“Déjenme terminar mi vida activo y en paz”



Desde la tranquilidad de haber mantenido un absoluto aislamiento por toda la cuarentena, y aún más, es que puedo decir hoy que estoy triste y desalentado.

No pertenezco al colectivo de gente que está en situación de calle, ni soy changuista que no puede generar ingresos para comer. No. Soy profesional independiente, jubilado y estoy bastante atrás en la cola de los que pasan necesidades apremiantes hoy. Pero tengo tal vez el mayor de los estigmas: soy “adulto mayor”.

“Los que nos conducen decidieron que no tenemos voz”, reflexiona el lector. (Foto: AP Photo/Natacha Pisarenko)

Hace años que mi casta soporta los embates de un sector inescrupuloso de centennials, millenials y otros “enials” que, teniendo asegurado en fortunas el dedo pulgar con el que manejan el omnipotente celular, desprecian y miran de arriba la experiencia y la poca o mucha sabiduría del mayor. Conocimiento que en países inteligentes se venera.

Aceptemos que así es la cosa. Pero ahora, con la pandemia, asisto a una vuelta más de tuerca. Quizás es la que termina de apretar.

Hoy, cada día, cada etapa, cada protocolo termina con tres caras pseudo compungidas que nos dicen: “Cuidemos a los adultos mayores”. Y los adultos mayores seguimos tan estáticos e inmóviles como desde marzo. Es casi como recomendarle al mundo “que no se les caiga el jarrón, pero déjenlo adonde esta”.

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No sé cuándo fue que los genios que nos conducen decidieron que no tenemos voz. O que la causa de la ruina económica del mundo no es la obscena corrupción sino que nosotros vivimos demasiado y es carísimo mantenernos. Determinaron que paguemos años por un servicio médico y que cuando llegamos a esta edad lo aumenten “porque se generan más consumos”.

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¿En qué momento se decidió que tenemos que esperar como cuando éramos chicos la decisión de los mayores? ¿Cuándo fue que ya no pensamos, no contamos, no decidimos, no nos movemos, no podemos ver a nuestros nietos y sólo debemos aportar cada día? Un día de los que no sabemos cuántos quedan.

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¿Simple, no? Sobre todo cuando vemos día a día que los que nos roban todo (y ahora también la vida) son en general adultos mayores para los cuales no existen límites para manejar sus tentáculos y hacernos cada vez la vida más difícil.

Por favor, díganme cuándo fue que me recibi de potus o déjenme terminar mi vida activo y en paz.

Carlos Sala Spinelli

csalaspinelli@gmail.com

OTRAS CARTAS

Voces, reclamos y esperas de jubilados

Colas en los bancos y cajeros. (Foto: Juan Manuel Foglia)

Para hacer menos trámites. Aprendamos con esta pandemia y mejoremos algunas falencias con nuestros mayores. Para esto se puede tener en cuenta la centralización nacional de datos de casos de Covid-19, por la cual sabemos al instante los nuevos casos, los recuperados y fallecidos del país. Usar esta experiencia para modernizar la “supervivencia” o la “fe de vida” bancaria, ante el banco en el cual cobra cada jubilado y pensionado. En estos tiempos este trámite es inhumano. Muchas veces se los ve llegar solos, con muletas, con sus dolencias, en sillas de ruedas. En ocasiones en camillas porque deben permanecer postrados o, en el mejor de los casos, en vehículos a los que empleados bancarios se pueden acercar, sólo para constatar que están vivos y dar la famosa “fe de vida”. Todo esto que se debería haber realizado muchísimo tiempo atrás, se puede implementar tan sólo exigiendo a las empresas de servicios fúnebres la obligación de no realizar ningún sepelio sin informar a organismos como la Anses, IPS, Registro de las Personas, entre otros.  Esto redundaría en beneficios principalmente de los jubilados y pensionados que, con sus impedimentos de salud, no tendrían la tediosa, injusta e innecesaria tarea de renovar en forma permanente la supervivencia o fe de vida. Los más importante para los bancos y el propio Estado es que tendrían actualizada la nómina de beneficiarios y evitarían seguir pagando por gente fallecida con familiares o apoderados inescrupulosos que pretenden seguir cobrando. Todo esto aprovechando una parte de la base de datos actual del Covid19, sin gastos extras descomunales, sólo cotejando datos.

