Desde París, tango contra los puristas



Alimentation Générale es un disco de seis temas, el segundo de TAXXI Tango XXI, la banda de Pablo Gignoli, ex Fernández Fierro. Radicado en París desde 2012, el joven músico que tocó con Gotan Project y formó el grupo Derrotas Cadenas, lanza en las plataformas un álbum tan breve como radical, tan cosmopolita como variopinto, con partes instrumentales y otras de canción moderna, urbana.

Bandoneonista, compositor y director –nacido en Córdoba, en 1978–, Gignoli trabajó recientemente en Francia con la banda de Benjamin Biolay. Alimentation Générale no es un material ajeno a la falta de conciencia en la alimentación, la salud y el medio ambiente. En su unidad suena musicalmente ecléctico pero en sus letras elabora una proclama contra la enajenación mundial.

El disco empieza con el tema “Comida lenta” bajo una rítmica obsesiva que evoca a la yumba pugliesana, ese marcatto con arrastre que continúa en la huella rabiosa de “Big Mec”, dando paso a elementos del cuarteto cordobés y una milonga contemporánea que desemboca en aires reguetoneros al estilo Calle 13. En un mismo tema pueden convivir –y de forma convincente– diversos estilos.

Con letras del chubutense Sebastián Rossi –que, además, es el cantante–, la orquesta franco-argentina que dirige Giagnoli está compuesta por violines, viola, violoncello, contrabajo, piano, batería, guitarra y bandoneón. “Una delicia” es una suerte de adagio piazzolliano con una estela romántica, de los pocos momentos donde Giagnoli expande un toque íntimo con su bandoneón, en un pasaje bellísimo.

Pero nada se impone como forma fija y el bandoneonista argentino reparte el protagonismo en el sonido colectivo más que en los solos. Luego acontece “Damas 20h”, cantada en francés y español, un montaje con sirenas y sonidos de metralletas a modo de prólogo, como el apocalíptico The Wall de Pink Floyd, cuyo mensaje político es reconocido como telón de fondo conceptual. Atmósfera que, en su tono de plegaria urbana, arremete con la fuerza de una melodía notablemente rockera.

Aunque quizás sea “Los Sabios” la pieza más deliberadamente política –y el tema más tanguero del disco–, en la que a través de un personaje de mozo de restaurante se canta: Considérelo/ Cuando tira comida/ Crea basura y trae enfermedad/ Que es alimento de cadenas consumistas/ Que producen porquerías en exceso/ Para juntos controlar/ El hambre del mundo/ Gastamos más dinero en dietas y gimnasios/ Que en aprender a alimentarnos y a vivir correctamente/ Con lo que nos da la tierra para juntos enfrentar/ El hambre en el mundo/.

Giagnoli define el disco como tango parisino urbano. “Me sigo encontrando con gente que dice ´Piazzolla ya la hizo´. Da risa, parecen más papistas que el Papa. Antes no lo querían a Piazzolla y ahora se lo cita como un clásico”, dice el músico formado en bandoneón con Néstor Marconi, en guitarra con Walter Malosetti y en composición con Gabriel Senanes. Y amplía: “No hay una cultura tanguera propiamente dicha en París, es algo ya viejo. Es una ciudad de inmigrantes, con mucha acción y violencia. Lo mío pertenece más a ese quilombo y no al tango de Buenos Aires”.

Parte del movimiento que surgió en el 2000, conocido como “Tango Electrónico”, la música de Gignoli se inscribe en la mezcla de géneros y el cruce rítmico, llevando la composición hacia terrenos versátiles. Y allí está “Emergencias”, último tema del disco, que con la impronta vertiginosa de la Orquesta Fernández Fierro, se escucha como un tango siglo XXI, mal que le pese a los puristas.

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