinmann: además de decirlo, lo interpreta. 

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