Manuel Orellana

morellana1908@gmail.com

Mirá también Ajuste a jubilados. El ministro de Economía Martín Guzmán ha declarado que los bonistas acreedores del país “piden ajustar a los jubilados”. El Ministro debería explicarles que, a través de la ley de Solidaridad Social con la que debutó el gobierno y por la que se suspendió la Movilidad Jubilatoria, los jubilados ya fueron ajustados.

Hugo Perini

hperini@consejo.org.ar

Mirá también Sobre las pérdidas irreparables. Con el paso del tiempo he aprendido a convivir con las pérdidas irreparables: mis padres, mi hermano, mis suegros, mi cuñada y mi cuñado. Esto en cuanto a vínculos familiares y afectos. Además tuve pérdidas monetarias relacionadas con la historia del país como el Plan Austral, el Primavera o el Corralito, entre otro momentos y planes económicos nacionales. ​Pero estoy seguro de que nunca podré olvidar la pérdida de un otoño completo y, casi seguro, del transcurso del presente invierno, sin haber experimentado la fraternidad de mis amigos, la disciplina del gimnasio y los afectos de mis nietos, cercanos a mi domicilio, pero que no puedo ver ni abrazar. Tengo la esperanza de que la primavera me encuentre jugando al fútbol en cancha grande en mi amado Club de Regatas de Avellaneda.

Néstor Angel Massara

nestormassara@gmail.com

Mirá también Jubilaciones indiscriminadas. Acabo de leer que el economista y exfuncionario Carlos Melconian cuestionó al ministro de Economía Martín Guzmán por su referencia a los jubilados. El gobierno de nuestra actual vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, jubiló indiscriminadamente a millones de personas. No cuestiono todos esos beneficios. Pero hay jubilaciones que son insólitas. ¿Cómo podemos dar una jubilación digna a nuestros jubilados que trabajaron toda su vida en nuestro país?

Guillermo Jorge Malter Terrada

happydoc17@gmail.com

Mirá también El largo camino de la jubilación. Soy licenciado y doctor en Ciencias Biológicas. Trabajé en investigación y docencia durante 18 años en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (UBA) y 13 años, contratado, en la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud – Doctor Carlos G. Malbrán (ANLIS). En enero de 2018 presenté los papeles en Anses con todas las certificaciones laborales correspondientes, tanto burocráticas como las que avalan mi desempeño como profesional. Me corresponde jubilarme como Investigador con el 85% móvil conforme a la Ley 22.929 que establece el régimen previsional para los investigadores científicos y tecnológicos. No cobro haberes desde el 30 de junio de 2018, fecha en la cual cesaron mis tareas en ANLIS Doctor Carlos G. Malbrán por el proceso de Modernización, ya que el contrato fue rescindido en forma unilateral. Lo que fue comunicado en su oportunidad al Anses. Cansado de esperar y al no ver en la computadora movimiento alguno, en marzo de este año presenté en Anses un pronto despacho y se me informó que mi caso, como otros similares, se encuentra paralizado en la oficina de Paraná al 400 para su análisis jurídico, a la espera de una resolución por parte de la Secretaría de Seguridad Social. Escribí a Presidencia de la Nación el 5 marzo de este año solicitando ayuda y se limitaron a contestarme que debía dirigirme al Anses. Cabe destacar que a pesar que el actual gobierno dice apoyar a los investigadores la respuesta sobre la resolución de mi jubilación hasta el momento es el silencio.

Dr. Francisco A. Crespo

paco.crespo@gmail.com

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